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26 agosto 2026

Juan Carlos Ruiz: "Tamariz fue el mago que convirtió los naipes en pura emoción"

El Museo del Naipe de Oropesa del Mar (Castellón) es hoy una de las instituciones más singulares dedicadas a la historia de los naipes. Su colección reúne miles de barajas de cartas procedentes de distintos países, épocas y estilos, y permite recorrer cómo el naipe ha sido, a la vez, objeto de arte, herramienta de juego y soporte de cultura popular. En este contexto, el museo se ha convertido en un punto de referencia para investigadores, coleccionistas y aficionados que buscan comprender la evolución del diseño, la simbología y la fabricación de las barajas.

La reciente muerte de Juan Tamariz (1942-2026), figura decisiva en la magia española, invita a mirar el mundo del naipe desde una perspectiva más amplia: no solo como instrumento técni.co del ilusionismo, sino como pieza histórica con un lenguaje propio. Por ese motivo entrevisto a Juan Carlos Ruiz, gerente del museo y profundo conocedor del naipe como objeto cultural. Su experiencia permite situar la obra de Tamariz dentro de una tradición que va mucho más allá del escenario: la tradición del naipe como vehículo de creatividad, ingenio y memoria.

¿Qué lugar ocupa la magia dentro de la historia del naipe?
La magia ha sido la conductora para que un número muy elevado de personas se adentre en el conocimiento de la historia del naipe.

¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando piensas en Juan Tamariz?
Juan Tamariz cambió el patrón que teníamos de los magos, la mayoría de ellos iban vestidos con smoking y pajarita y la forma de actuar en público era muy educada y con rostro serio. Reformó todas las directrices de la época, vestido con vaqueros, con melena larga, con sombrero y chaleco y cada vez que realizaba un truco, gritaba y ficticiamente tocaba un violín con sus brazos; es decir, era aparentemente un desenfadado, pero era un gran artista haciendo magia.

24 agosto 2026

El monte Olimpo, con una altura aproximada de 22 kilómetros, es la montaña más alta del sistema solar

Cuando pensamos en grandes montañas, el Everest suele ser la primera que nos viene a la mente. Sin embargo, en el sistema solar existe una montaña que hace que el Everest parezca una pequeña colina. Se trata del Monte Olimpo (Olympus Mons), un gigantesco volcán situado en Marte que ostenta el récord de ser la montaña y el volcán más grande conocido.

Con una altura aproximada de 22 kilómetros sobre las llanuras marcianas y una base de unos 600 kilómetros de diámetro, el Monte Olimpo es una de las estructuras geológicas más impresionantes descubiertas por la exploración espacial. Su tamaño es tan extraordinario que ocupa una superficie similar a la distancia entre Madrid y Barcelona en línea recta.

El Monte Olimpo está situado en la región volcánica de Tharsis, cerca del ecuador de Marte. Esta inmensa meseta alberga algunos de los volcanes más grandes del Sistema Solar, como Arsia Mons, Pavonis Mons y Ascraeus Mons, aunque ninguno alcanza las dimensiones del Olimpo.

Desde la órbita, el volcán destaca por su forma casi circular y por los enormes acantilados que rodean gran parte de su base. Sin embargo, un astronauta situado sobre sus laderas apenas tendría la sensación de estar ascendiendo una montaña, ya que sus pendientes son muy suaves.

22 agosto 2026

El costo de la lucidez: entre la soledad intelectual y la soledad moral

“Estoy sólo en medio de estas voces velices y razonables. Todas estas criaturas pasan su tiempo explicando, comprendiendo felizmente que están de acuerdo entre ellas”. Jean-Paul Sartre (La náusea, 2011, p. 24)

Existe una forma silenciosa de extrañamiento que no nace del abandono ni del aislamiento físico, sino de una inadecuación tonal. Aparece a menudo en medio de la abundancia afectiva, en la mesa compartida con seres amados, inteligentes y bienintencionados, cuya generosidad humana resulta innegable. Sin embargo, en el instante preciso en que el espíritu intenta volcar aquello que ha madurado a lo largo de años de contemplación, lecturas o grietas existenciales, la palabra cae en una superficie blanda que absorbe el impacto sin devolver resonancia. Nadie rechaza la enunciación; sencillamente falta el tejido simbólico para sostenerla. Distinta de la marginación social y ajena a la carencia afectiva, la soledad intelectual se nos presenta como una grieta invisible que se abre cuando el nivel de conciencia y la elaboración subjetiva de un individuo desbordan el horizonte de interpretación de su entorno inmediato.

Frente a esta distancia insular, resulta casi inevitable tropezar con una trampa psicológica que suele ser devastadora: transformar la falta de sintonía en un defecto personal. Dado que las personas queridas poseen lucidez, bondad y el deseo sincero de acompañar, la mente concluye apresuradamente que el desacople responde a una incapacidad propia para amar o vincularse. Así, se germina una mezcla turbia de culpa, vergüenza y frustración. Por temor a sonar arrogante, o por el pánico soterrado a que esa brecha sea la prueba de una rareza patológica, el sujeto opta por amputar su propio discurso y forma de vida. Al respecto, Donald Winnicott (1993, p. 183) conceptualizó con precisión la respuesta defensiva ante esta exigencia de adaptación al señalar que “sólo el sí-mismo verdadero el True Self— puede ser creativo y sólo el sí-mismo verdadero puede sentirse real”, añadiendo que la construcción de un “falso sí-mismo” (False-Self) responde a la necesidad de proteger la intimidad frente a un medio que no puede alojarla. Apagar la voz singular para no incomodar al grupo constituye una maniobra de supervivencia afectiva, aunque esa diplomacia forzada termine funcionando como una lenta sofocación del deseo.

20 agosto 2026

Corteza del corazón, de Bere L.M.

Estudiante y proyecto de escritora

Bere L.M. es una luchadora y trabajadora incansable. Desde muy temprana edad decidió que quería escribir y está poniendo los medios adecuados para que eso pase.

He podido colaborar con ella en varios relatos y me consta el esfuerzo por superarse. Me siento orgulloso de verla crecer con entusiasmo y dedicación. Las personas que estamos a su alrededor la estamos apoyando porque su actitud nos anima a poner nuestro granito de arena en ampliar su estantería de escritos. Vuelvo a publicar uno de sus relatos en este blog con la misma alegría que lo hice la primera vez. Con ello, lleva todo mi apoyo incondicional y mi apuesta por estar viendo cómo el retoño se convierte en flor.

A Bere la conocí en noviembre de 2022. Yo estaba de gira por México presentando la versión juvenil de mi novela «Las tres reinas». Como en años anteriores, impartí una conferencia a los alumnos del Instituto Aberdeen de Ciudad de México. Acabada la conferencia, la Jefa de Estudios me la presentó, dado el especial interés que había mostrado en escribir y que no se le había escapado a sus profesores. De todos es sabida mi reticencia a adoptar discípulos. Pero el brillo en los ojos que le vi ese día y la forma en que me contaba sus sueños, me recordó a mí mismo cuando soñaba con hacer mis primeras películas. No supe (ni quise) decir que no y le prometí que trabajaríamos juntos en algún proyecto. En aquel momento tenía 14 añitos.

Dos años después, y a punto de cumplir los 17, sigue creciendo decididamente. Está poniendo medios para mejorar y encamina sus estudios para cumplir sus fines. Creo que el que escribir sea uno de ellos nos debe hacer felices a todos los que estamos contribuyendo a cumplir sus ilusiones. Y seguimos de la mano con el paso del tiempo. Disfrutándolo, como debe ser.
Luis Alberto Serrano

CORTEZA DEL CORAZÓN


En un hermoso jardín habitaba un gran roble viejo, que siempre estaba bañado en el Sol. Su condena era pasar todos los días que el tiempo creyera necesarios enfrente de los grandes portones que marcaban el territorio del pueblo.

El jardín era de un verde intenso gracias al pasto que se esparcía por todos lados; las flores eran de todos los colores, siempre bailaban y hablaban todo el día; los insectos vivían bajo los pies de los que creen que son dueños del mundo, pero su simpleza los obligaba a ser dóciles; y apartado de los demás, estaba el triste Roble, que intentaba crecer más alto todavía, solo para poder ver lo que el pueblo contenía en su interior.

18 agosto 2026

Juan Tamariz... Magia desde el corazón

Hoy ha muerto Juan Tamariz. Y no es ningún truco o broma a la que nos tenía acostumbrados él. Se ha ido el mago, pero se queda la sonrisa. Gracias por una vida entera de asombro, de humor limpio y de alegría contagiosa. Hoy el mundo está un poco más vacío… pero seguro que ya está en algún lugar con se peculiar gesto de tocar un violín al grito de "chaaaan, tachaaaan, tatatachaaaan"...

Juan Tamariz... Magia desde el corazón

Entre mi colección de barajas de cartas figura una dedicada a Juan Tamariz: Magia desde el corazón. 

En el estuche y dorsos de los naipes destacan como elementos de diseño el color morado —el preferido por Tamariz—, un sombrero de copa, la música, arañas con sus telarañas, palos de la baraja suspendidos en el aire, el clásico violín y su firma en tipografía manuscrita.  

Entre los naipes, destaca particularmente un as de picas personalizado con la silueta del propio Tamariz, así como una jota de corazones —su carta favorita— con su cara. 

En su honor, en un día tan señalado como hoy, saco de la estantería esta baraja de edición limitads como agradecimiento por enseñarme a ver la magia con ojos de niño.

Ramón Alfil 

Descripción ampliada de la baraja 

Juan Carlos Ruiz y su hija Ainhoa, amigos y colaboradores de este blog, regentan el Museo del Naipe en Oropesa del Mar (Castellón). Nadie mejor que ellos para dar una descripción ampliada de esta baraja para coleccionistas. Y lo hacen desde su pagina web naipecoleccion.com


REFERENCIAS

Fotos: Ramón Alfil. 

Colaboración: Museo del Naipe y naipecoleccion.

10 agosto 2026

España flota a pesar de la política, no gracias a ella

Hay días en que uno mira el país y tiene la sensación de que navega por pura inercia, como esos barcos que avanzan aunque el capitán esté más pendiente de las gaviotas que del timón. España, sus comunidades autónomas y sus municipios parecen sostenerse gracias a una fuerza silenciosa, una especie de gravedad moral que evita que todo se venga abajo. Y esa fuerza, aunque nadie la mencione en los mítines ni en las tertulias, tiene nombre: los tanques de lastre.

En los barcos, los tanques de lastre no son un adorno ni un capricho técnico, son el peso que mantiene la estabilidad, el contrapeso que impide que una mala maniobra acabe en tragedia. No se ven, pero sin ellos cualquier oleaje tumbaría la nave.

En la política ocurre lo mismo. Mientras arriba se suceden los discursos vacíos y encendidos, la corrupción, el nepotismo convertido en rutina, la falta de talento y la inacción, abajo trabajan quienes sostienen la estructura. Técnicos, funcionarios de carrera, profesionales que conocen el oficio y que, sin hacer ruido, corrigen lo que otros estropean, equilibran lo que otros desequilibran y mantienen en pie lo que otros ponen en riesgo. Son los tanques de lastre de la democracia, el peso que impide que la incompetencia política acabe en naufragio. Son la resistencia natural contra la ineptitud y la improvisación. Son el recordatorio de que gobernar no es un acto de inspiración, sino de responsabilidad.

La sociedad se hunde cuando se vacían esos tanques, cuando los puestos se reparten por afinidad y no por mérito, cuando se promociona al servil y se margina al competente. El barco pierde estabilidad no porque falten recursos, sino porque falta peso profesional; falta ese lastre que evita que el país se incline hacia el lado de la propaganda barata, del ruido y del “y tú más”.

España flota, sí; pero flota a pesar de la política, no gracias a ella. Flota porque aún quedan técnicos que sostienen hospitales, juzgados, ayuntamientos, carreteras, escuelas, servicios sociales... Flota porque hay quien mantiene el equilibrio mientras arriba se discute quién tiene la culpa del oleaje.

La meritocracia no es una palabra bonita para discursos institucionales, es el mecanismo que mantiene el barco derecho. Cuando se desprecia o se sustituye por la fidelidad partidista, el barco empieza a escorarse. Y si se sigue vaciando el lastre, llegará un día en que ya no habrá forma de enderezarlo.

Quizá la metáfora de los tanques de lastre sirva para recordar algo sencillo: un país no se sostiene por quienes hablan más alto, sino por quienes trabajan mejor. Y si la política no recupera el respeto por el mérito, el conocimiento y la responsabilidad, el barco acabará boca abajo; no por una tormenta, sino por la ligereza de quienes creen que gobernar es solo cuestión de voluntad.


Ramón Alfil

Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
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REFERENCIAS

Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

31 julio 2026

Sombrillas anodinas

¿Y si este verano intentamos vivir?


El otro día andaba suelto por el paseo marítimo y me dio por fijarme en los habitantes de las sombrillas. Había gente de todo tipo y claro, uno empieza a pensar en cómo serán sus vidas, qué harán en su estado normal, si tendrán familia, si habrán hipotecado un riñón para estar ahí, asándose al sol o refugiados bajo la escasa sombra de esos parasoles nuevecitos a estrenar, no vaya a ser que pensemos que no les da para mucho. Porque, oye, en eso de las sombrillas también hay mucho postureo, las modas cambian y mucho. Si el año pasado se llevaban topos, este año rayas.. y así como todo. Parece mentira pero las sombrillas dicen mucho de los que las usan. Cuando llegas a la playa reduces todo tu mundo a lo que cabe bajo la sombra de ese paraguas gigante, hay quien es un verdadero experto, hay quien enseña todas sus posesiones en dos metros cuadrados en un alarde exhibicionista de poderío y otros, recatados, que plantan el mástil y no llegan ni a abrirlas, algún experto podría escribir un tratado al respecto, ahí lo dejo. Menos mal que de vez en cuando ves una sobrilla con solera que te recuerda donde estás, ayer me encontré una de una marca de helados que hace unos veinte años que desapareció. Me dieron ganas de bajar a la playa, aplaudir a su usuario y postrarme en dos. Ya te digo, toda una declaración de intenciones en mitad de un mar de sombrillas y toallas anodinas.

27 julio 2026

El doblón del capitán Ahab

Hay páginas que parecen escritas con olor a mar. Este fragmento de El doblón del capitán Ahab que leo hoy pertenece a esa estirpe antigua de palabras que convocan el mar no como escenario, sino como destino. En él late la memoria de los mares, la sombra de los grandes relatos y ese rito inevitable del viaje que convierte cada aventura en una forma de introspección. Arturo Pérez-Reverte evoca aquí la tradición de los navegantes y de los lectores que, desde la infancia, aprendieron que el horizonte es también una pregunta. Por eso lo dejo en "Fragmentos para la eternidad": porque en estas líneas el mar vuelve a ser lo que siempre fue en la literatura, un espejo donde uno se reconoce y, al mismo tiempo, se pierde.

Ramón Alfil

Fragmento de El doblón del capitán Ahab,
del libro "4 Relatos", de Arturo Pérez-Reverte

Se hace tarde, se acaban la ginebra y el tabaco, la luz del quinqué está extinguiéndose y los mosquitos me acribillan vivo. Pero no quiero irme a dormir, caballeros, sin hablarles de la materia principal de la que para mí están hechas las aventuras y los sueños: el mar. No en vano, fíjense, llevo estos cuatro galones dorados en la bocamanga. Más que el aire —nunca me interesó mucho ese medio, aparte Cinco semanas en globo, De la tierra a la luna y alguna historia así, porque mis héroes siempre tuvieron los pies en la tierra o en la movediza cubierta de un barco—, el mar fue siempre desafío y camino, y desde su infancia, asomados a los puertos y a las orillas, los hombres aprendieron a soñar con las cosas remotas que albergan, sin saberlo, en su propio corazón. Hablo de mi propio caso, si me toleran otra referencia personal al respecto. A fin de cuentas, no es casual que la que tal vez es la mejor novela de aventuras empiece con un joven llamado Edmundo Dantés a bordo de un navío llamado Faraón. O que una de las obras cumbres de la literatura universal narre minuciosamente la caza de una ballena. O que la más hermosa historia escrita para jóvenes sea un viaje por mar a la isla de los piratas. Y en todas esas novelas vinculadas al mar, caballeros, más aún que en ningunas otras, se cumple inexorable el gran ritual de la literatura, de la aventura y de la vida: el viaje peligroso mediante el que, quien se atreve a emprenderlo, progresa en el conocimiento de sí mismo y del mundo en el que vive.

REFERENCIAS 
literaturaymar_adl
Imagen basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

06 julio 2026

El 12 de agosto de 2026 será un día histórico para mirar al cielo


El 12 de agosto de 2026 no será un día cualquiera en el calendario astronómico. Será una de esas fechas en las que el cielo decide recordarnos, con una claridad espectacular que vivimos sobre un planeta en movimiento dentro de un sistema dinámico y preciso. En apenas unas horas, la luz del día se transformará en noche en pleno atardecer debido a un eclipse total de Sol, poco después, cuando la oscuridad vuelva de forma natural, el firmamento nos regalará el máximo de una de las lluvias de meteoros más conocidas del año: las Perseidas. No es frecuente que dos fenómenos de esta magnitud coincidan en una misma jornada, y mucho menos que lo hagan con condiciones tan favorables para su observación desde España.

El eclipse nos hablará de geometría celeste, de sombras proyectadas a escala cósmica, de la danza precisa entre la Tierra, la Luna y el Sol. Las Perseidas, en cambio, nos recordarán que incluso los restos más pequeños de un cometa pueden convertirse en destellos fugaces que cruzan nuestro cielo a velocidades imposibles.

Un eclipse total de Sol que cruzará España de oeste a este

El gran protagonista de la jornada será el eclipse total de Sol. La totalidad solo podrá observarse desde una franja que recorre el noroeste y el este del país, incluyendo ciudades como A Coruña, Lugo, Oviedo, León, Bilbao, Santander, Burgos, Vitoria, Zaragoza, Castellón, Valencia, Palma, Teruel, Tarragona, Cuenca, Guadalajara, Segovia, Soria, Palencia, Valladolid, Lérida y Logroño.

28 junio 2026

A la sombra de una morera

El bochorno había empezado antes de que el sol asomara del todo. Era ese calor espeso que no avisa, que se instala en la piel como si quisiera quedarse a vivir en ella. En el entorno no se movía ni una hoja, salvo las de la morera, que siempre parecía tener su propio ritmo, ajena a los caprichos del tiempo.

La morera era vieja, de copa ancha, de esas que ya han visto demasiados veranos como para sorprenderse por uno más. Su sombra caía redonda, generosa, como un mantel extendido para quien quisiera refugiarse. Y allí, justo en el centro, estaba el hombre.

Había colocado su sillita baja con la precisión de quien conoce el lugar desde hace años. A su lado, el botijo sudaba despacio por fuera, como si también soportara el calor. El transistor, de los de toda la vida, con su antena algo torcida, dejaba escapar un bolero de Los Panchos. La música sonaba un poco apagada, como si viniera desde muy lejos, quizá desde algún verano antiguo que el hombre recordaba sin decirlo.

Marcaba el ritmo con el pie, apenas un gesto, como si el bolero le estuviera acompañando más que entreteniendo. No había prisa en él. Tampoco tristeza. Solo esa melancolía suave que tienen los días de mucho calor, cuando uno se sienta a la sombra y deja que el tiempo pase sin pedirle nada.

De vez en cuando levantaba la vista y miraba el cielo, no para buscar nubes —que no había—, sino como quien agradece un amanecer, aunque sea así, pegajoso y tórrido. La morera, cómplice, le regalaba su sombra. Y desde una de sus ramas, un gorrión lanzó unos trinos breves, como si quisiera sumarse al bolero.

El hombre sonrió apenas. Era una sonrisa pequeña, casi secreta, de esas que solo se ven cuando uno está en paz consigo mismo. Quizá recordaba otros veranos, otras sombras, otros boleros. O quizá no recordaba nada y simplemente estaba ahí, dejando que el día hiciera lo que quisiera.

La escena era sencilla, pero tenía esa belleza que solo aparece cuando nadie la busca: un hombre, una morera, un bolero, un gorrión. Un pedazo de vida detenido, como si el verano hubiera decidido, por un momento, no seguir avanzando, de esos que pasan desapercibidos para todos menos para quien sabe mirar.

Ramón Alfil
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Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

25 junio 2026

Desratizador natural

No hay mejor forma de combatir las plagas que tener a este simpático vecino viviendo en nuestros campos de naranjos.

Desratizador natural / Foto: David Talens
Clic en la foto para ampliar y ver con más detalle

David Talens
Doctor en Biotecnología, investigador y aficionado a la fotografía.
Flickr de David Talens 
Instagram

24 junio 2026

Carta de la mente al corazón


Guadalupe Flores Téllez es un joven estudiante en el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos CECYTE Jalisco en el Plantel Santa Anita. Apasionado por la poesía, no dudó en usar un espacio que le fue ofrecido para declamar un poema de su autoría delante de sus compañeros. Hay que ser muy valiente y, en pago a ese valor, me decidí a invitarle a publicar su primer poema.

Y aquí lo tenemos, lo cual me hace sentir orgulloso de que las nuevas generaciones quieran seguir creando nuevos caminos a la literatura. En este caso, a la poesía.

Al alumno Guadalupe lo conocí en su centro de estudios. Yo andaba por México porque habíamos ido un grupo de escritores desde las Islas Canarias a presentar el libro de antología «Charlas de café (Internacional)» junto a otros autores mexicanos. Por intercesión de la editorial Proyección Literaria y la gestora cultural Banny Mejía, pudimos recorrer varios municipios impartiendo charlas. Recuerdo que ese día fue especialmente duro. Cada uno de nosotros dio varias conferencias en la mañana, disgregados por varios centros. Por la tarde, todos juntos, hicimos una sesión en el CECYTE Jalisco. Fue mágico.

En un momento en que alguna de nuestras autoras leyó un poema, invitó a que alguno de los espectadores se lanzara a leer alguno, si lo tenían. Guadalupe se lanzó y nos leyó su poema. Todos aplaudieron. A mí me emocionó su atrevimiento e, instintivamente, supe que eso debería tener algún premio. Lo que me salió fue arrancarme a invitarle a publicar uno en mi blog. Después de un tiempo de trabajo, aquí les mostramos su obra.

Espero que sea la primera de muchas. Lo presiento.

20 junio 2026

El latido que se hizo esperar

El zeta avanzaba despacio por una de las calles de la ciudad, como si la tarde se hubiera quedado atascada en un silencio espeso. La pareja de agentes de la Policía Nacional —Serrano y Aguilar— llevaba ya demasiadas horas patrullando entre discusiones vecinales, denuncias absurdas y esa fauna urbana que parece empeñada en desgastar la paciencia. Nada hacía presagiar que aquel turno rutinario estaba a punto de quebrarse.

Al girar la esquina, vieron un pequeño tumulto. Un círculo de personas rodeaba a un hombre tendido en el suelo. Algunos gritaban, otros lloraban, otros simplemente miraban sin saber qué hacer. Serrano frenó en seco. Aguilar ya estaba fuera del coche antes de que el motor se apagara.

—Aparten, por favor —ordenó Serrano, abriéndose paso.

El hombre yacía inmóvil, la piel cenicienta, los labios amoratados. No respiraba. Aguilar se arrodilló junto a él y comprobó el pulso. Nada. Ni un hilo, ni un susurro de vida.

—RCP —dijo, sin levantar la vista.

Serrano se colocó a su lado. Aguilar entrelazó las manos y comenzó las compresiones, firmes, constantes, marcando un ritmo que parecía golpear también el aire alrededor. La multitud guardó un silencio reverencial, como si cada presión fuera una plegaria.

A los pocos segundos, Serrano tomó el relevo. Se turnaban sin hablar, sin pensarlo, como si sus cuerpos supieran lo que había que hacer antes que sus mentes. El sudor les corría por la frente. El tiempo se había vuelto una sustancia espesa, interminable.

Un ruego suspendido entre la vida y la nada. 
Como si aquel cuerpo les pidiera que no lo dejaran ir.

En algún momento, mientras presionaba el pecho del hombre, Serrano creyó ver algo en su rostro. No un gesto consciente —sabía que estaba inconsciente—, sino una especie de súplica muda, un ruego suspendido entre la vida y la nada. Como si aquel cuerpo, aun sin voz, les pidiera que no lo dejaran ir. Aguilar también lo notó: una tensión mínima en la mandíbula, un temblor casi imperceptible en los párpados. Señales que quizá no significaban nada… o quizá lo significaban todo.

—Aguante, caballero… —murmuró Aguilar, sin saber si le oía.

Las sirenas se escucharon a lo lejos. Los sanitarios llegaron corriendo, desplegando material, tomando el control con la precisión de quien pelea cada día contra la muerte. Los policías se apartaron, jadeando, con las manos temblorosas. Vieron cómo conectaban electrodos, cómo administraban oxígeno, cómo el cuerpo del hombre respondía con un leve espasmo.

El latido...

Y entonces, un pitido. Un latido. Uno solo. Luego otro. Y otro.

Los sanitarios se miraron y asintieron. Había esperanza.

—Le habéis salvado la vida, sin vuestra reanimación cardiopulmonar no lo hubiéramos recuperado… —dijo el médico a los policías.

Serrano y Aguilar se quedaron quietos, como si no supieran qué hacer con la adrenalina que aún les recorría el pecho. Luego se miraron. No dijeron nada. No hacía falta. Se abrazaron con fuerza, un abrazo breve pero lleno de esa emoción que rara vez se permite en su oficio. Entre tanta miseria diaria, entre tanta chusma, de vez en cuando la vida les regalaba un instante así. Un instante que justificaba todo lo demás.

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La habitación del hospital estaba en penumbra cuando el hombre abrió los ojos. Primero vio el techo, borroso. Luego, poco a poco, las formas se hicieron nítidas: su mujer, con las manos temblorosas; sus dos hijas pequeñas, abrazadas a la cama, mirándolo como si temieran que desapareciera si parpadeaban.

Él intentó hablar, pero solo le salió un sollozo. Las niñas se echaron sobre él, la mujer le tomó la mano, y el hombre lloró. Lloró por el miedo, por el regreso, por la vida que aún tenía entre los dedos.

No sabía quiénes habían sido los que le devolvieron el latido. Pero en algún lugar de la ciudad, dos policías seguían patrullando, con el uniforme sudado y el alma un poco más llena.


Ramón Alfil
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REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

18 junio 2026

Un bolerito cubano

En el tronco de un árbol una niña
grabó su nombre henchida de placer.
Y el árbol conmovido allá en su seno
a la niña una flor dejó caer.

Yo soy el árbol conmovido y triste,
tú eres la niña que mi tronco hirió.
Yo guardo siempre tu querido nombre,
¿y tú qué has hecho de mi pobre flor?

La letra de este bolero o trova cubana, refinada y de buen gusto, es breve como un suspiro, pero contiene una enorme sensibilidad literaria. Con apenas unas líneas, se convierte en una coronación poderosa sobre el amor, la memoria y la responsabilidad afectiva.

Es interpretado al piano en el vídeo que acompaña a estas líneas en la entrevista a Emilio Aragón desde el proyecto Aprendemos juntos, "una iniciativa de BBVA para dar voz a las mentes más brillantes, que con sus historias inspiradoras nos invitan a avanzar y construir un mundo mejor". Ante la pregunta de una espectadora, se sienta al piano y toca este bolerito cubano. No está simplemente ejecutando la pieza musical, está recordando... La música aparece siempre en Emilio Aragón como un puente entre generaciones, un idioma que no envejece. Su gesto es íntimo, como si abriera una ventana a su infancia.

Hay entrevistas que no informan: acompañan. La conversación de Emilio Aragón en Aprendemos juntos pertenece a esa categoría rara en la que un artista habla sin prisa, sin máscara y sin necesidad de demostrar nada. Lo que emerge no es un discurso, sino una mirada sobre la vida: la memoria como refugio, la creatividad como forma de estar en el mundo y la vulnerabilidad como un acto de valentía.

El autor de este bolero o trova, titulado "¿Y tú que has hecho?" es Eusebio Delfín Figueroa (1893–1965). Según él mismo escribió en 1958, "la inspiración surgió al ver un viejo árbol con un nombre grabado, me llevó a imaginar la historia que luego convertí en canción".



Ramón Alfil
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REFERENCIAS
Algunos datos han sido seleccionados de fuentes públicas sobre Eusebio Delfín (biografías musicales, archivos de la trova cubana y estudios sobre la canción tradicional).

Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

10 junio 2026

El límite de la sutura

La luz del amanecer entraba en la habitación con un tono grisáceo y pálido. Era una claridad sucia, filtrada por unas cortinas de terciopelo que habían visto pasar demasiadas transacciones sin nombre. Malena se encontraba sentada en el borde de la cama, de espaldas al hombre, sintiendo cómo el frío del aire acondicionado le erizaba el vello de la nuca. El silencio era un zumbido eléctrico, una presión en los oídos que la obligaba a concentrarse en el sonido de su propia respiración.

A sus pies, sus botas de cuero negro brillaban con un fulgor arrogante. Se las puso con una lentitud ceremonial. Con cada tirón de la cremallera sentía que se alejaba un poco más de lo que había pasado.

—¿Cuándo vuelvo a verte? —La voz del hombre, un tal Mauricio, cuyo apellido ella había olvidado en cuanto lo leyó en la reserva, sonó espesa, cargada de una gratitud que Malena encontraba repulsiva.

Ella no respondió de inmediato. Se puso de pie y buscó su sujetador entre las sábanas revueltas. El gesto de buscar su ropa entre los restos del naufragio sexual la hacía sentir como una arqueóloga de su propia desgracia.

—No lo sé. Tengo mucho lío esta semana —dijo finalmente. Su voz era un bisturí: aséptica, precisa, diseñada para no dejar margen a la réplica.

Mauricio se incorporó, dejando al descubierto un torso que empezaba a ceder a la gravedad. Era un hombre poderoso en su despacho, un tipo que firmaba contratos millonarios, pero allí, bajo la luz cruda de las siete de la mañana, no era más que un amasijo de inseguridades envuelto en sábanas de quinientos hilos. Se rascó la perilla grisácea y buscó su billetera en la mesilla de noche.

09 junio 2026

En un libro abierto empieza la revolución

La cultura no avanza a golpes de ruido, sino a pequeños destellos de atención.

Un libro abierto, una melodía suave, una frase que nos obliga a detenernos: ahí empieza siempre la verdadera revolución.

No en la prisa, sino en la pausa.

No en el grito, sino en la mirada que se afina.

Ismael A.

REFERENCIAS

Fotografía: Dariusz Sankowski. Libre de derechos. 

08 junio 2026

Analizando “Magnifica humanitas”, la primera encíclica de León XIV

«No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos» (Tolkien, 1954/1993, p. 55).

No es ninguna novedad indicar que habitamos una época deslumbrada por el fulgor del silicio y atravesada por un tiempo donde la conciencia humana parece dispuesta a abdicar de su trono para entregarlo a la fría precisión de las máquinas. ¿No siente usted, querido lector, el sutil deslizamiento de nuestra propia autonomía en cada pantalla que acaricia con resignación? Frente a esta claudicación silenciosa irrumpe la publicación de la encíclica “Magnifica humanitas” del Papa León XIV, un texto que supera las expectativas de un simple documento pastoral, proponiéndonos un auténtico giro ontológico.

El pontífice nos arrincona contra un dilema que debería desgarrar nuestra complacencia posmoderna al obligarnos a elegir entre dos destinos históricos excluyentes. Como advierte solemnemente el inicio de su carta, “la magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (León XIV, 2026, párr. 1). El presente que transitamos juntos está enfermo de certezas artificiales e intoxicado por flujos de datos inabarcables, por lo que en este letargo la tarea de la filosofía debe ser un martillo que quiebre el espejo de nuestra propia vanidad (y pereza) tecnológica.

Ahora bien, sondear las profundidades de este replanteamiento ético exige apartar la mirada de la ingenua fascinación que nos provoca la IA y retornar a la raíz material de nuestra condición. La filosofía contemporánea nos viene avisando sobre los peligros de esta deslocalización existencial, sobre todo a partir de Byung-Chul Han, quien en su obra “No cosas: quiebres del mundo de hoy” nos dice que “la digitalización desmaterializa y descorporeiza el mundo” (Han, 2021, p. 13), arrancándonos de la gravedad de la tierra para arrojarnos a un océano de información donde el dolor ajeno se vuelve prácticamente imperceptible.

07 junio 2026

La botella de Pepsi en manos de Marcos de Quinto, presidente de Coca‑Cola: una lección magistral de marketing inverso

En abril de 2010, durante el evento Hoy es Marketing organizado por ESIC Business & Marketing School, Marcos de Quinto —entonces presidente de Coca‑Cola Iberia— protagonizó uno de los gestos más comentados del marketing español contemporáneo: subió al escenario sosteniendo una botella de Pepsi. No era un error. No era una provocación gratuita. Era una clase magistral de estrategia en un  auditorio lleno de profesionales del marketing.

En una conferencia de 42 minutos, Marcos de Quinto dejó boquiabiertos y desconcertados a todos los asistentes cuando en el minuto 16 sacó de debajo del podio una botella de Pepsi Cola y la mantuvo en la mano mientras desarrollaba la ponencia con total naturalidad. Un minuto después quitó el tapón; pasados unos instantes, se la acercó a los labios simulando que iba a beber, pero no la probó. Repitió la acción de beber un minuto antes del final, pero no probó sorbo. 

Ese gesto valiente funcionó como ejemplo de marketing inverso: hablar del competidor para reforzar tu propia marca. Así mismo, condensaba una idea poderosa: “La competencia no es el enemigo: es el motor que mantiene viva la categoría”. Demostró mucha seguridad, solo una marca fuerte puede permitirse el lujo de mostrar a su rival. 

Que el presidente de Coca‑Cola sostuviera una Pepsi rompió el guion; al sacarla dejó a la audiencia en un silencio total; de haber una mosca en el ambiente se hubiera oído el zumbido agudo que emite al volar.

Marcos de Quinto no habló de Coca‑Cola, habló de cómo se construye una marca líder. Y lo hizo usando a Pepsi como herramienta pedagógica. Genio y figura...



Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
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01 junio 2026

El retrato de su señor

La joven criada se inclinaba cada día sobre el retrato de su señor como si temiera que el aire pudiera borrar aquel rostro que contemplaba.

Las cortinas del cuarto filtraban la luz con un tono dorado y antiguo. En esa penumbra pensaba que nadie la podía ver y su secreto estaría guardado. 

Pasaba el plumero con sumo cuidado. Sus manos, acostumbradas al trabajo rudo y no a la ternura, rozaban con mucha delicadeza el marco, como si temiera profanar algo sagrado.

Cada día repetía el mismo ritual: acercarse, contemplar, anhelar… y marcharse antes de que alguien pufiera sorprenderla y descubrir lo que ni ella misma se atrevía a admitir: un amor silencioso, condenado a lo imposible y que solo encontraba refugio en la quietud del retrato de su señor.

Relato corto basado en una obra del pintor italiano Tito Conti (1842-1924)


Ramón Alfil
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