El Triángulo de la Primavera es una de esas figuras celestes que, sin ser una constelación oficial ni un asterismo tan mediático como el Triángulo de Verano, encierra una profunda idea de que el cielo nocturno puede organizarse en geometrías invisibles que solo existen en la mente humana, pero que nos ayudan a comprender el orden aparente del cosmos.
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04 mayo 2026
El triángulo de la primavera
El Triángulo de la Primavera es una de esas figuras celestes que, sin ser una constelación oficial ni un asterismo tan mediático como el Triángulo de Verano, encierra una profunda idea de que el cielo nocturno puede organizarse en geometrías invisibles que solo existen en la mente humana, pero que nos ayudan a comprender el orden aparente del cosmos.
21 abril 2026
El CSIC celebra los próximos eclipses con los conciertos sinfónicos multimedia ‘Armonía eclíptica’
06 marzo 2026
¿Tienen suelo Urano y Neptuno? Explorando el interior de los gigantes helados
Urano y Neptuno pertenecen a la categoría de gigantes helados, un tipo de planeta diferente de los gigantes gaseosos como Jupiter y Saturno. Mientras que estos últimos están compuestos principalmente de hidrógeno y helio, los gigantes helados contienen mayores proporciones de agua, amoníaco y metano. En condiciones de presión y temperatura extremas, estas sustancias no se comportan como los hielos que conocemos en la Tierra, sino como fluidos muy densos y calientes.
La atmósfera visible de Urano y Neptuno es solo la capa superior del planeta. En ella predominan el hidrógeno, el helio y el metano, responsable del característico color azul de ambos mundos. A medida que se desciende, la presión aumenta rápidamente y los gases se comprimen hasta formar capas cada vez más densas. En lugar de una frontera clara entre atmósfera y superficie, existe una transición gradual en la que el gas se vuelve líquido o supercrítico.
26 diciembre 2025
Meteoritos viajeros ¿Qué son esas rocas espaciales?
Estas rocas que viajan por el espacio, fragmentos desprendidos de asteroides, cometas o incluso de planetas, han impactado en la Tierra desde los orígenes mismos de nuestro planeta. Cada vez que uno de ellos cruza la atmósfera y logra sobrevivir al abrasador viaje hasta la superficie, nos entrega un pedazo de historia que ha permanecido inmutable durante miles de millones de años. Su estudio abre una ventana única hacia los orígenes del Sistema Solar, hacia la composición de mundos lejanos y, quizá, hacia el propio origen de la vida.
Para comprender qué es un meteorito hay que retroceder en el tiempo hasta los primeros momentos del Sistema Solar, hace unos 4.600 millones de años. En aquella época, una nube de gas y polvo colapsó bajo la acción de la gravedad, dando lugar a la formación del Sol en su centro y de un disco protoplanetario alrededor. En este disco, las partículas de polvo chocaban, se fusionaban y, poco a poco, formaban objetos cada vez mayores: planetesimales, asteroides y embriones planetarios. Los meteoritos son fragmentos de esos cuerpos, conservados casi intactos desde aquella era primigenia.
Muchos de ellos vagan durante millones de años en órbitas alrededor del Sol, perturbados por la gravedad de los planetas gigantes o por colisiones entre asteroides. En ocasiones, una colisión expulsa fragmentos que quedan atrapados en trayectorias que cruzan la órbita terrestre. Si la casualidad hace que uno de estos fragmentos se encuentre con nuestro planeta, se precipitará hacia la atmósfera a velocidades que oscilan entre 11 y 72 kilómetros por segundo. El aire se comprime, la fricción genera calor y el objeto brilla como una estrella fugaz. La mayoría se desintegra, pero algunos sobreviven y llegan a la superficie: son los meteoritos.






