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28 junio 2026

A la sombra de una morera

El bochorno había empezado antes de que el sol asomara del todo. Era ese calor espeso que no avisa, que se instala en la piel como si quisiera quedarse a vivir en ella. En el entorno no se movía ni una hoja, salvo las de la morera, que siempre parecía tener su propio ritmo, ajena a los caprichos del tiempo.

La morera era vieja, de copa ancha, de esas que ya han visto demasiados veranos como para sorprenderse por uno más. Su sombra caía redonda, generosa, como un mantel extendido para quien quisiera refugiarse. Y allí, justo en el centro, estaba el hombre.

Había colocado su sillita baja con la precisión de quien conoce el lugar desde hace años. A su lado, el botijo sudaba despacio por fuera, como si también soportara el calor. El transistor, de los de toda la vida, con su antena algo torcida, dejaba escapar un bolero de Los Panchos. La música sonaba un poco apagada, como si viniera desde muy lejos, quizá desde algún verano antiguo que el hombre recordaba sin decirlo.

Marcaba el ritmo con el pie, apenas un gesto, como si el bolero le estuviera acompañando más que entreteniendo. No había prisa en él. Tampoco tristeza. Solo esa melancolía suave que tienen los días de mucho calor, cuando uno se sienta a la sombra y deja que el tiempo pase sin pedirle nada.

De vez en cuando levantaba la vista y miraba el cielo, no para buscar nubes —que no había—, sino como quien agradece un amanecer, aunque sea así, pegajoso y tórrido. La morera, cómplice, le regalaba su sombra. Y desde una de sus ramas, un gorrión lanzó unos trinos breves, como si quisiera sumarse al bolero.

El hombre sonrió apenas. Era una sonrisa pequeña, casi secreta, de esas que solo se ven cuando uno está en paz consigo mismo. Quizá recordaba otros veranos, otras sombras, otros boleros. O quizá no recordaba nada y simplemente estaba ahí, dejando que el día hiciera lo que quisiera.

La escena era sencilla, pero tenía esa belleza que solo aparece cuando nadie la busca: un hombre, una morera, un bolero, un gorrión. Un pedazo de vida detenido, como si el verano hubiera decidido, por un momento, no seguir avanzando, de esos que pasan desapercibidos para todos menos para quien sabe mirar.

Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
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REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

20 junio 2026

El latido que se hizo esperar

El zeta avanzaba despacio por una de las calles de la ciudad, como si la tarde se hubiera quedado atascada en un silencio espeso. La pareja de agentes de la Policía Nacional —Serrano y Aguilar— llevaba ya demasiadas horas patrullando entre discusiones vecinales, denuncias absurdas y esa fauna urbana que parece empeñada en desgastar la paciencia. Nada hacía presagiar que aquel turno rutinario estaba a punto de quebrarse.

Al girar la esquina, vieron un pequeño tumulto. Un círculo de personas rodeaba a un hombre tendido en el suelo. Algunos gritaban, otros lloraban, otros simplemente miraban sin saber qué hacer. Serrano frenó en seco. Aguilar ya estaba fuera del coche antes de que el motor se apagara.

—Aparten, por favor —ordenó Serrano, abriéndose paso.

El hombre yacía inmóvil, la piel cenicienta, los labios amoratados. No respiraba. Aguilar se arrodilló junto a él y comprobó el pulso. Nada. Ni un hilo, ni un susurro de vida.

—RCP —dijo, sin levantar la vista.

Serrano se colocó a su lado. Aguilar entrelazó las manos y comenzó las compresiones, firmes, constantes, marcando un ritmo que parecía golpear también el aire alrededor. La multitud guardó un silencio reverencial, como si cada presión fuera una plegaria.

A los pocos segundos, Serrano tomó el relevo. Se turnaban sin hablar, sin pensarlo, como si sus cuerpos supieran lo que había que hacer antes que sus mentes. El sudor les corría por la frente. El tiempo se había vuelto una sustancia espesa, interminable.

Un ruego suspendido entre la vida y la nada. 
Como si aquel cuerpo les pidiera que no lo dejaran ir.

En algún momento, mientras presionaba el pecho del hombre, Serrano creyó ver algo en su rostro. No un gesto consciente —sabía que estaba inconsciente—, sino una especie de súplica muda, un ruego suspendido entre la vida y la nada. Como si aquel cuerpo, aun sin voz, les pidiera que no lo dejaran ir. Aguilar también lo notó: una tensión mínima en la mandíbula, un temblor casi imperceptible en los párpados. Señales que quizá no significaban nada… o quizá lo significaban todo.

—Aguante, caballero… —murmuró Aguilar, sin saber si le oía.

Las sirenas se escucharon a lo lejos. Los sanitarios llegaron corriendo, desplegando material, tomando el control con la precisión de quien pelea cada día contra la muerte. Los policías se apartaron, jadeando, con las manos temblorosas. Vieron cómo conectaban electrodos, cómo administraban oxígeno, cómo el cuerpo del hombre respondía con un leve espasmo.

El latido...

Y entonces, un pitido. Un latido. Uno solo. Luego otro. Y otro.

Los sanitarios se miraron y asintieron. Había esperanza.

—Le habéis salvado la vida, sin vuestra reanimación cardiopulmonar no lo hubiéramos recuperado… —dijo el médico a los policías.

Serrano y Aguilar se quedaron quietos, como si no supieran qué hacer con la adrenalina que aún les recorría el pecho. Luego se miraron. No dijeron nada. No hacía falta. Se abrazaron con fuerza, un abrazo breve pero lleno de esa emoción que rara vez se permite en su oficio. Entre tanta miseria diaria, entre tanta chusma, de vez en cuando la vida les regalaba un instante así. Un instante que justificaba todo lo demás.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

La habitación del hospital estaba en penumbra cuando el hombre abrió los ojos. Primero vio el techo, borroso. Luego, poco a poco, las formas se hicieron nítidas: su mujer, con las manos temblorosas; sus dos hijas pequeñas, abrazadas a la cama, mirándolo como si temieran que desapareciera si parpadeaban.

Él intentó hablar, pero solo le salió un sollozo. Las niñas se echaron sobre él, la mujer le tomó la mano, y el hombre lloró. Lloró por el miedo, por el regreso, por la vida que aún tenía entre los dedos.

No sabía quiénes habían sido los que le devolvieron el latido. Pero en algún lugar de la ciudad, dos policías seguían patrullando, con el uniforme sudado y el alma un poco más llena.


Ramón Alfil
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Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

18 junio 2026

Un bolerito cubano

En el tronco de un árbol una niña
grabó su nombre henchida de placer.
Y el árbol conmovido allá en su seno
a la niña una flor dejó caer.

Yo soy el árbol conmovido y triste,
tú eres la niña que mi tronco hirió.
Yo guardo siempre tu querido nombre,
¿y tú qué has hecho de mi pobre flor?

La letra de este bolero o trova cubana, refinada y de buen gusto, es breve como un suspiro, pero contiene una enorme sensibilidad literaria. Con apenas unas líneas, se convierte en una coronación poderosa sobre el amor, la memoria y la responsabilidad afectiva.

Es interpretado al piano en el vídeo que acompaña a estas líneas en la entrevista a Emilio Aragón desde el proyecto Aprendemos juntos, "una iniciativa de BBVA para dar voz a las mentes más brillantes, que con sus historias inspiradoras nos invitan a avanzar y construir un mundo mejor". Ante la pregunta de una espectadora, se sienta al piano y toca este bolerito cubano. No está simplemente ejecutando la pieza musical, está recordando... La música aparece siempre en Emilio Aragón como un puente entre generaciones, un idioma que no envejece. Su gesto es íntimo, como si abriera una ventana a su infancia.

Hay entrevistas que no informan: acompañan. La conversación de Emilio Aragón en Aprendemos juntos pertenece a esa categoría rara en la que un artista habla sin prisa, sin máscara y sin necesidad de demostrar nada. Lo que emerge no es un discurso, sino una mirada sobre la vida: la memoria como refugio, la creatividad como forma de estar en el mundo y la vulnerabilidad como un acto de valentía.

El autor de este bolero o trova, titulado "¿Y tú que has hecho?" es Eusebio Delfín Figueroa (1893–1965). Según él mismo escribió en 1958, "la inspiración surgió al ver un viejo árbol con un nombre grabado, me llevó a imaginar la historia que luego convertí en canción".



Ramón Alfil
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REFERENCIAS
Algunos datos han sido seleccionados de fuentes públicas sobre Eusebio Delfín (biografías musicales, archivos de la trova cubana y estudios sobre la canción tradicional).

Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

07 junio 2026

La botella de Pepsi en manos de Marcos de Quinto, presidente de Coca‑Cola: una lección magistral de marketing inverso

En abril de 2010, durante el evento Hoy es Marketing organizado por ESIC Business & Marketing School, Marcos de Quinto —entonces presidente de Coca‑Cola Iberia— protagonizó uno de los gestos más comentados del marketing español contemporáneo: subió al escenario sosteniendo una botella de Pepsi. No era un error. No era una provocación gratuita. Era una clase magistral de estrategia en un  auditorio lleno de profesionales del marketing.

En una conferencia de 42 minutos, Marcos de Quinto dejó boquiabiertos y desconcertados a todos los asistentes cuando en el minuto 16 sacó de debajo del podio una botella de Pepsi Cola y la mantuvo en la mano mientras desarrollaba la ponencia con total naturalidad. Un minuto después quitó el tapón; pasados unos instantes, se la acercó a los labios simulando que iba a beber, pero no la probó. Repitió la acción de beber un minuto antes del final, pero no probó sorbo. 

Ese gesto valiente funcionó como ejemplo de marketing inverso: hablar del competidor para reforzar tu propia marca. Así mismo, condensaba una idea poderosa: “La competencia no es el enemigo: es el motor que mantiene viva la categoría”. Demostró mucha seguridad, solo una marca fuerte puede permitirse el lujo de mostrar a su rival. 

Que el presidente de Coca‑Cola sostuviera una Pepsi rompió el guion; al sacarla dejó a la audiencia en un silencio total; de haber una mosca en el ambiente se hubiera oído el zumbido agudo que emite al volar.

Marcos de Quinto no habló de Coca‑Cola, habló de cómo se construye una marca líder. Y lo hizo usando a Pepsi como herramienta pedagógica. Genio y figura...



Ramón Alfil
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01 junio 2026

El retrato de su señor

La joven criada se inclinaba cada día sobre el retrato de su señor como si temiera que el aire pudiera borrar aquel rostro que contemplaba.

Las cortinas del cuarto filtraban la luz con un tono dorado y antiguo. En esa penumbra pensaba que nadie la podía ver y su secreto estaría guardado. 

Pasaba el plumero con sumo cuidado. Sus manos, acostumbradas al trabajo rudo y no a la ternura, rozaban con mucha delicadeza el marco, como si temiera profanar algo sagrado.

Cada día repetía el mismo ritual: acercarse, contemplar, anhelar… y marcharse antes de que alguien pufiera sorprenderla y descubrir lo que ni ella misma se atrevía a admitir: un amor silencioso, condenado a lo imposible y que solo encontraba refugio en la quietud del retrato de su señor.

Relato corto basado en una obra del pintor italiano Tito Conti (1842-1924)


Ramón Alfil
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12 mayo 2026

Un cielo empedrado

Un alto en el paseo para disfrutar el momento
El horizonte se ha fragmentado en incontables escamas de algodón, en un cielo empedrado que parece el telón del cielo. Bajo esa cúpula de altocúmulos, la tierra se asoma con vértigo al azul profundo, donde las olas rompen con insistencia contra el acantilado. Entre las rocas, la vida se aferra con una pincelada silvestre; ramas secas que apuntan al infinito como dedos de madera, escoltadas por hojas y flores rojizas 
El tiempo se detiene entre la quietud del mar Mediterráneo y el desorden perfecto del cielo. 

Ramón Alfil
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REFERENCIAS
Fotografía: Ramón Alfil (colección nubes).
Oropesa del Mar (Castellón), entre la bahía de La Concha y el faro.
rinconesmarinos_adl   fotosymar_adl   literaturaymar_adl

06 mayo 2026

El As de Picas: fiscalidad, estandarte del mazo y carta de la muerte

El As de Picas no es una carta más, representa la identidad, la garantía y el emblema de cualquier baraja inglesa; todo un estandarte que conlleva un peso histórico peculiar y un significado que encierra un misterio que la distingue de cualquier naipe.

La carta fiscal


En el siglo XVIII y XIX, los naipes eran un artículo de lujo y una fuente de ingresos muy jugosa para los gobiernos. En el Reino Unido (1711), se impuso una ley que obligaba a pagar un impuesto por cada baraja fabricada.

Para certificar que el fabricante había pagado, el gobierno imprimía ellos mismos el As de Picas con un diseño oficial y muy complejo que incluía el escudo real y el importe del impuesto.

Los fabricantes compraban estos ases al gobierno y los incluían en sus mazos. Sin ese as oficial, la baraja era ilegal.

15 marzo 2026

Elsa Gomis interpreta una sonata para piano del compositor italiano Muzio Clementi

Elsa Gomis tiene actualmente diez años. Tras cuatro años de formación en el Conservatorio del Liceo de Barcelona, cursa hoy el primer curso de Piano Profesional en el Conservatorio de Música de Barcelona. Su progreso ha sido constante y notable: este año ha obtenido el primer premio de Técnica Pianística en el citado centro, un reconocimiento que habla tanto de su talento como de la dedicación que sostiene su aprendizaje.

A su edad, entregarse a la música implica algo más que estudiar un instrumento. Significa crecer en un territorio donde la disciplina convive con la imaginación, donde las horas de estudio se entrelazan con la curiosidad propia de la infancia. Para Elsa, la música es una forma de estar en el mundo: un espacio donde descubre su sensibilidad, su capacidad de esfuerzo y un camino por el que andar. En esa mezcla de juego, rigor y descubrimiento se forjan muchas de las grandes vocaciones artísticas.

Hoy comparte con nosotros su opinión y, además, su interpretación del primer movimiento de la Sonata en Sol mayor, op. 37 n.º 2, del pianista y compositor italiano Muzio Clementi. La grabación corresponde al recital celebrado el pasado 7 de marzo en el Conservatorio de Música de Barcelona, donde Elsa ofreció esta obra ante el público con la naturalidad y la concentración que caracterizan a los jóvenes músicos que empiezan a encontrar su camino.
Ramón Alfil

04 marzo 2026

El llanto de un genio en tiempos caóticos

En cada época convulsa aparecen creadores que, lejos de adaptarse dócilmente al ruido del mundo, deciden caminar en sentido contrario. No por rebeldía gratuita, sino porque su sensibilidad les impide aceptar la superficialidad como norma. Un genio —en el sentido más humano y menos mitificado del término— es alguien que escucha más hondo, que percibe las grietas de su tiempo y las transforma en lenguaje. En una sociedad acelerada, impersonal y cada vez más desconectada de lo esencial, estos creadores parecen ir a contracorriente. Pero, en realidad, son ellos quienes mantienen vivo el pulso de lo auténtico.

Ernest Artal pertenece a esa estirpe. La obra de este compositor y director de orquesta, lejos de buscar artificios, se sostiene sobre una convicción profunda: la música es un acto de verdad emocional, un puente directo hacia aquello que no sabemos decir con palabras. 

A mi modesto entender, no compone para impresionar, sino para conmover; no busca la complejidad, sino la claridad expresiva que permite al oyente la introspección en lo que escucha.

Incluso quienes no dominan el lenguaje musical perciben esa cualidad. La música de Artal no exige conocimientos previos: exige sensibilidad, y eso todos lo llevamos dentro. Sus piezas suelen abrir un espacio íntimo, es música que llega al fondo, aunque uno solo alcance la “primera fase” del conocimiento técnico. Porque lo esencial no está en la teoría, sino en la resonancia interior.

La pieza "El llanto", disponible en YouTube, es un ejemplo perfecto de esa poética. Interpretada por Marta Encarnación al violín y Luis Giner al piano, fue presentada en la Sala Alfonso el Magnánimo de Valencia en 2022.  

Aunque hoy se presenta como obra independiente, Ernest Artal concibe "El llanto" como el segundo movimiento de un futuro concierto para violín y orquesta, cuyo primer y tercer movimiento ya imagina y proyecta. La semilla de esta música está en una poesía que él mismo escribió hace años, un texto donde expresaba su preocupación por un mundo que avanza por senderos cada vez más caóticos, impersonales y deshumanizados.

Esa visión se escucha en cada compás. "El llanto" no es un lamento derrotado, sino un llanto lúcido, un desahogo que reconoce la herida pero también la transforma. El violín se convierte en voz humana: frágil, quebrada a veces, pero profundamente honesta. El piano sostiene, acompaña, abraza. Hay momentos de desolación, sí, pero también destellos de esperanza, como si la música recordara que incluso en medio del caos persiste una chispa de belleza que merece ser salvada.


Ramón Alfil
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"El llanto", de Ernest Artal, un refugio en tiempos convulsos


Recomiendo la lectura de una entrada en este blog:

03 marzo 2026

Nuestro mundo se da la vuelta como un calcetín

La tensión entre Irán y Estados Unidos nos lleva a los que simplemente queremos vivir en paz y tranquilos a un estado emocional y a una constante irritabilidad. Los que manejan los hilos de las marionetas siguen escribiendo capítulos de desconfianza, sanciones, amenazas veladas y episodios de violencia que, cada cierto tiempo, vuelven a encenderse como brasas mal apagadas. Es un conflicto que mezcla geopolítica, intereses energéticos, orgullo nacional y heridas históricas que nunca terminaron de cerrarse. Y, sin embargo, para la mayoría de nosotros, ese pulso lejano llega filtrado por pantallas que lo convierten en un espectáculo continuo de alarma.

La televisión convierte el mundo
 en un incendio permanente 

Los medios, especialmente la televisión, parecen haber encontrado en el conflicto bélico de turno, la bronca diaria de los políticuchos y la corrupción un filón inagotable. La escaleta diaria se construye como si el país fuese un ring y la sociedad, un público hambriento de golpes. La violencia callejera, la delincuencia, los escándalos… todo ocupa un espacio desproporcionado, como si las buenas noticias hubieran sido desterradas por decreto. No es que no existan; es que no venden tanto. Y así, día tras día, el mensaje se repite: el mundo es un lugar peligroso, imprevisible, al borde del colapso.

La mente en guerra con el tiempo

Esa dieta informativa termina por pasarnos factura. La sensación de que el futuro es inestable, incierto y caótico se instala en el ánimo colectivo. Vivimos con el ceño fruncido, como si estuviéramos esperando el próximo sobresalto. La irritación se vuelve un estado natural, casi una postura defensiva ante un entorno que percibimos hostil. Y lo más preocupante es que esa percepción no siempre coincide con la realidad, sino con la versión amplificada que recibimos a diario.

El desgaste emocional de vivir en alerta

El miedo al futuro no es un concepto abstracto: desgasta, erosiona, agota. Nos roba la serenidad necesaria para disfrutar de lo cotidiano. La mente, en lugar de descansar, se adelanta compulsivamente a escenarios que quizá nunca ocurran. Se convierte en una máquina de anticipar desgracias, y en ese ejercicio constante el presente deja de ser habitable. No estamos donde estamos; estamos donde tememos que estaremos.

Y así, casi sin darnos cuenta, el miedo se normaliza. Se convierte en la atmósfera en la que respiramos. Algunos logran gestionarlo, comprenderlo, ponerlo en su sitio. Otros quedan atrapados en él, como si el mundo —este mundo que ha vivido épocas peores y mejores— se hubiera dado la vuelta como un calcetín. Pero quizá no sea el mundo el que ha cambiado tanto, sino la forma en que lo miramos, la intensidad con la que nos lo cuentan, la velocidad con la que lo consumimos.

En un tiempo en el que la información nos llega en avalanchas, la verdadera resistencia consiste en recuperar el derecho a la calma, a la pausa...


Ramón Alfil
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REFERENCIAS

Fotografía: meineresterampe / Pixabay / Libre de derechos 

02 marzo 2026

Titanic, naipes que rememoran al coloso de la navegación transatlántica en su primer y último viaje

Entre mi colección de barajas de cartas cuento con una que pone de relieve  la vida y la memoria del Titanic, aquel coloso de la navegación transatlántica que el 10 de abril de 1912 emprendió su primer y último viaje.

Este palacio flotante fue como un desafío del hombre y la industria al mar, pero en la tranquila noche del 14 de abril colisionó con un iceberg y el océano quiso responder al orgullo humano para demostrar que el invencible era él.

La baraja exhibe 54 cartas, más dos jokers y una carta auxiliar con una breve reseña histórica del trasatlántico y referencias de algunos pasajeros. Cabe destacar un conjunto de fantásticas ilustraciones, imágenes y carteles que reflejan su construcción, salones lujosos, los rostros de quienes viajaron y tripularon el barco y los fragmentos de un mundo que se creyó eterno. Cada carta es una ventana a aquel viaje interrumpido, un recordatorio de la belleza y la fragilidad que conviven en toda gran historia humana.

18 febrero 2026

El gato del puerto


Foto: Ramón Alfil

Un sol débil y atenuado por un cielo nuboso empezaba a ceder su puesto a la noche. Sus últimos guiños dejaban una estela blanquecina en el agua de aquel puerto tranquilo. La tarde estaba coloreada de ocres, algo habitual en los atardeceres de invierno.
Sentado en un pequeño espigón habilitado para la pesca recreativa con caña descansaba un gato negro patiblanco. Su presencia inmóvil estaba en armonía con la calma y el silencio del lugar, tan solo roto por el graznido de alguna gaviota y un ligero golpeteo del agua contra las rocas.
El gato tenía colmada sus necesidades porque acababa de comerse los restos de sardinas y boquerones que unos minutos antes habían servido de cebo a un pescador. Con la panza llena y el instinto satisfecho no tenía más compromiso que disfrutar del calorcito que aún despedía la piedra después de bastantes horas de sol.
El mar, algo revuelto a lo lejos, hacía las paces consigo mismo arropado por las escolleras del puerto. En el muelle frontal estaba atracado un barco mercante. Para el gato, aquella mole de hierro no era un centro de trabajo en el que sus tripulantes van acelerados y marcados por el característico torbellino comercial, un trabajo muy duro y el estrés que conlleva un mundo excitado. Para el gato, aquel monstruo cargado de contenedores era una sombra más en el paisaje. Su mundo no se medía en objetivos mercantiles, ni en lucros dinerarios o en la creación de necesidades superfluas, normalmente compulsivas, sino en la temperatura de la piedra bajo su cuerpo y en el grado de saciedad de su estómago. Aquel animal no necesitaba nada más, comprendía a su manera lo que significaba la palabra "suficiente".


Ramón Alfil
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REFERENCIAS 
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Foto: Ramón Alfil. Una tarde de invierno en el puerto de Gandia (Valencia).

06 febrero 2026

Las tumbas de los inmortales - Chet Baker

Chet Baker está enterrado en el cementerio 
Inglewood Park, localizado en Inglewood (California)


Una sencilla lápida en una sepultura, compartida junto a su padre, en el cementerio Inglewood Park en Inglewood (California) señala que allí se encuentran los restos de Chet Baker, trompetista, cantante y músico de jazz estadounidense.
Aunque falleció en Ámsterdam tras caer desde una ventana del Hotel Prins Hendrik, su cuerpo fue trasladado de regreso a Estados Unidos para su entierro.
Entre su extensa discografía me quedo con Almost Blueun pilar del jazz lento y nostálgico, con sus silencios, trompeta pausada y una voz que raya el susurro. La tengo entre mis preferencias jazzísticas. 

"Almost Blue tuvo una excelente recepción por parte de la crítica musical . Beckett, escribiendo para la revista Stylus, la calificó como el 'paso más grande' que el cantante dio con Imperial Bedroom . Continuó: 'Es una de las canciones más potentes del álbum. Posee una cualidad inquietante que nunca antes había estado presente en la obra de Elvis Costello'. Imperial Bedroom fue considerado uno de los 100 mejores álbumes de la década de 1980 y uno de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos por la revista Rolling Stone".




Ramón Alfil
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REFERENCIAS
Fotografía de la lápida: Louis du Mort (libre de derechos)
Chet Baker, el galán que revolucionó el jazz

04 febrero 2026

La escritora y su asesino



La escritora estaba ensamblando la escena de un crimen espantoso y sanguinario. Cuidaba cada detalle del asesino para que no dejara rastro alguno en la investigación de la policía. De alguna manera, se identificaba más con el asesino que con los agentes que intentarían llegar al desenlace del homicidio.
En el estudio reinaba un silencio monacal, tan solo interrumpido por el fuerte tecleo sobre una vieja máquina de escribir y algún crujido de la madera de la mesa. 
La atmósfera estaba coloreada de un gris azulado que ondeaba en capas, como una neblina perpetua alimentada por el humo de bastantes cigarrillos.
A la escritora, de siempre, le fascinaban los gatos y los caracoles porque eran seres vivos silenciosos y tranquilos. En aquella larga noche literaria estaba acompañada por su gato, que buscaba el calorcito de un flexo, y unos caracoles que salían de su terrario y dejaban una marca de baba sobre la mesa y unos folios desordenados. 
Mientras el crimen cobraba vida sobre el papel, la escritora combinaba la paranoia de aquel asesino con un sorbo de whisky, alguna caricia al gato y redirigiendo al terrario a algún caracol que se salía de los lindes que ella misma consideraba como prudentes.
Sonó el timbre, se asustó, ¿quién podría ser?, pensó... Se dirigió a la puerta, acercó su ojo a la mirilla y vio a Logan, el asesino que estaba ficcionando en la novela. Tuvo miedo, pero abrió la puerta de golpe. No había nadie en el descansillo.

Ramón Alfil

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Escucha este relato / Voz: J.M.O.



J.M.O.
En nuestro ateneo pone muchas veces... ¡la voz!
"A distinguir me paro las voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una". Antonio Machado



REFERENCIAS
- Patricia Highsmith falleció un 4 de febrero como hoy, en 1995.
- Entre sus citas cabe destacar la siguiente: "A veces, los asesinos son más interesantes que la gente que nunca ha roto un plato".
- La fotografía ha sido creada por inteligencia artificial al solicitarle una imagen para este relato breve.