Traduce cualquier entrada a tu idioma

Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Alfil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ramón Alfil. Mostrar todas las entradas

25 septiembre 2026

El árbol de brazos desnudos al caer la tarde

El atardecer es una frontera suave en la que se deshilacha el día. La luz se va apagando con tranquilidad, sin prisa alguna.

El silencio no llega de golpe; se posa. Se instala entre las ramas, en los surcos del campo, en la tierra que respira despacio.

El campo extiende su calma como una manta antigua, hecha de horas y de estaciones, de lo que crece y de lo que espera.

Y el árbol, con sus brazos desnudos, parece guardar la escena, como un vigía desde su torre de observación.

Juntos forman un instante que no pide nada. Solo estar y observar la escena con calma. 

Ramón Alfil

Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo

REFERENCIAS 

Fotografía: Ramón Alfil. 

Camino de la ermita. La Iglesuela del Cid (Teruel).

23 septiembre 2026

Emma Hamilton y el vicealmirante Nelson, dos vidas que se encontraron a destiempo

Revisando mi colección de barajas de cartas me detengo hoy en una dedicada a Horatio Nelson (1758–1805), vicealmirante de la Marina Real británica. Entre sus naipes hay uno que me llama la atención: la reina de tréboles, donde aparece la reproducción de un retrato de Emma Hamilton (1765–1815), amante de Nelson y figura fascinante de la sociedad europea de finales del siglo XVIII.

El retrato procede de una de las muchas pinturas que George Romney realizó de Emma, en este caso alrededor de 1785, cuando ella comenzaba a convertirse en un icono artístico y social. Que su imagen aparezca en esta baraja no es un detalle menor, pues Emma fue una presencia decisiva en la vida personal y  en el universo naval de Nelson.

El retrato original de Emma Hamilton pintado por George Romney es en color. La carta de la baraja aparece en blanco y negro porque Piatnik —el fabricante— , en esta edición, convierte todas las ilustraciones en grabados bastante monocromos para darles un aspecto histórico y uniforme dentro del diseño del mazo.

Emma Hamilton y Horatio Nelson, 
una relación que naufragó sin desaparecer

Cuando Emma Hamilton y Horatio Nelson se encontraron en Nápoles fluyó algo en ellos, quizá por cansancio o necesidad. Él venía de la guerra y del mar; ella, de una vida hecha de ascensos improbables y miradas públicas. Lo que empezó como cortesía se convirtió en refugio para ambos.

Su relación desafió la etiqueta y sobrevivió a campañas, viajes y silencios. En medio de ese torbellino nació Horatia, la hija que ambos quisieron proteger del juicio ajeno. Nelson la reconoció en cartas privadas; Emma la sostuvo en los años en que él ya no podía volver.

La historia oficial los separa en categorías distintas —héroe naval, musa social—, pero la íntima los une en algo más sencillo como fueron dos vidas que se encontraron a destiempo y aun así dejaron una huella que ninguna batalla pudo borrar.

La baraja Piatnik "Nelson - His Navy, Life & Times

Es una de esas ediciones históricas que mezclan naipes e historia naval. Consta de 52 cartas más dos jockers editada por el fabricante Piatnik (Viena), en colaboración con el National Maritime Museum de Greenwich. Cada carta incluye ilustraciones históricas y personales relacionadas con Nelson, con estilo grabado o aguafuerte, contrastes fuertes y líneas marcadas que unifican el estilo visual de toda la baraja. mazo. Evoca la estética de los grabados navales del siglo XVIII e integrar retratos y escenas en un mismo lenguaje gráfico.

Ramón Alfil

Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo

REFERENCIAS 

Fotografía de Emma Hamilton: Ramón Alfil

Fotografía de la portada de la caja: Museo del Naipe de Oropesa

Datos técnicos y curiosidades de la baraja según nuestro colaborador Museo del Naipe de Oropesa del Mar (Castellón)

Saber más de Emma Hamilton

Saber más del vicealmirante Nelson

#literaturaymar

03 septiembre 2026

La higiene mental como resistencia a un fétido panorama político y social

Vivimos rodeados de mensajes, opiniones, imágenes y conversaciones que compiten por ocupar espacio en nuestra cabeza. Igual que cuidamos lo que comemos o lo que respiramos, también deberíamos cuidar aquello que dejamos entrar en nuestro pensamiento. La mente, aunque invisible, también se contamina.

No todo lo que se emite, se publica o se comenta aporta algo valioso. Hay contenidos que únicamente generan enfrentamiento, ansiedad o crispación y son solo desperdicios que se van depositando en nuestro cerebro.

Elegir con criterio lo que consumimos —información, entretenimiento, conversaciones— es una forma de proteger nuestra entereza.

Cuando nos acostumbramos al exceso de discursos inútiles de los políticuchos, a la cháchara del retrete de las redes sociales o a la venta de ideologías de unos medios de comunicación serviles terminamos respirando un panorama fétido.

En la vida cotidiana se puede elegir qué conversaciones atender, qué temas evitar y qué contenidos no merecen nuestro tiempo. No hay que seguir la corriente si se quiere un estilo de vida más limpio, más consciente y más respetuoso con nosotros mismos. Cuidar la mente no es aislarse del mundo, sino decidir con responsabilidad qué merece llenar nuestro interior. En esa decisión se juega buena parte de nuestro sosiego.

Ramón Alfil

Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo



REFERENCIAS

Fotografía | Buscando la esencia. Ramón Alfil.

26 agosto 2026

Juan Carlos Ruiz: "Tamariz fue el mago que convirtió los naipes en pura emoción"

El Museo del Naipe de Oropesa del Mar (Castellón) es hoy una de las instituciones más singulares dedicadas a la historia de los naipes. Su colección reúne miles de barajas de cartas procedentes de distintos países, épocas y estilos, y permite recorrer cómo el naipe ha sido, a la vez, objeto de arte, herramienta de juego y soporte de cultura popular. En este contexto, el museo se ha convertido en un punto de referencia para investigadores, coleccionistas y aficionados que buscan comprender la evolución del diseño, la simbología y la fabricación de las barajas.

La reciente muerte de Juan Tamariz (1942-2026), figura decisiva en la magia española, invita a mirar el mundo del naipe desde una perspectiva más amplia: no solo como instrumento técni.co del ilusionismo, sino como pieza histórica con un lenguaje propio. Por ese motivo entrevisto a Juan Carlos Ruiz, gerente del museo y profundo conocedor del naipe como objeto cultural. Su experiencia permite situar la obra de Tamariz dentro de una tradición que va mucho más allá del escenario: la tradición del naipe como vehículo de creatividad, ingenio y memoria.

¿Qué lugar ocupa la magia dentro de la historia del naipe?
La magia ha sido la conductora para que un número muy elevado de personas se adentre en el conocimiento de la historia del naipe.

¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando piensas en Juan Tamariz?
Juan Tamariz cambió el patrón que teníamos de los magos, la mayoría de ellos iban vestidos con smoking y pajarita y la forma de actuar en público era muy educada y con rostro serio. Reformó todas las directrices de la época, vestido con vaqueros, con melena larga, con sombrero y chaleco y cada vez que realizaba un truco, gritaba y ficticiamente tocaba un violín con sus brazos; es decir, era aparentemente un desenfadado, pero era un gran artista haciendo magia.

18 agosto 2026

Juan Tamariz... Magia desde el corazón

Hoy ha muerto Juan Tamariz. Y no es ningún truco o broma a la que nos tenía acostumbrados él. Se ha ido el mago, pero se queda la sonrisa. Gracias por una vida entera de asombro, de humor limpio y de alegría contagiosa. Hoy el mundo está un poco más vacío… pero seguro que ya está en algún lugar con se peculiar gesto de tocar un violín al grito de "chaaaan, tachaaaan, tatatachaaaan"...

Juan Tamariz... Magia desde el corazón

Entre mi colección de barajas de cartas figura una dedicada a Juan Tamariz: Magia desde el corazón. 

En el estuche y dorsos de los naipes destacan como elementos de diseño el color morado —el preferido por Tamariz—, un sombrero de copa, la música, arañas con sus telarañas, palos de la baraja suspendidos en el aire, el clásico violín y su firma en tipografía manuscrita.  

Entre los naipes, destaca particularmente un as de picas personalizado con la silueta del propio Tamariz, así como una jota de corazones —su carta favorita— con su cara. 

En su honor, en un día tan señalado como hoy, saco de la estantería esta baraja de edición limitads como agradecimiento por enseñarme a ver la magia con ojos de niño.

Ramón Alfil 

Descripción ampliada de la baraja 

Juan Carlos Ruiz y su hija Ainhoa, amigos y colaboradores de este blog, regentan el Museo del Naipe en Oropesa del Mar (Castellón). Nadie mejor que ellos para dar una descripción ampliada de esta baraja para coleccionistas. Y lo hacen desde su pagina web naipecoleccion.com. 


REFERENCIAS

Fotos: Ramón Alfil. 

Colaboración: Museo del Naipe y naipecoleccion.

10 agosto 2026

España flota a pesar de la política, no gracias a ella

Hay días en que uno mira el país y tiene la sensación de que navega por pura inercia, como esos barcos que avanzan aunque el capitán esté más pendiente de las gaviotas que del timón. España, sus comunidades autónomas y sus municipios parecen sostenerse gracias a una fuerza silenciosa, una especie de gravedad moral que evita que todo se venga abajo. Y esa fuerza, aunque nadie la mencione en los mítines ni en las tertulias, tiene nombre: los tanques de lastre.

En los barcos, los tanques de lastre no son un adorno ni un capricho técnico, son el peso que mantiene la estabilidad, el contrapeso que impide que una mala maniobra acabe en tragedia. No se ven, pero sin ellos cualquier oleaje tumbaría la nave.

En la política ocurre lo mismo. Mientras arriba se suceden los discursos vacíos y encendidos, la corrupción, el nepotismo convertido en rutina, la falta de talento y la inacción, abajo trabajan quienes sostienen la estructura. Técnicos, funcionarios de carrera, profesionales que conocen el oficio y que, sin hacer ruido, corrigen lo que otros estropean, equilibran lo que otros desequilibran y mantienen en pie lo que otros ponen en riesgo. Son los tanques de lastre de la democracia, el peso que impide que la incompetencia política acabe en naufragio. Son la resistencia natural contra la ineptitud y la improvisación. Son el recordatorio de que gobernar no es un acto de inspiración, sino de responsabilidad.

La sociedad se hunde cuando se vacían esos tanques, cuando los puestos se reparten por afinidad y no por mérito, cuando se promociona al servil y se margina al competente. El barco pierde estabilidad no porque falten recursos, sino porque falta peso profesional; falta ese lastre que evita que el país se incline hacia el lado de la propaganda barata, del ruido y del “y tú más”.

España flota, sí; pero flota a pesar de la política, no gracias a ella. Flota porque aún quedan técnicos que sostienen hospitales, juzgados, ayuntamientos, carreteras, escuelas, servicios sociales... Flota porque hay quien mantiene el equilibrio mientras arriba se discute quién tiene la culpa del oleaje.

La meritocracia no es una palabra bonita para discursos institucionales, es el mecanismo que mantiene el barco derecho. Cuando se desprecia o se sustituye por la fidelidad partidista, el barco empieza a escorarse. Y si se sigue vaciando el lastre, llegará un día en que ya no habrá forma de enderezarlo.

Quizá la metáfora de los tanques de lastre sirva para recordar algo sencillo: un país no se sostiene por quienes hablan más alto, sino por quienes trabajan mejor. Y si la política no recupera el respeto por el mérito, el conocimiento y la responsabilidad, el barco acabará boca abajo; no por una tormenta, sino por la ligereza de quienes creen que gobernar es solo cuestión de voluntad.


Ramón Alfil

Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo




REFERENCIAS

Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

27 julio 2026

El doblón del capitán Ahab

Hay páginas que parecen escritas con olor a mar. Este fragmento de El doblón del capitán Ahab que leo hoy pertenece a esa estirpe antigua de palabras que convocan el mar no como escenario, sino como destino. En él late la memoria de los mares, la sombra de los grandes relatos y ese rito inevitable del viaje que convierte cada aventura en una forma de introspección. Arturo Pérez-Reverte evoca aquí la tradición de los navegantes y de los lectores que, desde la infancia, aprendieron que el horizonte es también una pregunta. Por eso lo dejo en "Fragmentos para la eternidad": porque en estas líneas el mar vuelve a ser lo que siempre fue en la literatura, un espejo donde uno se reconoce y, al mismo tiempo, se pierde.

Ramón Alfil

Fragmento de El doblón del capitán Ahab,
del libro "4 Relatos", de Arturo Pérez-Reverte

Se hace tarde, se acaban la ginebra y el tabaco, la luz del quinqué está extinguiéndose y los mosquitos me acribillan vivo. Pero no quiero irme a dormir, caballeros, sin hablarles de la materia principal de la que para mí están hechas las aventuras y los sueños: el mar. No en vano, fíjense, llevo estos cuatro galones dorados en la bocamanga. Más que el aire —nunca me interesó mucho ese medio, aparte Cinco semanas en globo, De la tierra a la luna y alguna historia así, porque mis héroes siempre tuvieron los pies en la tierra o en la movediza cubierta de un barco—, el mar fue siempre desafío y camino, y desde su infancia, asomados a los puertos y a las orillas, los hombres aprendieron a soñar con las cosas remotas que albergan, sin saberlo, en su propio corazón. Hablo de mi propio caso, si me toleran otra referencia personal al respecto. A fin de cuentas, no es casual que la que tal vez es la mejor novela de aventuras empiece con un joven llamado Edmundo Dantés a bordo de un navío llamado Faraón. O que una de las obras cumbres de la literatura universal narre minuciosamente la caza de una ballena. O que la más hermosa historia escrita para jóvenes sea un viaje por mar a la isla de los piratas. Y en todas esas novelas vinculadas al mar, caballeros, más aún que en ningunas otras, se cumple inexorable el gran ritual de la literatura, de la aventura y de la vida: el viaje peligroso mediante el que, quien se atreve a emprenderlo, progresa en el conocimiento de sí mismo y del mundo en el que vive.

REFERENCIAS 
literaturaymar_adl
Imagen basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

28 junio 2026

A la sombra de una morera

El bochorno había empezado antes de que el sol asomara del todo. Era ese calor espeso que no avisa, que se instala en la piel como si quisiera quedarse a vivir en ella. En el entorno no se movía ni una hoja, salvo las de la morera, que siempre parecía tener su propio ritmo, ajena a los caprichos del tiempo.

La morera era vieja, de copa ancha, de esas que ya han visto demasiados veranos como para sorprenderse por uno más. Su sombra caía redonda, generosa, como un mantel extendido para quien quisiera refugiarse. Y allí, justo en el centro, estaba el hombre.

Había colocado su sillita baja con la precisión de quien conoce el lugar desde hace años. A su lado, el botijo sudaba despacio por fuera, como si también soportara el calor. El transistor, de los de toda la vida, con su antena algo torcida, dejaba escapar un bolero de Los Panchos. La música sonaba un poco apagada, como si viniera desde muy lejos, quizá desde algún verano antiguo que el hombre recordaba sin decirlo.

Marcaba el ritmo con el pie, apenas un gesto, como si el bolero le estuviera acompañando más que entreteniendo. No había prisa en él. Tampoco tristeza. Solo esa melancolía suave que tienen los días de mucho calor, cuando uno se sienta a la sombra y deja que el tiempo pase sin pedirle nada.

De vez en cuando levantaba la vista y miraba el cielo, no para buscar nubes —que no había—, sino como quien agradece un amanecer, aunque sea así, pegajoso y tórrido. La morera, cómplice, le regalaba su sombra. Y desde una de sus ramas, un gorrión lanzó unos trinos breves, como si quisiera sumarse al bolero.

El hombre sonrió apenas. Era una sonrisa pequeña, casi secreta, de esas que solo se ven cuando uno está en paz consigo mismo. Quizá recordaba otros veranos, otras sombras, otros boleros. O quizá no recordaba nada y simplemente estaba ahí, dejando que el día hiciera lo que quisiera.

La escena era sencilla, pero tenía esa belleza que solo aparece cuando nadie la busca: un hombre, una morera, un bolero, un gorrión. Un pedazo de vida detenido, como si el verano hubiera decidido, por un momento, no seguir avanzando, de esos que pasan desapercibidos para todos menos para quien sabe mirar.

Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo




REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

20 junio 2026

El latido que se hizo esperar

El zeta avanzaba despacio por una de las calles de la ciudad, como si la tarde se hubiera quedado atascada en un silencio espeso. La pareja de agentes de la Policía Nacional —Serrano y Aguilar— llevaba ya demasiadas horas patrullando entre discusiones vecinales, denuncias absurdas y esa fauna urbana que parece empeñada en desgastar la paciencia. Nada hacía presagiar que aquel turno rutinario estaba a punto de quebrarse.

Al girar la esquina, vieron un pequeño tumulto. Un círculo de personas rodeaba a un hombre tendido en el suelo. Algunos gritaban, otros lloraban, otros simplemente miraban sin saber qué hacer. Serrano frenó en seco. Aguilar ya estaba fuera del coche antes de que el motor se apagara.

—Aparten, por favor —ordenó Serrano, abriéndose paso.

El hombre yacía inmóvil, la piel cenicienta, los labios amoratados. No respiraba. Aguilar se arrodilló junto a él y comprobó el pulso. Nada. Ni un hilo, ni un susurro de vida.

—RCP —dijo, sin levantar la vista.

Serrano se colocó a su lado. Aguilar entrelazó las manos y comenzó las compresiones, firmes, constantes, marcando un ritmo que parecía golpear también el aire alrededor. La multitud guardó un silencio reverencial, como si cada presión fuera una plegaria.

A los pocos segundos, Serrano tomó el relevo. Se turnaban sin hablar, sin pensarlo, como si sus cuerpos supieran lo que había que hacer antes que sus mentes. El sudor les corría por la frente. El tiempo se había vuelto una sustancia espesa, interminable.

Un ruego suspendido entre la vida y la nada. 
Como si aquel cuerpo les pidiera que no lo dejaran ir.

En algún momento, mientras presionaba el pecho del hombre, Serrano creyó ver algo en su rostro. No un gesto consciente —sabía que estaba inconsciente—, sino una especie de súplica muda, un ruego suspendido entre la vida y la nada. Como si aquel cuerpo, aun sin voz, les pidiera que no lo dejaran ir. Aguilar también lo notó: una tensión mínima en la mandíbula, un temblor casi imperceptible en los párpados. Señales que quizá no significaban nada… o quizá lo significaban todo.

—Aguante, caballero… —murmuró Aguilar, sin saber si le oía.

Las sirenas se escucharon a lo lejos. Los sanitarios llegaron corriendo, desplegando material, tomando el control con la precisión de quien pelea cada día contra la muerte. Los policías se apartaron, jadeando, con las manos temblorosas. Vieron cómo conectaban electrodos, cómo administraban oxígeno, cómo el cuerpo del hombre respondía con un leve espasmo.

El latido...

Y entonces, un pitido. Un latido. Uno solo. Luego otro. Y otro.

Los sanitarios se miraron y asintieron. Había esperanza.

—Le habéis salvado la vida, sin vuestra reanimación cardiopulmonar no lo hubiéramos recuperado… —dijo el médico a los policías.

Serrano y Aguilar se quedaron quietos, como si no supieran qué hacer con la adrenalina que aún les recorría el pecho. Luego se miraron. No dijeron nada. No hacía falta. Se abrazaron con fuerza, un abrazo breve pero lleno de esa emoción que rara vez se permite en su oficio. Entre tanta miseria diaria, entre tanta chusma, de vez en cuando la vida les regalaba un instante así. Un instante que justificaba todo lo demás.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

La habitación del hospital estaba en penumbra cuando el hombre abrió los ojos. Primero vio el techo, borroso. Luego, poco a poco, las formas se hicieron nítidas: su mujer, con las manos temblorosas; sus dos hijas pequeñas, abrazadas a la cama, mirándolo como si temieran que desapareciera si parpadeaban.

Él intentó hablar, pero solo le salió un sollozo. Las niñas se echaron sobre él, la mujer le tomó la mano, y el hombre lloró. Lloró por el miedo, por el regreso, por la vida que aún tenía entre los dedos.

No sabía quiénes habían sido los que le devolvieron el latido. Pero en algún lugar de la ciudad, dos policías seguían patrullando, con el uniforme sudado y el alma un poco más llena.


Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo





REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

18 junio 2026

Un bolerito cubano

En el tronco de un árbol una niña
grabó su nombre henchida de placer.
Y el árbol conmovido allá en su seno
a la niña una flor dejó caer.

Yo soy el árbol conmovido y triste,
tú eres la niña que mi tronco hirió.
Yo guardo siempre tu querido nombre,
¿y tú qué has hecho de mi pobre flor?

La letra de este bolero o trova cubana, refinada y de buen gusto, es breve como un suspiro, pero contiene una enorme sensibilidad literaria. Con apenas unas líneas, se convierte en una coronación poderosa sobre el amor, la memoria y la responsabilidad afectiva.

Es interpretado al piano en el vídeo que acompaña a estas líneas en la entrevista a Emilio Aragón desde el proyecto Aprendemos juntos, "una iniciativa de BBVA para dar voz a las mentes más brillantes, que con sus historias inspiradoras nos invitan a avanzar y construir un mundo mejor". Ante la pregunta de una espectadora, se sienta al piano y toca este bolerito cubano. No está simplemente ejecutando la pieza musical, está recordando... La música aparece siempre en Emilio Aragón como un puente entre generaciones, un idioma que no envejece. Su gesto es íntimo, como si abriera una ventana a su infancia.

Hay entrevistas que no informan: acompañan. La conversación de Emilio Aragón en Aprendemos juntos pertenece a esa categoría rara en la que un artista habla sin prisa, sin máscara y sin necesidad de demostrar nada. Lo que emerge no es un discurso, sino una mirada sobre la vida: la memoria como refugio, la creatividad como forma de estar en el mundo y la vulnerabilidad como un acto de valentía.

El autor de este bolero o trova, titulado "¿Y tú que has hecho?" es Eusebio Delfín Figueroa (1893–1965). Según él mismo escribió en 1958, "la inspiración surgió al ver un viejo árbol con un nombre grabado, me llevó a imaginar la historia que luego convertí en canción".



Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo


REFERENCIAS
Algunos datos han sido seleccionados de fuentes públicas sobre Eusebio Delfín (biografías musicales, archivos de la trova cubana y estudios sobre la canción tradicional).

Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

07 junio 2026

La botella de Pepsi en manos de Marcos de Quinto, presidente de Coca‑Cola: una lección magistral de marketing inverso

En abril de 2010, durante el evento Hoy es Marketing organizado por ESIC Business & Marketing School, Marcos de Quinto —entonces presidente de Coca‑Cola Iberia— protagonizó uno de los gestos más comentados del marketing español contemporáneo: subió al escenario sosteniendo una botella de Pepsi. No era un error. No era una provocación gratuita. Era una clase magistral de estrategia en un  auditorio lleno de profesionales del marketing.

En una conferencia de 42 minutos, Marcos de Quinto dejó boquiabiertos y desconcertados a todos los asistentes cuando en el minuto 16 sacó de debajo del podio una botella de Pepsi Cola y la mantuvo en la mano mientras desarrollaba la ponencia con total naturalidad. Un minuto después quitó el tapón; pasados unos instantes, se la acercó a los labios simulando que iba a beber, pero no la probó. Repitió la acción de beber un minuto antes del final, pero no probó sorbo. 

Ese gesto valiente funcionó como ejemplo de marketing inverso: hablar del competidor para reforzar tu propia marca. Así mismo, condensaba una idea poderosa: “La competencia no es el enemigo: es el motor que mantiene viva la categoría”. Demostró mucha seguridad, solo una marca fuerte puede permitirse el lujo de mostrar a su rival. 

Que el presidente de Coca‑Cola sostuviera una Pepsi rompió el guion; al sacarla dejó a la audiencia en un silencio total; de haber una mosca en el ambiente se hubiera oído el zumbido agudo que emite al volar.

Marcos de Quinto no habló de Coca‑Cola, habló de cómo se construye una marca líder. Y lo hizo usando a Pepsi como herramienta pedagógica. Genio y figura...



Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo

01 junio 2026

El retrato de su señor

La joven criada se inclinaba cada día sobre el retrato de su señor como si temiera que el aire pudiera borrar aquel rostro que contemplaba.

Las cortinas del cuarto filtraban la luz con un tono dorado y antiguo. En esa penumbra pensaba que nadie la podía ver y su secreto estaría guardado. 

Pasaba el plumero con sumo cuidado. Sus manos, acostumbradas al trabajo rudo y no a la ternura, rozaban con mucha delicadeza el marco, como si temiera profanar algo sagrado.

Cada día repetía el mismo ritual: acercarse, contemplar, anhelar… y marcharse antes de que alguien pufiera sorprenderla y descubrir lo que ni ella misma se atrevía a admitir: un amor silencioso, condenado a lo imposible y que solo encontraba refugio en la quietud del retrato de su señor.

Relato corto basado en una obra del pintor italiano Tito Conti (1842-1924)


Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo

12 mayo 2026

Un cielo empedrado

Un alto en el paseo para disfrutar el momento
El horizonte se ha fragmentado en incontables escamas de algodón, en un cielo empedrado que parece el telón del cielo. Bajo esa cúpula de altocúmulos, la tierra se asoma con vértigo al azul profundo, donde las olas rompen con insistencia contra el acantilado. Entre las rocas, la vida se aferra con una pincelada silvestre; ramas secas que apuntan al infinito como dedos de madera, escoltadas por hojas y flores rojizas 
El tiempo se detiene entre la quietud del mar Mediterráneo y el desorden perfecto del cielo. 

Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo 


REFERENCIAS
Fotografía: Ramón Alfil (colección nubes).
Oropesa del Mar (Castellón), entre la bahía de La Concha y el faro.
rinconesmarinos_adl   fotosymar_adl   literaturaymar_adl

06 mayo 2026

El As de Picas: fiscalidad, estandarte del mazo y carta de la muerte

El As de Picas no es una carta más, representa la identidad, la garantía y el emblema de cualquier baraja inglesa; todo un estandarte que conlleva un peso histórico peculiar y un significado que encierra un misterio que la distingue de cualquier naipe.

La carta fiscal


En el siglo XVIII y XIX, los naipes eran un artículo de lujo y una fuente de ingresos muy jugosa para los gobiernos. En el Reino Unido (1711), se impuso una ley que obligaba a pagar un impuesto por cada baraja fabricada.

Para certificar que el fabricante había pagado, el gobierno imprimía ellos mismos el As de Picas con un diseño oficial y muy complejo que incluía el escudo real y el importe del impuesto.

Los fabricantes compraban estos ases al gobierno y los incluían en sus mazos. Sin ese as oficial, la baraja era ilegal.

15 marzo 2026

Elsa Gomis interpreta una sonata para piano del compositor italiano Muzio Clementi

Elsa Gomis tiene actualmente diez años. Tras cuatro años de formación en el Conservatorio del Liceo de Barcelona, cursa hoy el primer curso de Piano Profesional en el Conservatorio de Música de Barcelona. Su progreso ha sido constante y notable: este año ha obtenido el primer premio de Técnica Pianística en el citado centro, un reconocimiento que habla tanto de su talento como de la dedicación que sostiene su aprendizaje.

A su edad, entregarse a la música implica algo más que estudiar un instrumento. Significa crecer en un territorio donde la disciplina convive con la imaginación, donde las horas de estudio se entrelazan con la curiosidad propia de la infancia. Para Elsa, la música es una forma de estar en el mundo: un espacio donde descubre su sensibilidad, su capacidad de esfuerzo y un camino por el que andar. En esa mezcla de juego, rigor y descubrimiento se forjan muchas de las grandes vocaciones artísticas.

Hoy comparte con nosotros su opinión y, además, su interpretación del primer movimiento de la Sonata en Sol mayor, op. 37 n.º 2, del pianista y compositor italiano Muzio Clementi. La grabación corresponde al recital celebrado el pasado 7 de marzo en el Conservatorio de Música de Barcelona, donde Elsa ofreció esta obra ante el público con la naturalidad y la concentración que caracterizan a los jóvenes músicos que empiezan a encontrar su camino.
Ramón Alfil