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20 agosto 2026
Corteza del corazón, de Bere L.M.
27 julio 2026
El doblón del capitán Ahab
Ramón Alfil
Fragmento de El doblón del capitán Ahab,
del libro "4 Relatos", de Arturo Pérez-Reverte
Se hace tarde, se acaban la ginebra y el tabaco, la luz del quinqué está extinguiéndose y los mosquitos me acribillan vivo. Pero no quiero irme a dormir, caballeros, sin hablarles de la materia principal de la que para mí están hechas las aventuras y los sueños: el mar. No en vano, fíjense, llevo estos cuatro galones dorados en la bocamanga. Más que el aire —nunca me interesó mucho ese medio, aparte Cinco semanas en globo, De la tierra a la luna y alguna historia así, porque mis héroes siempre tuvieron los pies en la tierra o en la movediza cubierta de un barco—, el mar fue siempre desafío y camino, y desde su infancia, asomados a los puertos y a las orillas, los hombres aprendieron a soñar con las cosas remotas que albergan, sin saberlo, en su propio corazón. Hablo de mi propio caso, si me toleran otra referencia personal al respecto. A fin de cuentas, no es casual que la que tal vez es la mejor novela de aventuras empiece con un joven llamado Edmundo Dantés a bordo de un navío llamado Faraón. O que una de las obras cumbres de la literatura universal narre minuciosamente la caza de una ballena. O que la más hermosa historia escrita para jóvenes sea un viaje por mar a la isla de los piratas. Y en todas esas novelas vinculadas al mar, caballeros, más aún que en ningunas otras, se cumple inexorable el gran ritual de la literatura, de la aventura y de la vida: el viaje peligroso mediante el que, quien se atreve a emprenderlo, progresa en el conocimiento de sí mismo y del mundo en el que vive.
literaturaymar_adl
Imagen basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).
28 junio 2026
A la sombra de una morera

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
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24 junio 2026
Carta de la mente al corazón
20 junio 2026
El latido que se hizo esperar

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REFERENCIAS
11 junio 2026
La vitalidad del libro en papel frente a las pantallas
10 junio 2026
El límite de la sutura
09 junio 2026
En un libro abierto empieza la revolución
La cultura no avanza a golpes de ruido, sino a pequeños destellos de atención.
Un libro abierto, una melodía suave, una frase que nos obliga a detenernos: ahí empieza siempre la verdadera revolución.
No en la prisa, sino en la pausa.
No en el grito, sino en la mirada que se afina.
Ismael A.
REFERENCIAS
Fotografía: Dariusz Sankowski. Libre de derechos.
01 junio 2026
El retrato de su señor
Las cortinas del cuarto filtraban la luz con un tono dorado y antiguo. En esa penumbra pensaba que nadie la podía ver y su secreto estaría guardado.
Pasaba el plumero con sumo cuidado. Sus manos, acostumbradas al trabajo rudo y no a la ternura, rozaban con mucha delicadeza el marco, como si temiera profanar algo sagrado.
Cada día repetía el mismo ritual: acercarse, contemplar, anhelar… y marcharse antes de que alguien pufiera sorprenderla y descubrir lo que ni ella misma se atrevía a admitir: un amor silencioso, condenado a lo imposible y que solo encontraba refugio en la quietud del retrato de su señor.
Relato corto basado en una obra del pintor italiano Tito Conti (1842-1924)

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12 mayo 2026
Un cielo empedrado

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Oropesa del Mar (Castellón), entre la bahía de La Concha y el faro.
10 mayo 2026
Mabel Lozano profundiza en su cruzada contra la esclavitud que provoca la prostitución en su novela "Ava"
Lo primero, Mabel, estoy encantado con la invitación que me han hecho para asistir a la presentación de tu libro «Ava». ¿Qué va a encontrar el lector en este libro? |
Permanecer sin juzgar al de al lado, sin querer que cambie. Y quedarte, y quedarte porque el amor puede todo eso. Es una historia muy bonita y también es una historia muy dura. |
Habla de las nuevas formas de captación, del nuevo proxenetismo 2.0 y de estas plataformas que banalizan tanto a los chavales y son entradas solapadas a la prostitución de toda la vida. |
28 abril 2026
Dos revólveres enfrentados
10 abril 2026
Anatomía de una bala
05 abril 2026
Descifrando el Barroco (I)
Otros libros: Retales después de la tormenta, Triángulo escaleno y La compañía Batablanca.
REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).
16 marzo 2026
La tiranía del interruptor
08 marzo 2026
Rebeca, una obra maestra
05 marzo 2026
El nombre que se borra
El frío no es una condición del aire, es un animal de dientes finos que devora la superficie de mi piel. Me incorporo con la lentitud de quien teme romperse. La verticalidad es una conquista dolorosa, mis manos, extensiones de un cuerpo que ha olvidado la firmeza, tantean la superficie rugosa en busca de un equilibrio precario. El suelo, una plancha de piedra gris y áspera, me devuelve la indiferencia del mundo mineral. No hay memoria de suavidad, solo la certeza del ángulo recto y la humedad que asciende desde las profundidades del asfalto.
El hambre es el otro habitante de mi soledad. No es un deseo, sino un hueco negro, una presencia física que muerde mis entrañas con la insistencia de un parásito. Mis costillas, peldaños de una escalera que no conduce a ninguna parte, se marcan bajo la superficie de mi cuerpo con cada respiración. Inhalar es un acto de valentía, el aire transporta partículas de óxido, el aliento acre de las máquinas que rugen en la distancia y el rastro rancio de los desperdicios ajenos.
El mundo es una geometría de dimensiones imposibles. Desde mi posición, la realidad se fragmenta en muros de hormigón que se pierden en las nubes, montañas de caucho negro que exhalan vapores tóxicos y pedestales metálicos que custodian banquetes inalcanzables. Existo en el ángulo muerto de la mirada ajena, allí donde las presencias se anuncian antes por su vibración que por su forma. Soy un recolector de impactos, descifro la proximidad del peligro a través de la onda que recorre el pavimento y sacude mis articulaciones, traduciendo cada temblor en una orden de retirada. La luz de la mañana no trae consuelo, es una claridad sucia, un resplandor que rebota en los charcos de aceite brillante, revelando la magnitud de mi desamparo.
25 febrero 2026
El último trayecto
Un sedán negro, con el brillo de una cuchilla recién afilada, emergió del vaho nocturno. No hubo chirrido de frenos, solo un deslizamiento
silencioso sobre el pavimento líquido. La puerta se abrió con un suspiro de vacío neumático.
Fabio se hundió en el asiento trasero. El habitáculo lo recibió con el abrazo de un guante de seda. El olor era extraño: no había rastro de los ambientadores de pino barato que suelen poblar esos cubículos. El aire olía a ozono, a biblioteca antigua y a la tierra mojada que precede a las
tormentas definitivas.
—A la zona alta. Calle Neptuno, cuarenta y cuatro —ordenó Fabio, sin despegar los ojos de su teléfono, cuya pantalla proyectaba un fulgor azulado sobre sus facciones
afiladas.
El motor inició su marcha. No era un rugido, sino un ronroneo profundo que vibraba en
la base del cráneo. El conductor era una silueta de hombros anchos, coronada por una
gorra que proyectaba una sombra impenetrable sobre el espejo retrovisor. Sus
dedos, largos y marmóreos, se posaban sobre el cuero del volante con una delicadeza
sacerdotal.
—Noche larga, ¿verdad? —La voz del taxista era un barítono aterciopelado que parecía emanar de las paredes del coche más que de su propia garganta.
Fabio soltó un bufido de autocomplacencia, guardando el teléfono en el bolsillo interior de su americana.
—Larga y lucrativa. He enterrado a dos competidores antes de la
medianoche. Mañana, sus acciones valdrán menos que el papel en el que están impresas.
—El éxito es un plato que se sirve frío, dicen —comentó el conductor, girando el volante con una parsimonia hipnótica—. Aunque el precio de la vajilla suele ser elevado. ¿Se siente usted satisfecho, señor...?
20 febrero 2026
El estruendo del vacío
Baja a la calle para comprar tabaco y el aire le devuelve una densidad de sudor rancio y escape de gasoil, una atmósfera donde los hombros de los transeúntes golpean los suyos en la acera estrecha sin que nadie pida perdón, mientras la mujer del quiosco habla por teléfono y le entrega el cambio con una desgana que se manifiesta en un zumbido nasal perceptible hasta en sus encías. Regresa a su portal, sube las escaleras impregnadas de un olor a col hervida que parece adherirse a las paredes y se encierra en su dormitorio, tumbándose en la cama con la almohada presionando sus oídos para registrar, como último estímulo, el estruendo de un avión que atraviesa el cielo nocturno y rasga la oscuridad con una violencia sónica definitiva.
18 febrero 2026
El gato del puerto

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