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28 junio 2026

A la sombra de una morera

El bochorno había empezado antes de que el sol asomara del todo. Era ese calor espeso que no avisa, que se instala en la piel como si quisiera quedarse a vivir en ella. En el entorno no se movía ni una hoja, salvo las de la morera, que siempre parecía tener su propio ritmo, ajena a los caprichos del tiempo.

La morera era vieja, de copa ancha, de esas que ya han visto demasiados veranos como para sorprenderse por uno más. Su sombra caía redonda, generosa, como un mantel extendido para quien quisiera refugiarse. Y allí, justo en el centro, estaba el hombre.

Había colocado su sillita baja con la precisión de quien conoce el lugar desde hace años. A su lado, el botijo sudaba despacio por fuera, como si también soportara el calor. El transistor, de los de toda la vida, con su antena algo torcida, dejaba escapar un bolero de Los Panchos. La música sonaba un poco apagada, como si viniera desde muy lejos, quizá desde algún verano antiguo que el hombre recordaba sin decirlo.

Marcaba el ritmo con el pie, apenas un gesto, como si el bolero le estuviera acompañando más que entreteniendo. No había prisa en él. Tampoco tristeza. Solo esa melancolía suave que tienen los días de mucho calor, cuando uno se sienta a la sombra y deja que el tiempo pase sin pedirle nada.

De vez en cuando levantaba la vista y miraba el cielo, no para buscar nubes —que no había—, sino como quien agradece un amanecer, aunque sea así, pegajoso y tórrido. La morera, cómplice, le regalaba su sombra. Y desde una de sus ramas, un gorrión lanzó unos trinos breves, como si quisiera sumarse al bolero.

El hombre sonrió apenas. Era una sonrisa pequeña, casi secreta, de esas que solo se ven cuando uno está en paz consigo mismo. Quizá recordaba otros veranos, otras sombras, otros boleros. O quizá no recordaba nada y simplemente estaba ahí, dejando que el día hiciera lo que quisiera.

La escena era sencilla, pero tenía esa belleza que solo aparece cuando nadie la busca: un hombre, una morera, un bolero, un gorrión. Un pedazo de vida detenido, como si el verano hubiera decidido, por un momento, no seguir avanzando, de esos que pasan desapercibidos para todos menos para quien sabe mirar.

Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
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REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

25 junio 2026

Desratizador natural

No hay mejor forma de combatir las plagas que tener a este simpático vecino viviendo en nuestros campos de naranjos.

Desratizador natural / Foto: David Talens
Clic en la foto para ampliar y ver con más detalle

David Talens
Doctor en Biotecnología, investigador y aficionado a la fotografía.
Flickr de David Talens 
Instagram

24 junio 2026

Carta de la mente al corazón


Guadalupe Flores Téllez es un joven estudiante en el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos CECYTE Jalisco en el Plantel Santa Anita. Apasionado por la poesía, no dudó en usar un espacio que le fue ofrecido para declamar un poema de su autoría delante de sus compañeros. Hay que ser muy valiente y, en pago a ese valor, me decidí a invitarle a publicar su primer poema.

Y aquí lo tenemos, lo cual me hace sentir orgulloso de que las nuevas generaciones quieran seguir creando nuevos caminos a la literatura. En este caso, a la poesía.

Al alumno Guadalupe lo conocí en su centro de estudios. Yo andaba por México porque habíamos ido un grupo de escritores desde las Islas Canarias a presentar el libro de antología «Charlas de café (Internacional)» junto a otros autores mexicanos. Por intercesión de la editorial Proyección Literaria y la gestora cultural Banny Mejía, pudimos recorrer varios municipios impartiendo charlas. Recuerdo que ese día fue especialmente duro. Cada uno de nosotros dio varias conferencias en la mañana, disgregados por varios centros. Por la tarde, todos juntos, hicimos una sesión en el CECYTE Jalisco. Fue mágico.

En un momento en que alguna de nuestras autoras leyó un poema, invitó a que alguno de los espectadores se lanzara a leer alguno, si lo tenían. Guadalupe se lanzó y nos leyó su poema. Todos aplaudieron. A mí me emocionó su atrevimiento e, instintivamente, supe que eso debería tener algún premio. Lo que me salió fue arrancarme a invitarle a publicar uno en mi blog. Después de un tiempo de trabajo, aquí les mostramos su obra.

Espero que sea la primera de muchas. Lo presiento.

20 junio 2026

El latido que se hizo esperar

El zeta avanzaba despacio por una de las calles de la ciudad, como si la tarde se hubiera quedado atascada en un silencio espeso. La pareja de agentes de la Policía Nacional —Serrano y Aguilar— llevaba ya demasiadas horas patrullando entre discusiones vecinales, denuncias absurdas y esa fauna urbana que parece empeñada en desgastar la paciencia. Nada hacía presagiar que aquel turno rutinario estaba a punto de quebrarse.

Al girar la esquina, vieron un pequeño tumulto. Un círculo de personas rodeaba a un hombre tendido en el suelo. Algunos gritaban, otros lloraban, otros simplemente miraban sin saber qué hacer. Serrano frenó en seco. Aguilar ya estaba fuera del coche antes de que el motor se apagara.

—Aparten, por favor —ordenó Serrano, abriéndose paso.

El hombre yacía inmóvil, la piel cenicienta, los labios amoratados. No respiraba. Aguilar se arrodilló junto a él y comprobó el pulso. Nada. Ni un hilo, ni un susurro de vida.

—RCP —dijo, sin levantar la vista.

Serrano se colocó a su lado. Aguilar entrelazó las manos y comenzó las compresiones, firmes, constantes, marcando un ritmo que parecía golpear también el aire alrededor. La multitud guardó un silencio reverencial, como si cada presión fuera una plegaria.

A los pocos segundos, Serrano tomó el relevo. Se turnaban sin hablar, sin pensarlo, como si sus cuerpos supieran lo que había que hacer antes que sus mentes. El sudor les corría por la frente. El tiempo se había vuelto una sustancia espesa, interminable.

Un ruego suspendido entre la vida y la nada. 
Como si aquel cuerpo les pidiera que no lo dejaran ir.

En algún momento, mientras presionaba el pecho del hombre, Serrano creyó ver algo en su rostro. No un gesto consciente —sabía que estaba inconsciente—, sino una especie de súplica muda, un ruego suspendido entre la vida y la nada. Como si aquel cuerpo, aun sin voz, les pidiera que no lo dejaran ir. Aguilar también lo notó: una tensión mínima en la mandíbula, un temblor casi imperceptible en los párpados. Señales que quizá no significaban nada… o quizá lo significaban todo.

—Aguante, caballero… —murmuró Aguilar, sin saber si le oía.

Las sirenas se escucharon a lo lejos. Los sanitarios llegaron corriendo, desplegando material, tomando el control con la precisión de quien pelea cada día contra la muerte. Los policías se apartaron, jadeando, con las manos temblorosas. Vieron cómo conectaban electrodos, cómo administraban oxígeno, cómo el cuerpo del hombre respondía con un leve espasmo.

El latido...

Y entonces, un pitido. Un latido. Uno solo. Luego otro. Y otro.

Los sanitarios se miraron y asintieron. Había esperanza.

—Le habéis salvado la vida, sin vuestra reanimación cardiopulmonar no lo hubiéramos recuperado… —dijo el médico a los policías.

Serrano y Aguilar se quedaron quietos, como si no supieran qué hacer con la adrenalina que aún les recorría el pecho. Luego se miraron. No dijeron nada. No hacía falta. Se abrazaron con fuerza, un abrazo breve pero lleno de esa emoción que rara vez se permite en su oficio. Entre tanta miseria diaria, entre tanta chusma, de vez en cuando la vida les regalaba un instante así. Un instante que justificaba todo lo demás.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

La habitación del hospital estaba en penumbra cuando el hombre abrió los ojos. Primero vio el techo, borroso. Luego, poco a poco, las formas se hicieron nítidas: su mujer, con las manos temblorosas; sus dos hijas pequeñas, abrazadas a la cama, mirándolo como si temieran que desapareciera si parpadeaban.

Él intentó hablar, pero solo le salió un sollozo. Las niñas se echaron sobre él, la mujer le tomó la mano, y el hombre lloró. Lloró por el miedo, por el regreso, por la vida que aún tenía entre los dedos.

No sabía quiénes habían sido los que le devolvieron el latido. Pero en algún lugar de la ciudad, dos policías seguían patrullando, con el uniforme sudado y el alma un poco más llena.


Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
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REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

18 junio 2026

Un bolerito cubano

En el tronco de un árbol una niña
grabó su nombre henchida de placer.
Y el árbol conmovido allá en su seno
a la niña una flor dejó caer.

Yo soy el árbol conmovido y triste,
tú eres la niña que mi tronco hirió.
Yo guardo siempre tu querido nombre,
¿y tú qué has hecho de mi pobre flor?

La letra de este bolero o trova cubana, refinada y de buen gusto, es breve como un suspiro, pero contiene una enorme sensibilidad literaria. Con apenas unas líneas, se convierte en una coronación poderosa sobre el amor, la memoria y la responsabilidad afectiva.

Es interpretado al piano en el vídeo que acompaña a estas líneas en la entrevista a Emilio Aragón desde el proyecto Aprendemos juntos, "una iniciativa de BBVA para dar voz a las mentes más brillantes, que con sus historias inspiradoras nos invitan a avanzar y construir un mundo mejor". Ante la pregunta de una espectadora, se sienta al piano y toca este bolerito cubano. No está simplemente ejecutando la pieza musical, está recordando... La música aparece siempre en Emilio Aragón como un puente entre generaciones, un idioma que no envejece. Su gesto es íntimo, como si abriera una ventana a su infancia.

Hay entrevistas que no informan: acompañan. La conversación de Emilio Aragón en Aprendemos juntos pertenece a esa categoría rara en la que un artista habla sin prisa, sin máscara y sin necesidad de demostrar nada. Lo que emerge no es un discurso, sino una mirada sobre la vida: la memoria como refugio, la creatividad como forma de estar en el mundo y la vulnerabilidad como un acto de valentía.

El autor de este bolero o trova, titulado "¿Y tú que has hecho?" es Eusebio Delfín Figueroa (1893–1965). Según él mismo escribió en 1958, "la inspiración surgió al ver un viejo árbol con un nombre grabado, me llevó a imaginar la historia que luego convertí en canción".



Ramón Alfil
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REFERENCIAS
Algunos datos han sido seleccionados de fuentes públicas sobre Eusebio Delfín (biografías musicales, archivos de la trova cubana y estudios sobre la canción tradicional).

Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

10 junio 2026

El límite de la sutura

La luz del amanecer entraba en la habitación con un tono grisáceo y pálido. Era una claridad sucia, filtrada por unas cortinas de terciopelo que habían visto pasar demasiadas transacciones sin nombre. Malena se encontraba sentada en el borde de la cama, de espaldas al hombre, sintiendo cómo el frío del aire acondicionado le erizaba el vello de la nuca. El silencio era un zumbido eléctrico, una presión en los oídos que la obligaba a concentrarse en el sonido de su propia respiración.

A sus pies, sus botas de cuero negro brillaban con un fulgor arrogante. Se las puso con una lentitud ceremonial. Con cada tirón de la cremallera sentía que se alejaba un poco más de lo que había pasado.

—¿Cuándo vuelvo a verte? —La voz del hombre, un tal Mauricio, cuyo apellido ella había olvidado en cuanto lo leyó en la reserva, sonó espesa, cargada de una gratitud que Malena encontraba repulsiva.

Ella no respondió de inmediato. Se puso de pie y buscó su sujetador entre las sábanas revueltas. El gesto de buscar su ropa entre los restos del naufragio sexual la hacía sentir como una arqueóloga de su propia desgracia.

—No lo sé. Tengo mucho lío esta semana —dijo finalmente. Su voz era un bisturí: aséptica, precisa, diseñada para no dejar margen a la réplica.

Mauricio se incorporó, dejando al descubierto un torso que empezaba a ceder a la gravedad. Era un hombre poderoso en su despacho, un tipo que firmaba contratos millonarios, pero allí, bajo la luz cruda de las siete de la mañana, no era más que un amasijo de inseguridades envuelto en sábanas de quinientos hilos. Se rascó la perilla grisácea y buscó su billetera en la mesilla de noche.

09 junio 2026

En un libro abierto empieza la revolución

La cultura no avanza a golpes de ruido, sino a pequeños destellos de atención.

Un libro abierto, una melodía suave, una frase que nos obliga a detenernos: ahí empieza siempre la verdadera revolución.

No en la prisa, sino en la pausa.

No en el grito, sino en la mirada que se afina.

Ismael A.

REFERENCIAS

Fotografía: Dariusz Sankowski. Libre de derechos. 

08 junio 2026

Analizando “Magnifica humanitas”, la primera encíclica de León XIV

«No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos» (Tolkien, 1954/1993, p. 55).

No es ninguna novedad indicar que habitamos una época deslumbrada por el fulgor del silicio y atravesada por un tiempo donde la conciencia humana parece dispuesta a abdicar de su trono para entregarlo a la fría precisión de las máquinas. ¿No siente usted, querido lector, el sutil deslizamiento de nuestra propia autonomía en cada pantalla que acaricia con resignación? Frente a esta claudicación silenciosa irrumpe la publicación de la encíclica “Magnifica humanitas” del Papa León XIV, un texto que supera las expectativas de un simple documento pastoral, proponiéndonos un auténtico giro ontológico.

El pontífice nos arrincona contra un dilema que debería desgarrar nuestra complacencia posmoderna al obligarnos a elegir entre dos destinos históricos excluyentes. Como advierte solemnemente el inicio de su carta, “la magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (León XIV, 2026, párr. 1). El presente que transitamos juntos está enfermo de certezas artificiales e intoxicado por flujos de datos inabarcables, por lo que en este letargo la tarea de la filosofía debe ser un martillo que quiebre el espejo de nuestra propia vanidad (y pereza) tecnológica.

Ahora bien, sondear las profundidades de este replanteamiento ético exige apartar la mirada de la ingenua fascinación que nos provoca la IA y retornar a la raíz material de nuestra condición. La filosofía contemporánea nos viene avisando sobre los peligros de esta deslocalización existencial, sobre todo a partir de Byung-Chul Han, quien en su obra “No cosas: quiebres del mundo de hoy” nos dice que “la digitalización desmaterializa y descorporeiza el mundo” (Han, 2021, p. 13), arrancándonos de la gravedad de la tierra para arrojarnos a un océano de información donde el dolor ajeno se vuelve prácticamente imperceptible.

07 junio 2026

La botella de Pepsi en manos de Marcos de Quinto, presidente de Coca‑Cola: una lección magistral de marketing inverso

En abril de 2010, durante el evento Hoy es Marketing organizado por ESIC Business & Marketing School, Marcos de Quinto —entonces presidente de Coca‑Cola Iberia— protagonizó uno de los gestos más comentados del marketing español contemporáneo: subió al escenario sosteniendo una botella de Pepsi. No era un error. No era una provocación gratuita. Era una clase magistral de estrategia en un  auditorio lleno de profesionales del marketing.

En una conferencia de 42 minutos, Marcos de Quinto dejó boquiabiertos y desconcertados a todos los asistentes cuando en el minuto 16 sacó de debajo del podio una botella de Pepsi Cola y la mantuvo en la mano mientras desarrollaba la ponencia con total naturalidad. Un minuto después quitó el tapón; pasados unos instantes, se la acercó a los labios simulando que iba a beber, pero no la probó. Repitió la acción de beber un minuto antes del final, pero no probó sorbo. 

Ese gesto valiente funcionó como ejemplo de marketing inverso: hablar del competidor para reforzar tu propia marca. Así mismo, condensaba una idea poderosa: “La competencia no es el enemigo: es el motor que mantiene viva la categoría”. Demostró mucha seguridad, solo una marca fuerte puede permitirse el lujo de mostrar a su rival. 

Que el presidente de Coca‑Cola sostuviera una Pepsi rompió el guion; al sacarla dejó a la audiencia en un silencio total; de haber una mosca en el ambiente se hubiera oído el zumbido agudo que emite al volar.

Marcos de Quinto no habló de Coca‑Cola, habló de cómo se construye una marca líder. Y lo hizo usando a Pepsi como herramienta pedagógica. Genio y figura...



Ramón Alfil
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01 junio 2026

El retrato de su señor

La joven criada se inclinaba cada día sobre el retrato de su señor como si temiera que el aire pudiera borrar aquel rostro que contemplaba.

Las cortinas del cuarto filtraban la luz con un tono dorado y antiguo. En esa penumbra pensaba que nadie la podía ver y su secreto estaría guardado. 

Pasaba el plumero con sumo cuidado. Sus manos, acostumbradas al trabajo rudo y no a la ternura, rozaban con mucha delicadeza el marco, como si temiera profanar algo sagrado.

Cada día repetía el mismo ritual: acercarse, contemplar, anhelar… y marcharse antes de que alguien pufiera sorprenderla y descubrir lo que ni ella misma se atrevía a admitir: un amor silencioso, condenado a lo imposible y que solo encontraba refugio en la quietud del retrato de su señor.

Relato corto basado en una obra del pintor italiano Tito Conti (1842-1924)


Ramón Alfil
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21 mayo 2026

No, no todas las opiniones son respetables

Nuestra cultura ha entronizado un principio que me parece letal: “Todas las opiniones son respetables”. Es una solemne estupidez. Las personas son respetables, pero las opiniones deben ganarse el respeto a través de las pruebas, de las razones, de la veracidad o de su utilidad» (Marina, 2004, p. 112).

Lamentablemente, nos hemos habituado a caminar sobre un suelo de vidrio, temerosos de que el sonido de una contradicción quiebre la frágil paz de la convivencia posmoderna. Existe un virus silencioso, una suerte de patología de la inteligencia, que se ha infiltrado en nuestras aulas, en nuestras tertulias y en el núcleo mismo de nuestra vida política. Se trata de la creencia de que todas las opiniones, por el solo hecho de ser enunciadas, gozan de una aureola de respetabilidad sagrada. Esta idea, bajo un disfraz de tolerancia parece proteger la democracia, pero, en realidad, es su mayor enemigo. Cuando afirmamos que todas las opiniones valen lo mismo, estamos decretando, en la práctica, que todas valen nada.

¿Desde cuándo el derecho a tener una creencia otorga a dicha creencia una inmunidad diplomática frente a la verdad? Es fundamental que nos detengamos a diseccionar esta confusión terminológica que hoy parece la norma. La libertad de expresión y la libertad de culto son derechos inalienables que protegen a los individuos, es decir, al sujeto de derecho, pero jamás al contenido semántico de lo que ese sujeto expresa. Un ciudadano tiene el derecho legal de afirmar que la Tierra es plana o que el odio al diferente es una virtud, y el Estado no debería encarcelarlo por ello. Sin embargo, ese mismo derecho no obliga a la sociedad ni a la academia a otorgar a tales despropósitos un lugar en la mesa de la racionalidad. Al confundir el respeto a la persona con el respeto a su opinión, estamos desarmando nuestra capacidad de juicio y entregando las llaves del bien común a la arbitrariedad más absoluta.

12 mayo 2026

Un cielo empedrado

Un alto en el paseo para disfrutar el momento
El horizonte se ha fragmentado en incontables escamas de algodón, en un cielo empedrado que parece el telón del cielo. Bajo esa cúpula de altocúmulos, la tierra se asoma con vértigo al azul profundo, donde las olas rompen con insistencia contra el acantilado. Entre las rocas, la vida se aferra con una pincelada silvestre; ramas secas que apuntan al infinito como dedos de madera, escoltadas por hojas y flores rojizas 
El tiempo se detiene entre la quietud del mar Mediterráneo y el desorden perfecto del cielo. 

Ramón Alfil
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REFERENCIAS
Fotografía: Ramón Alfil (colección nubes).
Oropesa del Mar (Castellón), entre la bahía de La Concha y el faro.
rinconesmarinos_adl   fotosymar_adl   literaturaymar_adl

10 mayo 2026

Mabel Lozano profundiza en su cruzada contra la esclavitud que provoca la prostitución en su novela "Ava"

La directora manchega Mabel Lozano profundiza en su cruzada contra la esclavitud que provoca la prostitución en su novela «Ava», una ampliación de su cortometraje homónimo con el que ganó el Goya al mejor Corto Documental 2024.

Pues, gracias a mi querida amiga Begoña Vera, tuve oportunidad de conocer y de profundizar en la obra de Mabel Lozano. Un regalo que algún día le pagaré en cañas. Viendo lo involucrada que está, en cuerpo y alma, con la causa de la explotación sexual, me vi en la necesidad de ayudar en la medida en la que mis posibilidades me permiten. Y de allí a aquí, unos buenos ratos compartidos la otra tarde para hacer esta entrevista. Como buena manchega (igual que mi mamá), congeniamos desde el principio con ese don de gentes que tienen en los genes los lugareños de esas tierras quijotescas.

Mabel vino a las Islas Canarias a promocionar su novela «Ava» en el Castillo de Mata de la capital grancanaria, ganadora del premio Letras del Mediterráneo 2025 que organiza la Diputación de Castellón en el apartado de Novela Negra. Está publicada por la editorial Alrevés y es como una especie de ampliación del cortometraje de mismo título con el que se alzó con la estatuilla del Goya al Mejor Cortometraje Documental. Es una película de 18 minutos en la que aborda el sinsentido de la trata y explotación sexual a mujeres con discapacidad intelectual. Tienen que verlo.

Lo primero, Mabel, estoy encantado con la invitación que me han hecho para asistir a la presentación de tu libro «Ava». ¿Qué va a encontrar el lector en este libro?

Pues va a encontrar una historia de amor preciosa entre mujeres, sororidad, lazos preciosos.

Permanecer sin juzgar al de al lado, sin querer que cambie. Y quedarte, y quedarte porque el amor puede todo eso. Es una historia muy bonita y también es una historia muy dura.

Habla de las nuevas formas de captación, del nuevo proxenetismo 2.0 y de estas plataformas que banalizan tanto a los chavales y son entradas solapadas a la prostitución de toda la vida.

06 mayo 2026

El As de Picas: fiscalidad, estandarte del mazo y carta de la muerte

El As de Picas no es una carta más, representa la identidad, la garantía y el emblema de cualquier baraja inglesa; todo un estandarte que conlleva un peso histórico peculiar y un significado que encierra un misterio que la distingue de cualquier naipe.

La carta fiscal


En el siglo XVIII y XIX, los naipes eran un artículo de lujo y una fuente de ingresos muy jugosa para los gobiernos. En el Reino Unido (1711), se impuso una ley que obligaba a pagar un impuesto por cada baraja fabricada.

Para certificar que el fabricante había pagado, el gobierno imprimía ellos mismos el As de Picas con un diseño oficial y muy complejo que incluía el escudo real y el importe del impuesto.

Los fabricantes compraban estos ases al gobierno y los incluían en sus mazos. Sin ese as oficial, la baraja era ilegal.

05 mayo 2026

Alba en el alcachofar

Llevo unos 12 años haciendo fotos… Mira que he hecho salidas de sol, pero ¿en un campo de alcachofas? ¡La primera!

Alba en el alcachofar / Foto: David Talens
Clic en la foto para ampliar y ver con más detalle

David Talens
Doctor en Biotecnología, investigador y aficionado a la fotografía.
Flickr de David Talens 
Instagram

04 mayo 2026

El triángulo de la primavera


El Triángulo de la Primavera es una de esas figuras celestes que, sin ser una constelación oficial ni un asterismo tan mediático como el Triángulo de Verano, encierra una profunda idea de que el cielo nocturno puede organizarse en geometrías invisibles que solo existen en la mente humana, pero que nos ayudan a comprender el orden aparente del cosmos.

Este triángulo no está dibujado en el firmamento como una estructura rígida, sino que se forma al unir tres de las estrellas más brillantes del cielo primaveral del hemisferio norte: Arcturus, en la constelación del Boyero; Spica, en Virgo; y Regulus, en Leo.

Desde tiempos antiguos, el ser humano ha dividido el cielo en patrones que no existen físicamente, pero que emergen de la perspectiva terrestre. Las constelaciones son una convención cultural; los asterismos, una interpretación funcional.

El Triángulo de la Primavera pertenece a esta segunda categoría. No es una figura reconocida oficialmente por la Unión Astronómica Internacional, pero su utilidad es evidente: permite orientarse en el cielo nocturno durante los meses de marzo, abril y mayo en el hemisferio norte.

28 abril 2026

Dos revólveres enfrentados

A cada uno de los dos le dieron un revólver. Los pusieron de frente, separados a una distancia considerable. El que lograra matar a su oponente cobraría un buen fajo de billetes. El primero que disparase tenía dos opciones: abatir a su contrincante y ganar el dinero pactado o fallar y hacer que el opuesto adelantara cinco pasos y esperar su disparo. Así sucesivamente hasta que uno de los dos muriera.
Ninguno se atrevía a ser el primero. Hubo mucha tensión. Todos estaban atentos hasta que uno, con dolor en el alma, tiró a dar. La pistola falló y no hubo descarga. El otro, sonriendo, avanzó los pasos convenidos y, apuntando, disparó sin temores. La pistola tampoco funcionó. Extrañados, miraron hacia los organizadores. Ninguno entendía por qué, algunos de ellos, estaban brincando de alegría.
Les habían dado unas pistolas sin balas. Aquella era una simple tarde de apuestas en la que ganaría el que acertara cuál de los dos apretaría el gatillo primero.
Y así son las guerras de la humanidad. Los que más beneficios han sacado, nunca han sido los que han tenido que empuñar las armas.

10 abril 2026

Anatomía de una bala


El martillo de la Colt 45 cayó con la irrevocabilidad de una guillotina. Fue un beso de acero contra el fulminante, una chispa de amor violento que despertó al dios dormido en la recámara. Dentro del cilindro de latón, la pólvora dejó de ser un sedimento inerte para transformarse en una expansión de gas incandescente, una violencia pura latiendo en milímetros de metal. El proyectil, un trozo de plomo encamisado en cobre, sintió el empujón brutal de una atmósfera de infierno que lo expulsaba de su nido de pólvora.

La bala comenzó su danza espiral. Las estrías del cañón, surcos de un destino tallado en frío, obligaron al plomo a girar sobre sí mismo. Aquella rotación no era un simple movimiento físico; era una obsesión giroscópica, una búsqueda de estabilidad en el caos del vuelo. El arma escupió un fogonazo de azufre y sombra que iluminó la habitación con la brevedad de un relámpago en un cementerio. El estruendo, una muralla de sonido sólido, quedó congelado en el tiempo para los oídos del tirador, convirtiéndose en una vibración que recorría los huesos de su brazo hasta anclarse en la base del cráneo.

El hombre tras la mira no era ya un hombre, sino una prolongación de la empuñadura de madera de nogal. Su dedo índice, una palanca de carne y rencor, mantenía la presión residual después del disparo. En su retina, la imagen del objetivo se había quemado con la intensidad de un negativo fotográfico expuesto al sol. El tirador habitaba ese instante de suspensión donde la culpa todavía no existe porque el impacto aún no ha ocurrido.

05 abril 2026

Descifrando el Barroco (I)


Para entender un periodo cultural artístico o literario no podemos dejar de estudiar y comprender el contexto en el que se desarrolla. Coordenadas políticas, sociales, económicas, religiosas, que influirán en gran manera en los creadores. El Barroco se desarrolló temporalmente en el siglo XVII, extendiéndose a los siglos anterior y posterior según estudios y material analizado. Esa época fue de crisis en España. Los reinados de Felipe III, Felipe IV y Carlos II estuvieron marcados por la decadencia del Imperio construido por sus antecesores. Ese sentimiento de crisis se va a trasladar a la literatura, marcando sus temas y estilos.

La fugacidad del tiempo, la muerte, la inestabilidad, serán patrón común de historias y poemas; sin embargo, los autores buscaron innovar géneros y estilos, con múltiples registros que intentaban provocar admiración en sus lectores.

Se tiene por sabido que fue el Barroco periodo de producciones complejas y difíciles de comprender, llegando casi al hermetismo. Eran fruto de una concepción elevada e ingeniosa del relato escrito. La dificultad en desentrañar algunos de los alegatos poéticos de Góngora o Quevedo tienen su base en una de las grandes preocupaciones de los artistas barrocos: mostrar su ingenio, su inteligencia, a la vez que sus emociones. Esta dificultad será un rasgo que defina la labor del poeta barroco.

Dos líneas de producción se advierten en la literatura de este siglo: el conceptismo y el culteranismo, y los autores se adscribirán a uno u otro, llegando a batallas dialectales y enfrentamientos indirectos en sus poemas y narrativas. Góngora será el culterano por excelencia, y Quevedo, su némesis, el conceptista burlón. Los culteranos complican el lenguaje y las metáforas, con técnicas basadas en hipérboles y neologismos, en palabras cultas de tradición latinizante, alcanzando como hemos dicho el hermetismo y complicando la interpretación del poema. Sus contrincantes son más directos, más burlones y satíricos.

Es esta una breve pincelada sobre un periodo de creación literaria intenso y espectacular. Por algo fue llamado Siglo de Oro. Poco a poco iré desentrañando algunas de las características y claves más importantes y que facilitarán su comprensión ayudando a entender el Barroco en su vertiente literaria.


José Luis Monroy Antón

Médico. Escritor. Historiador. Ha publicado varias novelas de diferente género: Los ríos nunca miran atrás (novela negra); Ciudad Ciudad Fahrenheit (distopía); La crónica de Martín Lucena (histórica-fantástica) y Pastillas de Colores (poemario). Colaborador en revistas y diarios digitales (El Debate, Weird Review, Ucrónica), escribiendo relatos breves, ensayos y artículos de opinión. Coordina el club de lectura de la Biblioteca Municipal de Alzira.
Otros libros: Retales después de la tormentaTriángulo escaleno y La compañía Batablanca. 


REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).