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16 marzo 2026
La tiranía del interruptor
15 marzo 2026
Elsa Gomis interpreta una sonata para piano del compositor italiano Muzio Clementi
14 marzo 2026
Félix Rodríguez de la Fuente sigue vivo
Félix caminó entre lobos, halcones y llanuras como un hombre que sabía mirar. Su legado no es solo científico ni televisivo: es moral. Nos enseñó que la belleza es un deber, que la vida salvaje es un espejo donde reconocemos lo que fuimos y lo que aún podemos ser.
Hoy lo recordamos no con nostalgia, sino con gratitud. Porque mientras haya un lobo que aúlle, un ala que corte el aire o un niño que pregunte por qué vuela un halcón, Félix seguirá vivo.
Ismael A.
Curiosamente, Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980) nació y murió un 14 de marzo.
REERENCIAS
Imagen creada con inteligencia artificial.
Fuente original del vídeo: El amigo de los animales
10 marzo 2026
El rugido de la vulgaridad como liturgia del poder
“La verdad no teme al diálogo; quien la practica no necesita el insulto para sostenerse” (Cortina, A., 1994, Ética mínima: para la vida cotidiana, p. 27).
08 marzo 2026
Rebeca, una obra maestra
07 marzo 2026
Las cartas de Dios, cortometraje de Luis Alberto Serrano
06 marzo 2026
¿Tienen suelo Urano y Neptuno? Explorando el interior de los gigantes helados
Urano y Neptuno pertenecen a la categoría de gigantes helados, un tipo de planeta diferente de los gigantes gaseosos como Jupiter y Saturno. Mientras que estos últimos están compuestos principalmente de hidrógeno y helio, los gigantes helados contienen mayores proporciones de agua, amoníaco y metano. En condiciones de presión y temperatura extremas, estas sustancias no se comportan como los hielos que conocemos en la Tierra, sino como fluidos muy densos y calientes.
La atmósfera visible de Urano y Neptuno es solo la capa superior del planeta. En ella predominan el hidrógeno, el helio y el metano, responsable del característico color azul de ambos mundos. A medida que se desciende, la presión aumenta rápidamente y los gases se comprimen hasta formar capas cada vez más densas. En lugar de una frontera clara entre atmósfera y superficie, existe una transición gradual en la que el gas se vuelve líquido o supercrítico.
05 marzo 2026
El nombre que se borra
El frío no es una condición del aire, es un animal de dientes finos que devora la superficie de mi piel. Me incorporo con la lentitud de quien teme romperse. La verticalidad es una conquista dolorosa, mis manos, extensiones de un cuerpo que ha olvidado la firmeza, tantean la superficie rugosa en busca de un equilibrio precario. El suelo, una plancha de piedra gris y áspera, me devuelve la indiferencia del mundo mineral. No hay memoria de suavidad, solo la certeza del ángulo recto y la humedad que asciende desde las profundidades del asfalto.
El hambre es el otro habitante de mi soledad. No es un deseo, sino un hueco negro, una presencia física que muerde mis entrañas con la insistencia de un parásito. Mis costillas, peldaños de una escalera que no conduce a ninguna parte, se marcan bajo la superficie de mi cuerpo con cada respiración. Inhalar es un acto de valentía, el aire transporta partículas de óxido, el aliento acre de las máquinas que rugen en la distancia y el rastro rancio de los desperdicios ajenos.
El mundo es una geometría de dimensiones imposibles. Desde mi posición, la realidad se fragmenta en muros de hormigón que se pierden en las nubes, montañas de caucho negro que exhalan vapores tóxicos y pedestales metálicos que custodian banquetes inalcanzables. Existo en el ángulo muerto de la mirada ajena, allí donde las presencias se anuncian antes por su vibración que por su forma. Soy un recolector de impactos, descifro la proximidad del peligro a través de la onda que recorre el pavimento y sacude mis articulaciones, traduciendo cada temblor en una orden de retirada. La luz de la mañana no trae consuelo, es una claridad sucia, un resplandor que rebota en los charcos de aceite brillante, revelando la magnitud de mi desamparo.
04 marzo 2026
El llanto de un genio en tiempos caóticos
En cada época convulsa aparecen creadores que, lejos de adaptarse dócilmente al ruido del mundo, deciden caminar en sentido contrario. No por rebeldía gratuita, sino porque su sensibilidad les impide aceptar la superficialidad como norma. Un genio —en el sentido más humano y menos mitificado del término— es alguien que escucha más hondo, que percibe las grietas de su tiempo y las transforma en lenguaje. En una sociedad acelerada, impersonal y cada vez más desconectada de lo esencial, estos creadores parecen ir a contracorriente. Pero, en realidad, son ellos quienes mantienen vivo el pulso de lo auténtico.
Ernest Artal pertenece a esa estirpe. La obra de este compositor y director de orquesta, lejos de buscar artificios, se sostiene sobre una convicción profunda: la música es un acto de verdad emocional, un puente directo hacia aquello que no sabemos decir con palabras.
A mi modesto entender, no compone para impresionar, sino para conmover; no busca la complejidad, sino la claridad expresiva que permite al oyente la introspección en lo que escucha.
Incluso quienes no dominan el lenguaje musical perciben esa cualidad. La música de Artal no exige conocimientos previos: exige sensibilidad, y eso todos lo llevamos dentro. Sus piezas suelen abrir un espacio íntimo, es música que llega al fondo, aunque uno solo alcance la “primera fase” del conocimiento técnico. Porque lo esencial no está en la teoría, sino en la resonancia interior.
La pieza "El llanto", disponible en YouTube, es un ejemplo perfecto de esa poética. Interpretada por Marta Encarnación al violín y Luis Giner al piano, fue presentada en la Sala Alfonso el Magnánimo de Valencia en 2022.
Aunque hoy se presenta como obra independiente, Ernest Artal concibe "El llanto" como el segundo movimiento de un futuro concierto para violín y orquesta, cuyo primer y tercer movimiento ya imagina y proyecta. La semilla de esta música está en una poesía que él mismo escribió hace años, un texto donde expresaba su preocupación por un mundo que avanza por senderos cada vez más caóticos, impersonales y deshumanizados.
Esa visión se escucha en cada compás. "El llanto" no es un lamento derrotado, sino un llanto lúcido, un desahogo que reconoce la herida pero también la transforma. El violín se convierte en voz humana: frágil, quebrada a veces, pero profundamente honesta. El piano sostiene, acompaña, abraza. Hay momentos de desolación, sí, pero también destellos de esperanza, como si la música recordara que incluso en medio del caos persiste una chispa de belleza que merece ser salvada.

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"El llanto", de Ernest Artal, un refugio en tiempos convulsos
03 marzo 2026
Nuestro mundo se da la vuelta como un calcetín
La televisión convierte el mundo
en un incendio permanente
Los medios, especialmente la televisión, parecen haber encontrado en el conflicto bélico de turno, la bronca diaria de los políticuchos y la corrupción un filón inagotable. La escaleta diaria se construye como si el país fuese un ring y la sociedad, un público hambriento de golpes. La violencia callejera, la delincuencia, los escándalos… todo ocupa un espacio desproporcionado, como si las buenas noticias hubieran sido desterradas por decreto. No es que no existan; es que no venden tanto. Y así, día tras día, el mensaje se repite: el mundo es un lugar peligroso, imprevisible, al borde del colapso.
La mente en guerra con el tiempo
Esa dieta informativa termina por pasarnos factura. La sensación de que el futuro es inestable, incierto y caótico se instala en el ánimo colectivo. Vivimos con el ceño fruncido, como si estuviéramos esperando el próximo sobresalto. La irritación se vuelve un estado natural, casi una postura defensiva ante un entorno que percibimos hostil. Y lo más preocupante es que esa percepción no siempre coincide con la realidad, sino con la versión amplificada que recibimos a diario.
El desgaste emocional de vivir en alerta
El miedo al futuro no es un concepto abstracto: desgasta, erosiona, agota. Nos roba la serenidad necesaria para disfrutar de lo cotidiano. La mente, en lugar de descansar, se adelanta compulsivamente a escenarios que quizá nunca ocurran. Se convierte en una máquina de anticipar desgracias, y en ese ejercicio constante el presente deja de ser habitable. No estamos donde estamos; estamos donde tememos que estaremos.
Y así, casi sin darnos cuenta, el miedo se normaliza. Se convierte en la atmósfera en la que respiramos. Algunos logran gestionarlo, comprenderlo, ponerlo en su sitio. Otros quedan atrapados en él, como si el mundo —este mundo que ha vivido épocas peores y mejores— se hubiera dado la vuelta como un calcetín. Pero quizá no sea el mundo el que ha cambiado tanto, sino la forma en que lo miramos, la intensidad con la que nos lo cuentan, la velocidad con la que lo consumimos.
En un tiempo en el que la información nos llega en avalanchas, la verdadera resistencia consiste en recuperar el derecho a la calma, a la pausa...

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02 marzo 2026
Titanic, naipes que rememoran al coloso de la navegación transatlántica en su primer y último viaje
Entre mi colección de barajas de cartas cuento con una que pone de relieve la vida y la memoria del Titanic, aquel coloso de la navegación transatlántica que el 10 de abril de 1912 emprendió su primer y último viaje.
Este palacio flotante fue como un desafío del hombre y la industria al mar, pero en la tranquila noche del 14 de abril colisionó con un iceberg y el océano quiso responder al orgullo humano para demostrar que el invencible era él.
La baraja exhibe 54 cartas, más dos jokers y una carta auxiliar con una breve reseña histórica del trasatlántico y referencias de algunos pasajeros. Cabe destacar un conjunto de fantásticas ilustraciones, imágenes y carteles que reflejan su construcción, salones lujosos, los rostros de quienes viajaron y tripularon el barco y los fragmentos de un mundo que se creyó eterno. Cada carta es una ventana a aquel viaje interrumpido, un recordatorio de la belleza y la fragilidad que conviven en toda gran historia humana.
25 febrero 2026
El último trayecto
Un sedán negro, con el brillo de una cuchilla recién afilada, emergió del vaho nocturno. No hubo chirrido de frenos, solo un deslizamiento
silencioso sobre el pavimento líquido. La puerta se abrió con un suspiro de vacío neumático.
Fabio se hundió en el asiento trasero. El habitáculo lo recibió con el abrazo de un guante de seda. El olor era extraño: no había rastro de los ambientadores de pino barato que suelen poblar esos cubículos. El aire olía a ozono, a biblioteca antigua y a la tierra mojada que precede a las
tormentas definitivas.
—A la zona alta. Calle Neptuno, cuarenta y cuatro —ordenó Fabio, sin despegar los ojos de su teléfono, cuya pantalla proyectaba un fulgor azulado sobre sus facciones
afiladas.
El motor inició su marcha. No era un rugido, sino un ronroneo profundo que vibraba en
la base del cráneo. El conductor era una silueta de hombros anchos, coronada por una
gorra que proyectaba una sombra impenetrable sobre el espejo retrovisor. Sus
dedos, largos y marmóreos, se posaban sobre el cuero del volante con una delicadeza
sacerdotal.
—Noche larga, ¿verdad? —La voz del taxista era un barítono aterciopelado que parecía emanar de las paredes del coche más que de su propia garganta.
Fabio soltó un bufido de autocomplacencia, guardando el teléfono en el bolsillo interior de su americana.
—Larga y lucrativa. He enterrado a dos competidores antes de la
medianoche. Mañana, sus acciones valdrán menos que el papel en el que están impresas.
—El éxito es un plato que se sirve frío, dicen —comentó el conductor, girando el volante con una parsimonia hipnótica—. Aunque el precio de la vajilla suele ser elevado. ¿Se siente usted satisfecho, señor...?
23 febrero 2026
La depresión como encrucijada existencial
20 febrero 2026
El estruendo del vacío
Baja a la calle para comprar tabaco y el aire le devuelve una densidad de sudor rancio y escape de gasoil, una atmósfera donde los hombros de los transeúntes golpean los suyos en la acera estrecha sin que nadie pida perdón, mientras la mujer del quiosco habla por teléfono y le entrega el cambio con una desgana que se manifiesta en un zumbido nasal perceptible hasta en sus encías. Regresa a su portal, sube las escaleras impregnadas de un olor a col hervida que parece adherirse a las paredes y se encierra en su dormitorio, tumbándose en la cama con la almohada presionando sus oídos para registrar, como último estímulo, el estruendo de un avión que atraviesa el cielo nocturno y rasga la oscuridad con una violencia sónica definitiva.
18 febrero 2026
El gato del puerto

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13 febrero 2026
Derecho a sentirse ploff
09 febrero 2026
El encanto de la abubilla
06 febrero 2026
Las tumbas de los inmortales - Chet Baker
Chet Baker está enterrado en el cementerio
Inglewood Park, localizado en Inglewood (California)

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