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08 marzo 2026

Rebeca, una obra maestra


Por todos es conocida la figura del director de cine británico Alfred Hitchcock. Es ya un tópico utilizar para definirle la frase de “mago del suspense”. Fue el género que cultivó en su dilatada trayectoria profesional, aunque en alguna entrevista dijo que él lo que hacía eran películas cómicas. Uno de los puntales en los que se apoyaba era la adaptación de novelas, con mayor o menor fidelidad a los textos originales, en función de las características literarias y la historia que se pretendiese contar. Junto con Psicosis, tal vez sean Rebeca y Los Pájaros las más llamativas y conocidas de todas las que adaptó. La relación de Hitchcock con la literatura probablemente sea una de las más fructíferas en la historia de la fusión de los dos artes, literario y cinematográfico, y el análisis de esta conjunción es tan rico en matices que podríamos llenar páginas y horas disertando sobre ello. Vamos a comenzar con la que, con permiso de Psicosis, para mí es la más paradigmática de esta conjunción literatura-cine: Rebeca.

La novela de la escritora Daphne du Maurier nos cuenta la historia de una joven casada con un viudo británico. Al llegar a Manderley, la mansión donde habitan, la joven encuentra que todo el ambiente, incluso la servidumbre, los amigos, los conocidos de la zona, rinden devoción a la antigua señora de la casa: Rebeca de Winter. El fantasma de Rebeca está presente en todas las esquinas del lugar, y esconde un misterio solo revelado al final del relato. Hitchcock recoge este guante de misterio psicológico y lo eleva a un escalón superior con su película, convirtiendo a Rebeca en un personaje y una historia que son leyenda del arte cinematográfico y literario.

De todos los puntos clave, situaciones y conflictos que abordan novela y película, solo puedo quedarme con unas pequeñas muestras de la intensidad de ambas. Tal vez en otra ocasión dirija la vista a otros elementos de interés.

Empezaré por el tratamiento de la atmósfera. Lo advierto muy diferente en ambas, pues aquí, la soberbia utilización del blanco y negro y las sombras en la realización cinematográfica consigue pintar la historia del tono oscuro y melancólico en el que Hitchcock quiere sumergernos. ¿Y cómo lo consigue la novela? Cambia el protagonismo que el cine da a la mansión como ambiente y lo dirige hacia elementos naturales: flores y plantas de los jardines de la finca y hacia el mar. La evolución vegetal, su conservación y necesidades de cuidados son el entorno en el que se mueve la nueva señora de Winter. El mar, alejado de la finca, siempre está presente, porque además fue el testigo mudo de los hechos trágicos que acontecieron con Rebeca. Dos ambientes distintos: el abierto y bravío, en la novela; el cerrado y oscuro, en la película. Ambos cautivadores para los lectores/espectadores y que hablan de la maestría de ambos, novelista y director, para atrapar al público en la historia.

El segundo punto magistral, y en el que ambos coinciden, es el anonimato de la protagonista. Aunque para ser sincero, yo creo que la joven señora de Winter no es la protagonista. Los verdaderos protagonistas de la historia son Rebeca, un fantasma, y Manderley, una mansión. El resto son títeres que bailan al son que tocan estos dos inanimados personajes. Volviendo a ese anonimato, ni du Maurier ni Hitchcock ponen nombre a la nueva señora de Winter. Ella siempre es aludida por ese trato de cortesía. Ni siquiera el marido se dirige a ella por su nombre. Es dramático, es cruel. Lo que tienen las personas como algo identitario es su propio nombre. Aquí solo lo tiene Rebeca, el fantasma, el recuerdo. Creo que de todo el elenco de aspectos que construyen esta historia, el de la identidad es fundamental. Pasa desapercibido, pues es opacado por algunas circunstancias con más peso visual o emotivo (el juego de sombras y los actores en la película; el desarrollo de la trama en la novela). Joan Fontaine es una persona sin nombre, una sustituta que no es bien recibida. Parece un ángel del cielo caído en un infierno que no le corresponde. Y eso hace que los lectores/espectadores se encariñen y sufran con ella.

Rebeca es, en definitiva, una obra literaria magistral, magistralmente adaptada al cine. Uno de esos casos en los que la simbiosis llega a tal punto, que es imposible decir aquello de “es mejor el libro que la película”. Disfruten de ambas.

José Luis Monroy Antón

Médico. Escritor. Historiador. Ha publicado varias novelas de diferente género: Los ríos nunca miran atrás (novela negra); Ciudad Ciudad Fahrenheit (distopía); La crónica de Martín Lucena (histórica-fantástica) y Pastillas de Colores (poemario). Colaborador en revistas y diarios digitales (El Debate, Weird Review, Ucrónica), escribiendo relatos breves, ensayos y artículos de opinión. Coordina el club de lectura de la Biblioteca Municipal de Alzira.



REFERENCIAS

Ilustración generada con inteligencia artificial.
Fuente orginal del vídeo: Sesión de cine.