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22 agosto 2026
El costo de la lucidez: entre la soledad intelectual y la soledad moral
18 agosto 2026
Juan Tamariz... Magia desde el corazón
Juan Tamariz... Magia desde el corazón
Entre mi colección de barajas de cartas figura una dedicada a Juan Tamariz: Magia desde el corazón.
En el estuche y dorsos de los naipes destacan como elementos de diseño el color morado —el preferido por Tamariz—, un sombrero de copa, la música, arañas con sus telarañas, palos de la baraja suspendidos en el aire, el clásico violín y su firma en tipografía manuscrita.
Entre los naipes, destaca particularmente un as de picas personalizado con la silueta del propio Tamariz, así como una jota de corazones —su carta favorita— con su cara.
En su honor, en un día tan señalado como hoy, saco de la estantería esta baraja de edición limitads como agradecimiento por enseñarme a ver la magia con ojos de niño.
Ramón Alfil
Descripción ampliada de la baraja
Juan Carlos Ruiz y su hija Ainhoa, amigos y colaboradores de este blog, regentan el Museo del Naipe en Oropesa del Mar (Castellón). Nadie mejor que ellos para dar una descripción ampliada de esta baraja para coleccionistas. Y lo hacen desde su pagina web naipecoleccion.com.
REFERENCIAS
Fotos: Ramón Alfil.
Colaboración: Museo del Naipe y naipecoleccion.
10 agosto 2026
España flota a pesar de la política, no gracias a ella
Hay días en que uno mira el país y tiene la sensación de que navega por pura inercia, como esos barcos que avanzan aunque el capitán esté más pendiente de las gaviotas que del timón. España, sus comunidades autónomas y sus municipios parecen sostenerse gracias a una fuerza silenciosa, una especie de gravedad moral que evita que todo se venga abajo. Y esa fuerza, aunque nadie la mencione en los mítines ni en las tertulias, tiene nombre: los tanques de lastre.
En los barcos, los tanques de lastre no son un adorno ni un capricho técnico, son el peso que mantiene la estabilidad, el contrapeso que impide que una mala maniobra acabe en tragedia. No se ven, pero sin ellos cualquier oleaje tumbaría la nave.
En la política ocurre lo mismo. Mientras arriba se suceden los discursos vacíos y encendidos, la corrupción, el nepotismo convertido en rutina, la falta de talento y la inacción, abajo trabajan quienes sostienen la estructura. Técnicos, funcionarios de carrera, profesionales que conocen el oficio y que, sin hacer ruido, corrigen lo que otros estropean, equilibran lo que otros desequilibran y mantienen en pie lo que otros ponen en riesgo. Son los tanques de lastre de la democracia, el peso que impide que la incompetencia política acabe en naufragio. Son la resistencia natural contra la ineptitud y la improvisación. Son el recordatorio de que gobernar no es un acto de inspiración, sino de responsabilidad.
La sociedad se hunde cuando se vacían esos tanques, cuando los puestos se reparten por afinidad y no por mérito, cuando se promociona al servil y se margina al competente. El barco pierde estabilidad no porque falten recursos, sino porque falta peso profesional; falta ese lastre que evita que el país se incline hacia el lado de la propaganda barata, del ruido y del “y tú más”.
España flota, sí; pero flota a pesar de la política, no gracias a ella. Flota porque aún quedan técnicos que sostienen hospitales, juzgados, ayuntamientos, carreteras, escuelas, servicios sociales... Flota porque hay quien mantiene el equilibrio mientras arriba se discute quién tiene la culpa del oleaje.
La meritocracia no es una palabra bonita para discursos institucionales, es el mecanismo que mantiene el barco derecho. Cuando se desprecia o se sustituye por la fidelidad partidista, el barco empieza a escorarse. Y si se sigue vaciando el lastre, llegará un día en que ya no habrá forma de enderezarlo.
Quizá la metáfora de los tanques de lastre sirva para recordar algo sencillo: un país no se sostiene por quienes hablan más alto, sino por quienes trabajan mejor. Y si la política no recupera el respeto por el mérito, el conocimiento y la responsabilidad, el barco acabará boca abajo; no por una tormenta, sino por la ligereza de quienes creen que gobernar es solo cuestión de voluntad.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
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31 julio 2026
Sombrillas anodinas
11 junio 2026
La vitalidad del libro en papel frente a las pantallas
08 junio 2026
Analizando “Magnifica humanitas”, la primera encíclica de León XIV
«No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos» (Tolkien, 1954/1993, p. 55).
No es ninguna novedad indicar que habitamos una época deslumbrada por el fulgor del silicio y atravesada por un tiempo donde la conciencia humana parece dispuesta a abdicar de su trono para entregarlo a la fría precisión de las máquinas. ¿No siente usted, querido lector, el sutil deslizamiento de nuestra propia autonomía en cada pantalla que acaricia con resignación? Frente a esta claudicación silenciosa irrumpe la publicación de la encíclica “Magnifica humanitas” del Papa León XIV, un texto que supera las expectativas de un simple documento pastoral, proponiéndonos un auténtico giro ontológico.
El pontífice nos arrincona contra un dilema que debería desgarrar nuestra complacencia posmoderna al obligarnos a elegir entre dos destinos históricos excluyentes. Como advierte solemnemente el inicio de su carta, “la magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (León XIV, 2026, párr. 1). El presente que transitamos juntos está enfermo de certezas artificiales e intoxicado por flujos de datos inabarcables, por lo que en este letargo la tarea de la filosofía debe ser un martillo que quiebre el espejo de nuestra propia vanidad (y pereza) tecnológica.
Ahora bien, sondear las profundidades de este replanteamiento ético exige apartar la mirada de la ingenua fascinación que nos provoca la IA y retornar a la raíz material de nuestra condición. La filosofía contemporánea nos viene avisando sobre los peligros de esta deslocalización existencial, sobre todo a partir de Byung-Chul Han, quien en su obra “No cosas: quiebres del mundo de hoy” nos dice que “la digitalización desmaterializa y descorporeiza el mundo” (Han, 2021, p. 13), arrancándonos de la gravedad de la tierra para arrojarnos a un océano de información donde el dolor ajeno se vuelve prácticamente imperceptible.
07 junio 2026
La botella de Pepsi en manos de Marcos de Quinto, presidente de Coca‑Cola: una lección magistral de marketing inverso

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21 mayo 2026
No, no todas las opiniones son respetables
¿Desde cuándo el derecho a tener una creencia otorga a dicha creencia una inmunidad diplomática frente a la verdad? Es fundamental que nos detengamos a diseccionar esta confusión terminológica que hoy parece la norma. La libertad de expresión y la libertad de culto son derechos inalienables que protegen a los individuos, es decir, al sujeto de derecho, pero jamás al contenido semántico de lo que ese sujeto expresa. Un ciudadano tiene el derecho legal de afirmar que la Tierra es plana o que el odio al diferente es una virtud, y el Estado no debería encarcelarlo por ello. Sin embargo, ese mismo derecho no obliga a la sociedad ni a la academia a otorgar a tales despropósitos un lugar en la mesa de la racionalidad. Al confundir el respeto a la persona con el respeto a su opinión, estamos desarmando nuestra capacidad de juicio y entregando las llaves del bien común a la arbitrariedad más absoluta.
03 abril 2026
Noelia y la fragilidad ética de la eutanasia
01 abril 2026
La dignidad del fango
10 marzo 2026
El rugido de la vulgaridad como liturgia del poder
“La verdad no teme al diálogo; quien la practica no necesita el insulto para sostenerse” (Cortina, A., 1994, Ética mínima: para la vida cotidiana, p. 27).
03 marzo 2026
Nuestro mundo se da la vuelta como un calcetín
La televisión convierte el mundo
en un incendio permanente
Los medios, especialmente la televisión, parecen haber encontrado en el conflicto bélico de turno, la bronca diaria de los políticuchos y la corrupción un filón inagotable. La escaleta diaria se construye como si el país fuese un ring y la sociedad, un público hambriento de golpes. La violencia callejera, la delincuencia, los escándalos… todo ocupa un espacio desproporcionado, como si las buenas noticias hubieran sido desterradas por decreto. No es que no existan; es que no venden tanto. Y así, día tras día, el mensaje se repite: el mundo es un lugar peligroso, imprevisible, al borde del colapso.
La mente en guerra con el tiempo
Esa dieta informativa termina por pasarnos factura. La sensación de que el futuro es inestable, incierto y caótico se instala en el ánimo colectivo. Vivimos con el ceño fruncido, como si estuviéramos esperando el próximo sobresalto. La irritación se vuelve un estado natural, casi una postura defensiva ante un entorno que percibimos hostil. Y lo más preocupante es que esa percepción no siempre coincide con la realidad, sino con la versión amplificada que recibimos a diario.
El desgaste emocional de vivir en alerta
El miedo al futuro no es un concepto abstracto: desgasta, erosiona, agota. Nos roba la serenidad necesaria para disfrutar de lo cotidiano. La mente, en lugar de descansar, se adelanta compulsivamente a escenarios que quizá nunca ocurran. Se convierte en una máquina de anticipar desgracias, y en ese ejercicio constante el presente deja de ser habitable. No estamos donde estamos; estamos donde tememos que estaremos.
Y así, casi sin darnos cuenta, el miedo se normaliza. Se convierte en la atmósfera en la que respiramos. Algunos logran gestionarlo, comprenderlo, ponerlo en su sitio. Otros quedan atrapados en él, como si el mundo —este mundo que ha vivido épocas peores y mejores— se hubiera dado la vuelta como un calcetín. Pero quizá no sea el mundo el que ha cambiado tanto, sino la forma en que lo miramos, la intensidad con la que nos lo cuentan, la velocidad con la que lo consumimos.
En un tiempo en el que la información nos llega en avalanchas, la verdadera resistencia consiste en recuperar el derecho a la calma, a la pausa...

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23 febrero 2026
La depresión como encrucijada existencial
13 febrero 2026
Derecho a sentirse ploff
07 enero 2026
¡Feliz 7 de enero!
03 enero 2026
Marchitará la rosa el viento helado...
15 diciembre 2025
El poder no te cambia, sólo muestra quién eres
10 diciembre 2025
Sabina hizo llorar a Krahe y Serrat
En el recién caducado año 2025 se han quitado la coleta dos puristas: Joaquín Sabina y Morante de la Puebla, cada uno en su ámbito artístico. Y digo "se han quitado" y no "se han cortado" porque deseo volver a ver al torero en los ruedos y al poeta cantautor, al menos, grabando un nuevo disco.
Madrid, su habitat natural; el Atleti, su manera de sufrir; el desamor; la bohemia; la nostalgia o alguna pincelada taurina, entre otras, han sido materias presentes en sus canciones. De esta última, cabe destacar la que para el inconformista músico es su mejor canción, "De Purísima y Oro".
Joaquín Sabina destaca este tema sobre cientos que compuso o cantó porque su carga emotiva hizo llorar, sentimiento que rara vez expresaron en público, a dos grandes letristas y amigos: Javier Krahe y Joan Manuel Serrat.
"De Purísima y Oro" conlleva belleza, melancolía y la amargura de una sociedad que vivía una época de posguerra plagada de dificultades, hambre y restricciones. Entre sus fragmentos saca a relucir a una figura simbólica de los 40, Manolete, más que como torero, como icono de las secuelas de una guerra "incivil".
01 octubre 2025
¿Qué sentido tiene elogiar a los imbéciles?
07 septiembre 2025
La infame clase política que nos está rigiendo y que nos ha regido es una cruz que cuesta mucho llevar
Creador: Carlos Delgado
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