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02 octubre 2026

El agobio cotidiano y cómo nos funde la batería sin pedir permiso

Me he levantado, lamentando mi desgracia por no haber nacido en la Zarzuela, me he puesto las zapatillas de andar por casa (las de siempre, las que ya tienen más kilómetros que un camión de mercancías) y arrastrándome me he preparado el café. El primero del día, caerán litros. Ese que sabe mejor cuando sabes que te espera otro día espléndido de ser adulto funcional.

Y ahí está, nada más abrir los ojos. La lista. Esa lista mental que no se borra nunca, que se actualiza sola por la noche. Que si el trabajo, que si la compra, que si el mensaje ese que lleva tres días en visto y que ya te da vergüenza contestar, que si la lavadora a medias, que si la cita que hay que pedir, que si el plato del desayuno que acabas de manchar. Que si hay que acompañar… (pon tu mism@ tu lista) Nada grave. Ninguna tragedia griega que vaya a salir en las noticias. Solo nimiedades, una detrás de otra, que de alguna forma misteriosa pesan más que una mudanza entera.

A eso le llamamos agobio cotidiano. Ese que no te da de baja, que no te lleva a urgencias, pero que te deja fundido a las siete de la tarde sin que puedas explicar muy bien por qué, con esa culpa tonta de estar cansado sin haber hecho nada del otro mundo y que te hace pensar que tu vida no tiene esperanza.

Nos han vendido que el estrés es cosa de ejecutivos que gritan por teléfono en una peli de los noventa. Qué va. El agobio de verdad no grita. Susurra. Es un zumbido de fondo. Es tener treinta y siete pestañas abiertas en el cerebro todo el santo día. Estás viendo una serie y estás pensando en la reunión de mañana. Estás con los tuyos y tu cabeza está haciendo la lista de la compra. Le llaman multitarea los gurús de LinkedIn. Yo le llamo no estar en ningún sitio y cansarte en todos a la vez.

01 octubre 2026

La araña negra, el regreso de una lectura clandestina

En aquel 1978 de transición, sin internet y con más curiosidad que recursos, recibía una vez al mes la visita del señor Laureano, un vendedor de libros. Aún puedo verlo subir las escaleras con su cartera repleta de folletos y catálogos, semblante sonriente, su cabello blanco y fuerte y ese "bueno día, ¿cómo va ezo?" con un simpático acento andaluz. 
Para mí, abrir aquella cartera era como abrir el mundo: historia, literatura, ciencias naturales… un atlas mensual de todo lo que quería aprender. En mis estanterías de casa siguen hoy varias enciclopedias de aquella época, testigos de aquellas tardes en las que escuchaba su palique comercial con la ilusión de quien espera un descubrimiento. 
Un año antes me había vendido las obras completas de Blasco Ibáñez en cuatro tomos, editadas por Aguilar. Pero aquel día llegó con una sorpresa: dos tomos más, recién publicados, que completaban la bibliografía del escritor valenciano. Eran obras menores, textos juveniles que Blasco retocó en su madurez, y entre ellos aparecía una novela que entonces tenía un aura casi clandestina, La araña negra; un folletín anticlerical, prohibido en su tiempo, cuya intriga familiar parecía rozar el pecado mortal. No pude resistirme. Me empeñé en cómodos plazos y pagué aquellos dos tomos durante un año entero. Hoy, releída la obra, vuelvo a abrir ese recuerdo como quien abre un libro antiguo: con gratitud, con curiosidad, y con la certeza de que algunas lecturas no solo nos acompañan, sino que nos devuelven a quienes fuimos.

La araña negra, de Blasco Ibáñez, hoy...


La estructura de La araña negra responde más a un Blasco Ibáñez agitador político que al novelista maduro de otras novelas. Muchos personajes llevados al límite e intrigas familiares que se enredan como la propia metáfora del título. En la lectura actual, más de cuarenta años después, me ha parecido demasiado larga, algo espesa. No obstante, el escritor valenciano maneja con habilidad un estilo en el que la emoción es un arma narrativa tan eficaz como la argumentación.

25 septiembre 2026

El árbol de brazos desnudos al caer la tarde

El atardecer es una frontera suave en la que se deshilacha el día. La luz se va apagando con tranquilidad, sin prisa alguna.

El silencio no llega de golpe; se posa. Se instala entre las ramas, en los surcos del campo, en la tierra que respira despacio.

El campo extiende su calma como una manta antigua, hecha de horas y de estaciones, de lo que crece y de lo que espera.

Y el árbol, con sus brazos desnudos, parece guardar la escena, como un vigía desde su torre de observación.

Juntos forman un instante que no pide nada. Solo estar y observar la escena con calma. 

Ramón Alfil

Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
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REFERENCIAS 

Fotografía: Ramón Alfil. 

Camino de la ermita. La Iglesuela del Cid (Teruel).

23 septiembre 2026

Emma Hamilton y el vicealmirante Nelson, dos vidas que se encontraron a destiempo

Revisando mi colección de barajas de cartas me detengo hoy en una dedicada a Horatio Nelson (1758–1805), vicealmirante de la Marina Real británica. Entre sus naipes hay uno que me llama la atención: la reina de tréboles, donde aparece la reproducción de un retrato de Emma Hamilton (1765–1815), amante de Nelson y figura fascinante de la sociedad europea de finales del siglo XVIII.

El retrato procede de una de las muchas pinturas que George Romney realizó de Emma, en este caso alrededor de 1785, cuando ella comenzaba a convertirse en un icono artístico y social. Que su imagen aparezca en esta baraja no es un detalle menor, pues Emma fue una presencia decisiva en la vida personal y  en el universo naval de Nelson.

El retrato original de Emma Hamilton pintado por George Romney es en color. La carta de la baraja aparece en blanco y negro porque Piatnik —el fabricante— , en esta edición, convierte todas las ilustraciones en grabados bastante monocromos para darles un aspecto histórico y uniforme dentro del diseño del mazo.

Emma Hamilton y Horatio Nelson, 
una relación que naufragó sin desaparecer

Cuando Emma Hamilton y Horatio Nelson se encontraron en Nápoles fluyó algo en ellos, quizá por cansancio o necesidad. Él venía de la guerra y del mar; ella, de una vida hecha de ascensos improbables y miradas públicas. Lo que empezó como cortesía se convirtió en refugio para ambos.

Su relación desafió la etiqueta y sobrevivió a campañas, viajes y silencios. En medio de ese torbellino nació Horatia, la hija que ambos quisieron proteger del juicio ajeno. Nelson la reconoció en cartas privadas; Emma la sostuvo en los años en que él ya no podía volver.

La historia oficial los separa en categorías distintas —héroe naval, musa social—, pero la íntima los une en algo más sencillo como fueron dos vidas que se encontraron a destiempo y aun así dejaron una huella que ninguna batalla pudo borrar.

La baraja Piatnik "Nelson - His Navy, Life & Times

Es una de esas ediciones históricas que mezclan naipes e historia naval. Consta de 52 cartas más dos jockers editada por el fabricante Piatnik (Viena), en colaboración con el National Maritime Museum de Greenwich. Cada carta incluye ilustraciones históricas y personales relacionadas con Nelson, con estilo grabado o aguafuerte, contrastes fuertes y líneas marcadas que unifican el estilo visual de toda la baraja. mazo. Evoca la estética de los grabados navales del siglo XVIII e integrar retratos y escenas en un mismo lenguaje gráfico.

Ramón Alfil

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REFERENCIAS 

Fotografía de Emma Hamilton: Ramón Alfil

Fotografía de la portada de la caja: Museo del Naipe de Oropesa

Datos técnicos y curiosidades de la baraja según nuestro colaborador Museo del Naipe de Oropesa del Mar (Castellón)

Saber más de Emma Hamilton

Saber más del vicealmirante Nelson

#literaturaymar

17 septiembre 2026

Tiempo de siega

La marjal queda invadida por máquinas gigantes, mientras que el arroz dorado espera su turno y las aves revolotean alrededor de los gigantes, esperando que su paso haga emerger de los campos el alimento que, hasta ese momento, les había permanecido oculto.

Tiempo de siega / Foto: David Talens
Clic en la foto para ampliar y ver con más detalle


David Talens
Doctor en Biotecnología, investigador y aficionado a la fotografía.
Flickr de David Talens 
Instagram

03 septiembre 2026

La higiene mental como resistencia a un fétido panorama político y social

Vivimos rodeados de mensajes, opiniones, imágenes y conversaciones que compiten por ocupar espacio en nuestra cabeza. Igual que cuidamos lo que comemos o lo que respiramos, también deberíamos cuidar aquello que dejamos entrar en nuestro pensamiento. La mente, aunque invisible, también se contamina.

No todo lo que se emite, se publica o se comenta aporta algo valioso. Hay contenidos que únicamente generan enfrentamiento, ansiedad o crispación y son solo desperdicios que se van depositando en nuestro cerebro.

Elegir con criterio lo que consumimos —información, entretenimiento, conversaciones— es una forma de proteger nuestra entereza.

Cuando nos acostumbramos al exceso de discursos inútiles de los políticuchos, a la cháchara del retrete de las redes sociales o a la venta de ideologías de unos medios de comunicación serviles terminamos respirando un panorama fétido.

En la vida cotidiana se puede elegir qué conversaciones atender, qué temas evitar y qué contenidos no merecen nuestro tiempo. No hay que seguir la corriente si se quiere un estilo de vida más limpio, más consciente y más respetuoso con nosotros mismos. Cuidar la mente no es aislarse del mundo, sino decidir con responsabilidad qué merece llenar nuestro interior. En esa decisión se juega buena parte de nuestro sosiego.

Ramón Alfil

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REFERENCIAS

Fotografía | Buscando la esencia. Ramón Alfil.

26 agosto 2026

Juan Carlos Ruiz: "Tamariz fue el mago que convirtió los naipes en pura emoción"

El Museo del Naipe de Oropesa del Mar (Castellón) es hoy una de las instituciones más singulares dedicadas a la historia de los naipes. Su colección reúne miles de barajas de cartas procedentes de distintos países, épocas y estilos, y permite recorrer cómo el naipe ha sido, a la vez, objeto de arte, herramienta de juego y soporte de cultura popular. En este contexto, el museo se ha convertido en un punto de referencia para investigadores, coleccionistas y aficionados que buscan comprender la evolución del diseño, la simbología y la fabricación de las barajas.

La reciente muerte de Juan Tamariz (1942-2026), figura decisiva en la magia española, invita a mirar el mundo del naipe desde una perspectiva más amplia: no solo como instrumento técni.co del ilusionismo, sino como pieza histórica con un lenguaje propio. Por ese motivo entrevisto a Juan Carlos Ruiz, gerente del museo y profundo conocedor del naipe como objeto cultural. Su experiencia permite situar la obra de Tamariz dentro de una tradición que va mucho más allá del escenario: la tradición del naipe como vehículo de creatividad, ingenio y memoria.

¿Qué lugar ocupa la magia dentro de la historia del naipe?
La magia ha sido la conductora para que un número muy elevado de personas se adentre en el conocimiento de la historia del naipe.

¿Qué es lo primero que te viene a la memoria cuando piensas en Juan Tamariz?
Juan Tamariz cambió el patrón que teníamos de los magos, la mayoría de ellos iban vestidos con smoking y pajarita y la forma de actuar en público era muy educada y con rostro serio. Reformó todas las directrices de la época, vestido con vaqueros, con melena larga, con sombrero y chaleco y cada vez que realizaba un truco, gritaba y ficticiamente tocaba un violín con sus brazos; es decir, era aparentemente un desenfadado, pero era un gran artista haciendo magia.

24 agosto 2026

El monte Olimpo, con una altura aproximada de 22 kilómetros, es la montaña más alta del sistema solar

Cuando pensamos en grandes montañas, el Everest suele ser la primera que nos viene a la mente. Sin embargo, en el sistema solar existe una montaña que hace que el Everest parezca una pequeña colina. Se trata del Monte Olimpo (Olympus Mons), un gigantesco volcán situado en Marte que ostenta el récord de ser la montaña y el volcán más grande conocido.

Con una altura aproximada de 22 kilómetros sobre las llanuras marcianas y una base de unos 600 kilómetros de diámetro, el Monte Olimpo es una de las estructuras geológicas más impresionantes descubiertas por la exploración espacial. Su tamaño es tan extraordinario que ocupa una superficie similar a la distancia entre Madrid y Barcelona en línea recta.

El Monte Olimpo está situado en la región volcánica de Tharsis, cerca del ecuador de Marte. Esta inmensa meseta alberga algunos de los volcanes más grandes del Sistema Solar, como Arsia Mons, Pavonis Mons y Ascraeus Mons, aunque ninguno alcanza las dimensiones del Olimpo.

Desde la órbita, el volcán destaca por su forma casi circular y por los enormes acantilados que rodean gran parte de su base. Sin embargo, un astronauta situado sobre sus laderas apenas tendría la sensación de estar ascendiendo una montaña, ya que sus pendientes son muy suaves.

22 agosto 2026

El costo de la lucidez: entre la soledad intelectual y la soledad moral

“Estoy sólo en medio de estas voces velices y razonables. Todas estas criaturas pasan su tiempo explicando, comprendiendo felizmente que están de acuerdo entre ellas”. Jean-Paul Sartre (La náusea, 2011, p. 24)

Existe una forma silenciosa de extrañamiento que no nace del abandono ni del aislamiento físico, sino de una inadecuación tonal. Aparece a menudo en medio de la abundancia afectiva, en la mesa compartida con seres amados, inteligentes y bienintencionados, cuya generosidad humana resulta innegable. Sin embargo, en el instante preciso en que el espíritu intenta volcar aquello que ha madurado a lo largo de años de contemplación, lecturas o grietas existenciales, la palabra cae en una superficie blanda que absorbe el impacto sin devolver resonancia. Nadie rechaza la enunciación; sencillamente falta el tejido simbólico para sostenerla. Distinta de la marginación social y ajena a la carencia afectiva, la soledad intelectual se nos presenta como una grieta invisible que se abre cuando el nivel de conciencia y la elaboración subjetiva de un individuo desbordan el horizonte de interpretación de su entorno inmediato.

Frente a esta distancia insular, resulta casi inevitable tropezar con una trampa psicológica que suele ser devastadora: transformar la falta de sintonía en un defecto personal. Dado que las personas queridas poseen lucidez, bondad y el deseo sincero de acompañar, la mente concluye apresuradamente que el desacople responde a una incapacidad propia para amar o vincularse. Así, se germina una mezcla turbia de culpa, vergüenza y frustración. Por temor a sonar arrogante, o por el pánico soterrado a que esa brecha sea la prueba de una rareza patológica, el sujeto opta por amputar su propio discurso y forma de vida. Al respecto, Donald Winnicott (1993, p. 183) conceptualizó con precisión la respuesta defensiva ante esta exigencia de adaptación al señalar que “sólo el sí-mismo verdadero —el True Self— puede ser creativo y sólo el sí-mismo verdadero puede sentirse real”, añadiendo que la construcción de un “falso sí-mismo” (False-Self) responde a la necesidad de proteger la intimidad frente a un medio que no puede alojarla. Apagar la voz singular para no incomodar al grupo constituye una maniobra de supervivencia afectiva, aunque esa diplomacia forzada termine funcionando como una lenta sofocación del deseo.

20 agosto 2026

Corteza del corazón, de Bere L.M.

Estudiante y proyecto de escritora

Bere L.M. es una luchadora y trabajadora incansable. Desde muy temprana edad decidió que quería escribir y está poniendo los medios adecuados para que eso pase.

He podido colaborar con ella en varios relatos y me consta el esfuerzo por superarse. Me siento orgulloso de verla crecer con entusiasmo y dedicación. Las personas que estamos a su alrededor la estamos apoyando porque su actitud nos anima a poner nuestro granito de arena en ampliar su estantería de escritos. Vuelvo a publicar uno de sus relatos en este blog con la misma alegría que lo hice la primera vez. Con ello, lleva todo mi apoyo incondicional y mi apuesta por estar viendo cómo el retoño se convierte en flor.

A Bere la conocí en noviembre de 2022. Yo estaba de gira por México presentando la versión juvenil de mi novela «Las tres reinas». Como en años anteriores, impartí una conferencia a los alumnos del Instituto Aberdeen de Ciudad de México. Acabada la conferencia, la Jefa de Estudios me la presentó, dado el especial interés que había mostrado en escribir y que no se le había escapado a sus profesores. De todos es sabida mi reticencia a adoptar discípulos. Pero el brillo en los ojos que le vi ese día y la forma en que me contaba sus sueños, me recordó a mí mismo cuando soñaba con hacer mis primeras películas. No supe (ni quise) decir que no y le prometí que trabajaríamos juntos en algún proyecto. En aquel momento tenía 14 añitos.

Dos años después, y a punto de cumplir los 17, sigue creciendo decididamente. Está poniendo medios para mejorar y encamina sus estudios para cumplir sus fines. Creo que el que escribir sea uno de ellos nos debe hacer felices a todos los que estamos contribuyendo a cumplir sus ilusiones. Y seguimos de la mano con el paso del tiempo. Disfrutándolo, como debe ser.
Luis Alberto Serrano

CORTEZA DEL CORAZÓN


En un hermoso jardín habitaba un gran roble viejo, que siempre estaba bañado en el Sol. Su condena era pasar todos los días que el tiempo creyera necesarios enfrente de los grandes portones que marcaban el territorio del pueblo.

El jardín era de un verde intenso gracias al pasto que se esparcía por todos lados; las flores eran de todos los colores, siempre bailaban y hablaban todo el día; los insectos vivían bajo los pies de los que creen que son dueños del mundo, pero su simpleza los obligaba a ser dóciles; y apartado de los demás, estaba el triste Roble, que intentaba crecer más alto todavía, solo para poder ver lo que el pueblo contenía en su interior.