A diferencia de planetas rocosos como la Tierra o Marte, los gigantes helados Urano y Neptuno no poseen una superficie sólida definida sobre la que se pueda “caminar”. Aunque a menudo se habla de su “interior” o de sus distintas capas, la realidad es que estos planetas están formados principalmente por gases y fluidos densos que se vuelven progresivamente más compactos a medida que se desciende hacia su centro.
Urano y Neptuno pertenecen a la categoría de gigantes helados, un tipo de planeta diferente de los gigantes gaseosos como Jupiter y Saturno. Mientras que estos últimos están compuestos principalmente de hidrógeno y helio, los gigantes helados contienen mayores proporciones de agua, amoníaco y metano. En condiciones de presión y temperatura extremas, estas sustancias no se comportan como los hielos que conocemos en la Tierra, sino como fluidos muy densos y calientes.
La atmósfera visible de Urano y Neptuno es solo la capa superior del planeta. En ella predominan el hidrógeno, el helio y el metano, responsable del característico color azul de ambos mundos. A medida que se desciende, la presión aumenta rápidamente y los gases se comprimen hasta formar capas cada vez más densas. En lugar de una frontera clara entre atmósfera y superficie, existe una transición gradual en la que el gas se vuelve líquido o supercrítico.
El frío no es una condición del aire, es un animal de dientes finos que devora la superficie de mi piel. Me incorporo con la lentitud de quien teme romperse. La verticalidad es una conquista dolorosa, mis manos, extensiones de un cuerpo que ha olvidado la firmeza, tantean la superficie rugosa en busca de un equilibrio precario. El suelo, una plancha de piedra gris y áspera, me devuelve la indiferencia del mundo mineral. No hay memoria de suavidad, solo la certeza del ángulo recto y la humedad que asciende desde las profundidades del asfalto.
El hambre es el otro habitante de mi soledad. No es un deseo, sino un hueco negro, una presencia física que muerde mis entrañas con la insistencia de un parásito. Mis costillas, peldaños de una escalera que no conduce a ninguna parte, se marcan bajo la superficie de mi cuerpo con cada respiración. Inhalar es un acto de valentía, el aire transporta partículas de óxido, el aliento acre de las máquinas que rugen en la distancia y el rastro rancio de los desperdicios ajenos.
El mundo es una geometría de dimensiones imposibles. Desde mi posición, la realidad se fragmenta en muros de hormigón que se pierden en las nubes, montañas de caucho negro que exhalan vapores tóxicos y pedestales metálicos que custodian banquetes inalcanzables. Existo en el ángulo muerto de la mirada ajena, allí donde las presencias se anuncian antes por su vibración que por su forma. Soy un recolector de impactos, descifro la proximidad del peligro a través de la onda que recorre el pavimento y sacude mis articulaciones, traduciendo cada temblor en una orden de retirada. La luz de la mañana no trae consuelo, es una claridad sucia, un resplandor que rebota en los charcos de aceite brillante, revelando la magnitud de mi desamparo.
En cada época convulsa aparecen creadores que, lejos de adaptarse dócilmente al ruido del mundo, deciden caminar en sentido contrario. No por rebeldía gratuita, sino porque su sensibilidad les impide aceptar la superficialidad como norma. Un genio —en el sentido más humano y menos mitificado del término— es alguien que escucha más hondo, que percibe las grietas de su tiempo y las transforma en lenguaje. En una sociedad acelerada, impersonal y cada vez más desconectada de lo esencial, estos creadores parecen ir a contracorriente. Pero, en realidad, son ellos quienes mantienen vivo el pulso de lo auténtico.
Ernest Artal pertenece a esa estirpe. La obra de este compositor y director de orquesta, lejos de buscar artificios, se sostiene sobre una convicción profunda: la música es un acto de verdad emocional, un puente directo hacia aquello que no sabemos decir con palabras.
A mi modesto entender, no compone para impresionar, sino para conmover; no busca la complejidad, sino la claridad expresiva que permite al oyente la introspección en lo que escucha.
Incluso quienes no dominan el lenguaje musical perciben esa cualidad. La música de Artal no exige conocimientos previos: exige sensibilidad, y eso todos lo llevamos dentro. Sus piezas suelen abrir un espacio íntimo, es música que llega al fondo, aunque uno solo alcance la “primera fase” del conocimiento técnico. Porque lo esencial no está en la teoría, sino en la resonancia interior.
La pieza "El llanto", disponible en YouTube, es un ejemplo perfecto de esa poética. Interpretada por Marta Encarnación al violín y Luis Giner al piano, fue presentada en la Sala Alfonso el Magnánimo de Valencia en 2022.
Aunque hoy se presenta como obra independiente, Ernest Artal concibe "El llanto" como el segundo movimiento de un futuro concierto para violín y orquesta, cuyo primer y tercer movimiento ya imagina y proyecta. La semilla de esta música está en una poesía que él mismo escribió hace años, un texto donde expresaba su preocupación por un mundo que avanza por senderos cada vez más caóticos, impersonales y deshumanizados.
Esa visión se escucha en cada compás. "El llanto" no es un lamento derrotado, sino un llanto lúcido, un desahogo que reconoce la herida pero también la transforma. El violín se convierte en voz humana: frágil, quebrada a veces, pero profundamente honesta. El piano sostiene, acompaña, abraza. Hay momentos de desolación, sí, pero también destellos de esperanza, como si la música recordara que incluso en medio del caos persiste una chispa de belleza que merece ser salvada.
Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor. Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
La tensión entre Irán y Estados Unidos nos lleva a los que simplemente queremos vivir en paz y tranquilos a un estado emocional y a una constante irritabilidad. Los que manejan los hilos de las marionetas siguen escribiendo capítulos de desconfianza, sanciones, amenazas veladas y episodios de violencia que, cada cierto tiempo, vuelven a encenderse como brasas mal apagadas. Es un conflicto que mezcla geopolítica, intereses energéticos, orgullo nacional y heridas históricas que nunca terminaron de cerrarse. Y, sin embargo, para la mayoría de nosotros, ese pulso lejano llega filtrado por pantallas que lo convierten en un espectáculo continuo de alarma.
La televisión convierte el mundo en un incendio permanente
Los medios, especialmente la televisión, parecen haber encontrado en el conflicto bélico de turno, la bronca diaria de los políticuchos y la corrupción un filón inagotable. La escaleta diaria se construye como si el país fuese un ring y la sociedad, un público hambriento de golpes. La violencia callejera, la delincuencia, los escándalos… todo ocupa un espacio desproporcionado, como si las buenas noticias hubieran sido desterradas por decreto. No es que no existan; es que no venden tanto. Y así, día tras día, el mensaje se repite: el mundo es un lugar peligroso, imprevisible, al borde del colapso.
La mente en guerra con el tiempo
Esa dieta informativa termina por pasarnos factura. La sensación de que el futuro es inestable, incierto y caótico se instala en el ánimo colectivo. Vivimos con el ceño fruncido, como si estuviéramos esperando el próximo sobresalto. La irritación se vuelve un estado natural, casi una postura defensiva ante un entorno que percibimos hostil. Y lo más preocupante es que esa percepción no siempre coincide con la realidad, sino con la versión amplificada que recibimos a diario.
El desgaste emocional de vivir en alerta
El miedo al futuro no es un concepto abstracto: desgasta, erosiona, agota. Nos roba la serenidad necesaria para disfrutar de lo cotidiano. La mente, en lugar de descansar, se adelanta compulsivamente a escenarios que quizá nunca ocurran. Se convierte en una máquina de anticipar desgracias, y en ese ejercicio constante el presente deja de ser habitable. No estamos donde estamos; estamos donde tememos que estaremos.
Y así, casi sin darnos cuenta, el miedo se normaliza. Se convierte en la atmósfera en la que respiramos. Algunos logran gestionarlo, comprenderlo, ponerlo en su sitio. Otros quedan atrapados en él, como si el mundo —este mundo que ha vivido épocas peores y mejores— se hubiera dado la vuelta como un calcetín. Pero quizá no sea el mundo el que ha cambiado tanto, sino la forma en que lo miramos, la intensidad con la que nos lo cuentan, la velocidad con la que lo consumimos.
En un tiempo en el que la información nos llega en avalanchas, la verdadera resistencia consiste en recuperar el derecho a la calma, a la pausa...
Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor. Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Entre mi colección de barajas de cartas cuento con una que pone de relieve la vida y la memoria del Titanic, aquel coloso de la navegación transatlántica que el 10 de abril de 1912 emprendió su primer y último viaje.
Este palacio flotante fue como un desafío del hombre y la industria al mar, pero en la tranquila noche del 14 de abril colisionó con un iceberg y el océano quiso responder al orgullo humano para demostrar que el invencible era él.
La baraja exhibe 54 cartas, más dos jokers y una carta auxiliar con una breve reseña histórica del trasatlántico y referencias de algunos pasajeros. Cabe destacar un conjunto de fantásticas ilustraciones, imágenes y carteles que reflejan su construcción, salones lujosos, los rostros de quienes viajaron y tripularon el barco y los fragmentos de un mundo que se creyó eterno. Cada carta es una ventana a aquel viaje interrumpido, un recordatorio de la belleza y la fragilidad que conviven en toda gran historia humana.
El ganador del reto del concurso de vídeos “Yo también participo en mi organización”, ha sido Jesús Ismael Valencia, representante de la Asociación de Familiares y Amigos de Personas con Discapacidad (AFAD) en Valdepeñas perteneciente a Plena Inclusión Castilla la Mancha.
Su vídeo es un ejemplo de la participación activa de las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo con grandes necesidades de apoyo en una organización de nuestro movimiento asociativo. También muestra cómo, con los apoyos adecuados, es posible garantizar una participación plena y significativa, independientemente de las necesidades de cada persona. La participación es un derecho fundamental, y es esencial que todas las personas tengan la oportunidad de dar su opinión y formar parte de los espacios donde se toman decisiones.
El reto es una iniciativa de la Red del Poder de las Personas de Plena inclusión que ha tenido como objetivo visibilizar estas experiencias y ponerlas en valor.
Cada vez más personas con discapacidad participan en las organizaciones, dan su opinión y están en los espacios donde se toman decisiones.
Agradecemos a todas las organizaciones que participaron en este reto y compartieron sus prácticas, contribuyendo a la transformación de nuestras organizaciones y a la construcción de una sociedad más inclusiva para todas las personas.
¡Gracias a todas por formar parte de este reto!
Plena Inclusión España, previo acuerdo y autorización, es una fuente directa de "El Ateneo de los Amigos de Larra". Desde el blog, damos a su información de utilidad pública la difusión que merece.
Desde el 25 de febrero y hasta el 31 de marzo estará abierto el plazo de presentación de trabajos a la decimotercera edición del Premio internacional de ilustración científica y de la naturaleza Illustraciencia. En la convocatoria pueden participar personas mayores de 18 años de cualquier país con obras de técnica libre que hayan sido creadas a partir del 1 de enero de 2025.
Las propuestas deberán incluirse en alguna de las tres categorías del certamen: Ilustración naturalista, para ilustraciones que representen la naturaleza y sus elementos de manera detallada y fiel a la realidad; Ilustración científica, para trabajos que ayuden a comprender un tema científico con rigor; y una nueva modalidad dedicada a las ciencias marinas que lleva el nombre de la ilustradora científica y pionera de las ciencias del mar Luisa de la Vega.
Cada obra deberá ir acompañada de un breve texto divulgativo original que explique con rigurosidad la especie o elemento representado, su interés científico o artístico y alguna curiosidad científica o característica mostrada en la ilustración.
La 13ª edición del Premio Illustraciencia está convocada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a través de su Vicepresidencia Adjunta de Cultura Científica y Ciencia Ciudadana (VACC-CSIC), el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), y la Asociación Catalana de Comunicación Científica (ACCC).
Crisis climáticas, conflictos violentos, subida generalizada de precios… Las causas del hambre son muy variadas y complejas, y por eso también lo son las soluciones. Dar comida no es suficiente.
A continuación, te mostramos 3 maneras diferentes en las que Acción contra el Hambre combatimos este problema:
1.- Diagnosticamos la desnutrición mediante una foto
El departamento de Investigación e Innovación de Acción contra el Hambre ha diseñado una app utilizando el análisis morfométrico del cuerpo (el mismo que usan los escáneres de los aeropuertos) para diagnosticar el estado nutricional de niños y niñas de los 6 meses a los cinco años con una sola foto de su brazo izquierdo.
La ciudad era un organismo herido, sangrando luces rojas y ámbar bajo una lluvia que no mojaba, sino que barnizaba las calles con
una pátina de mercurio. Fabio aguardaba en la acera, envuelto en el aroma de
su propio triunfo: el perfume de trescientos euros la onza y el rastro metálico del champán caro que aún le escocía en la garganta. Su maletín de piel de cocodrilo pesaba con la gravedad de los contratos cerrados
y las vidas ajenas desmanteladas. Al levantar la mano, el aire pareció cristalizarse.
Un sedán negro, con el brillo de una cuchilla recién afilada, emergió del vaho nocturno. No hubo chirrido de frenos, solo un deslizamiento
silencioso sobre el pavimento líquido. La puerta se abrió con un suspiro de vacío neumático.
Fabio se hundió en el asiento trasero. El habitáculo lo recibió con el abrazo de un guante de seda. El olor era extraño: no había rastro de los ambientadores de pino barato que suelen poblar esos cubículos. El aire olía a ozono, a biblioteca antigua y a la tierra mojada que precede a las
tormentas definitivas.
—A la zona alta. Calle Neptuno, cuarenta y cuatro —ordenó Fabio, sin despegar los ojos de su teléfono, cuya pantalla proyectaba un fulgor azulado sobre sus facciones
afiladas.
El motor inició su marcha. No era un rugido, sino un ronroneo profundo que vibraba en
la base del cráneo. El conductor era una silueta de hombros anchos, coronada por una
gorra que proyectaba una sombra impenetrable sobre el espejo retrovisor. Sus
dedos, largos y marmóreos, se posaban sobre el cuero del volante con una delicadeza
sacerdotal.
—Noche larga, ¿verdad? —La voz del taxista era un barítono aterciopelado que parecía emanar de las paredes del coche más que de su propia garganta.
Fabio soltó un bufido de autocomplacencia, guardando el teléfono en el bolsillo interior de su americana.
—Larga y lucrativa. He enterrado a dos competidores antes de la
medianoche. Mañana, sus acciones valdrán menos que el papel en el que están impresas.
—El éxito es un plato que se sirve frío, dicen —comentó el conductor, girando el volante con una parsimonia hipnótica—. Aunque el precio de la vajilla suele ser elevado. ¿Se siente usted satisfecho, señor...?
La campaña "El hombre y el perro" de la Fundación Hepático Argentina, cuyo objetivo fue generar conciencia sobre la importancia de la donación de órganos, ha sido uno de los vídeos más viralizado en las redes sociales. Cuenta con muchos millones de visualizaciones. Se grabó y lanzó en 2015, coincidiendo con el Día Nacional de la Donación de Órganos en Argentina.
El anuncio cuenta la relación entre un hombre y su perro, mostrando la lealtad absoluta del animal incluso después de la muerte de su dueño. El giro final —cuando el perro reconoce al receptor del órgano— busca generar conciencia sobre la donación desde un lugar profundamente humano.
Agencia: DDB Argentina. Director: Rodrigo García Saiz. Edición: Matthew Wood (The Whitehouse Post, Chicago). Música: Michael Giacchino (cedida por Disney/Pixar para la campaña).
Ir a la nevera a beber, hacer una llamada de teléfono, ojear las notificaciones del móvil, ir al wc o zapear son algunos de los actos habituales que solemos llevar a cabo mientras unos anuncios de televisión cubren unos minutos de pausa publicitaria en el intermedio de una película, un partido de fútbol o un programa.
Ahora bien... ¿y si resultara que estos anuncios son mejores que el 'plato fuerte' que estamos viendo? El ingenio de algunos creativos extraordinarios justifica que, a veces, nos quedemos pegados al sofá. Hay anuncios que te dejan asombrado... Aquí te dejamos algunos de ellos.