Traduce cualquier entrada a tu idioma

28 junio 2026

A la sombra de una morera

El bochorno había empezado antes de que el sol asomara del todo. Era ese calor espeso que no avisa, que se instala en la piel como si quisiera quedarse a vivir en ella. En el entorno no se movía ni una hoja, salvo las de la morera, que siempre parecía tener su propio ritmo, ajena a los caprichos del tiempo.

La morera era vieja, de copa ancha, de esas que ya han visto demasiados veranos como para sorprenderse por uno más. Su sombra caía redonda, generosa, como un mantel extendido para quien quisiera refugiarse. Y allí, justo en el centro, estaba el hombre.

Había colocado su sillita baja con la precisión de quien conoce el lugar desde hace años. A su lado, el botijo sudaba despacio por fuera, como si también soportara el calor. El transistor, de los de toda la vida, con su antena algo torcida, dejaba escapar un bolero de Los Panchos. La música sonaba un poco apagada, como si viniera desde muy lejos, quizá desde algún verano antiguo que el hombre recordaba sin decirlo.

Marcaba el ritmo con el pie, apenas un gesto, como si el bolero le estuviera acompañando más que entreteniendo. No había prisa en él. Tampoco tristeza. Solo esa melancolía suave que tienen los días de mucho calor, cuando uno se sienta a la sombra y deja que el tiempo pase sin pedirle nada.

De vez en cuando levantaba la vista y miraba el cielo, no para buscar nubes —que no había—, sino como quien agradece un amanecer, aunque sea así, pegajoso y tórrido. La morera, cómplice, le regalaba su sombra. Y desde una de sus ramas, un gorrión lanzó unos trinos breves, como si quisiera sumarse al bolero.

El hombre sonrió apenas. Era una sonrisa pequeña, casi secreta, de esas que solo se ven cuando uno está en paz consigo mismo. Quizá recordaba otros veranos, otras sombras, otros boleros. O quizá no recordaba nada y simplemente estaba ahí, dejando que el día hiciera lo que quisiera.

La escena era sencilla, pero tenía esa belleza que solo aparece cuando nadie la busca: un hombre, una morera, un bolero, un gorrión. Un pedazo de vida detenido, como si el verano hubiera decidido, por un momento, no seguir avanzando, de esos que pasan desapercibidos para todos menos para quien sabe mirar.

Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo




REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

27 junio 2026

La educación es la mejor forma de prevenir los mensajes de odio contra personas con discapacidad

Cada vez hay más delitos de odio contra las personas con discapacidad en España. Muchos de estos ataques ocurren en redes sociales e internet.

Las personas con discapacidad pueden recibir insultos, burlas o amenazas por su forma de ser o por tener una discapacidad.

Algunas personas conocidas han contado que reciben mensajes muy dañinos. Esos mensajes les causan tristeza y preocupación.

¿Qué dicen las asociaciones?

Las asociaciones que defienden los derechos de las personas con discapacidad creen que este problema es grave. Estas asociaciones explican que los mensajes de odio pueden causar daño y, en algunos casos, dar lugar a agresiones.

Muchas personas no denuncian estos hechos. Algunas no saben que pueden hacerlo. Otras encuentran dificultades para pedir ayuda. Por este motivo, las asociaciones piden más apoyo para las víctimas. También proponen que las redes sociales detecten antes los mensajes de odio y los eliminen cuando incumplan las normas.

Los expertos creen que la educación es la mejor forma de prevenir este problema. Aprender a respetar a las demás personas ayuda a construir una sociedad más justa e inclusiva.

Plena Inclusión España, previo acuerdo y autorización, es una fuente directa de "El Ateneo de los Amigos de Larra". Desde el blog, damos a su información de utilidad pública la difusión que merece.

26 junio 2026

Dos terremotos en Venezuela... ¡No les vamos a dejar solos!

Han pasado poco más de 24 horas desde que los terremotos sacudieron Venezuela… y la realidad es devastadora. Mientras se sigue buscando a personas entre los escombros, miles de personas no tienen un lugar seguro al que regresar. Lo han perdido todo. Están viviendo una auténtica pesadilla.

Quienes aún conservan sus hogares no pueden volver. El miedo a nuevas réplicas lo paraliza todo. Familias enteras han pasado la noche a la intemperie, sin agua potable, sin acceso a lo más básico. En cuestión de horas, sus vidas han cambiado para siempre.

Empezamos a actuar

Sabemos por experiencia que, en momentos como este, cada minuto cuenta. Por eso, mientras continúan las labores de rescate, nuestros equipos ya se están coordinando con las entidades locales para distribuir agua potable, kits de higiene y soluciones para hacer segura el agua. También estamos entregando kits adaptados para quienes más lo necesitan, como mujeres y personas mayores.

Porque después del impacto, llega otro riesgo silencioso: el deterioro de la salud. Y no podemos permitirlo. Quienes ya lo han perdido todo no deben enfrentarse también a enfermedades evitables.

Hay heridas que no se ven

El miedo, la angustia, el shock… dejan marcas profundas. Por eso contamos con un equipo de psicólogos especializados para poder ofrecer apoyo emocional a las personas afectadas. Porque nadie debería atravesar algo así en soledad.

25 junio 2026

Desratizador natural

No hay mejor forma de combatir las plagas que tener a este simpático vecino viviendo en nuestros campos de naranjos.

Desratizador natural / Foto: David Talens
Clic en la foto para ampliar y ver con más detalle

David Talens
Doctor en Biotecnología, investigador y aficionado a la fotografía.
Flickr de David Talens 
Instagram

24 junio 2026

Carta de la mente al corazón


Guadalupe Flores Téllez es un joven estudiante en el Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos CECYTE Jalisco en el Plantel Santa Anita. Apasionado por la poesía, no dudó en usar un espacio que le fue ofrecido para declamar un poema de su autoría delante de sus compañeros. Hay que ser muy valiente y, en pago a ese valor, me decidí a invitarle a publicar su primer poema.

Y aquí lo tenemos, lo cual me hace sentir orgulloso de que las nuevas generaciones quieran seguir creando nuevos caminos a la literatura. En este caso, a la poesía.

Al alumno Guadalupe lo conocí en su centro de estudios. Yo andaba por México porque habíamos ido un grupo de escritores desde las Islas Canarias a presentar el libro de antología «Charlas de café (Internacional)» junto a otros autores mexicanos. Por intercesión de la editorial Proyección Literaria y la gestora cultural Banny Mejía, pudimos recorrer varios municipios impartiendo charlas. Recuerdo que ese día fue especialmente duro. Cada uno de nosotros dio varias conferencias en la mañana, disgregados por varios centros. Por la tarde, todos juntos, hicimos una sesión en el CECYTE Jalisco. Fue mágico.

En un momento en que alguna de nuestras autoras leyó un poema, invitó a que alguno de los espectadores se lanzara a leer alguno, si lo tenían. Guadalupe se lanzó y nos leyó su poema. Todos aplaudieron. A mí me emocionó su atrevimiento e, instintivamente, supe que eso debería tener algún premio. Lo que me salió fue arrancarme a invitarle a publicar uno en mi blog. Después de un tiempo de trabajo, aquí les mostramos su obra.

Espero que sea la primera de muchas. Lo presiento.

20 junio 2026

El latido que se hizo esperar

El zeta avanzaba despacio por una de las calles de la ciudad, como si la tarde se hubiera quedado atascada en un silencio espeso. La pareja de agentes de la Policía Nacional —Serrano y Aguilar— llevaba ya demasiadas horas patrullando entre discusiones vecinales, denuncias absurdas y esa fauna urbana que parece empeñada en desgastar la paciencia. Nada hacía presagiar que aquel turno rutinario estaba a punto de quebrarse.

Al girar la esquina, vieron un pequeño tumulto. Un círculo de personas rodeaba a un hombre tendido en el suelo. Algunos gritaban, otros lloraban, otros simplemente miraban sin saber qué hacer. Serrano frenó en seco. Aguilar ya estaba fuera del coche antes de que el motor se apagara.

—Aparten, por favor —ordenó Serrano, abriéndose paso.

El hombre yacía inmóvil, la piel cenicienta, los labios amoratados. No respiraba. Aguilar se arrodilló junto a él y comprobó el pulso. Nada. Ni un hilo, ni un susurro de vida.

—RCP —dijo, sin levantar la vista.

Serrano se colocó a su lado. Aguilar entrelazó las manos y comenzó las compresiones, firmes, constantes, marcando un ritmo que parecía golpear también el aire alrededor. La multitud guardó un silencio reverencial, como si cada presión fuera una plegaria.

A los pocos segundos, Serrano tomó el relevo. Se turnaban sin hablar, sin pensarlo, como si sus cuerpos supieran lo que había que hacer antes que sus mentes. El sudor les corría por la frente. El tiempo se había vuelto una sustancia espesa, interminable.

Un ruego suspendido entre la vida y la nada. 
Como si aquel cuerpo les pidiera que no lo dejaran ir.

En algún momento, mientras presionaba el pecho del hombre, Serrano creyó ver algo en su rostro. No un gesto consciente —sabía que estaba inconsciente—, sino una especie de súplica muda, un ruego suspendido entre la vida y la nada. Como si aquel cuerpo, aun sin voz, les pidiera que no lo dejaran ir. Aguilar también lo notó: una tensión mínima en la mandíbula, un temblor casi imperceptible en los párpados. Señales que quizá no significaban nada… o quizá lo significaban todo.

—Aguante, caballero… —murmuró Aguilar, sin saber si le oía.

Las sirenas se escucharon a lo lejos. Los sanitarios llegaron corriendo, desplegando material, tomando el control con la precisión de quien pelea cada día contra la muerte. Los policías se apartaron, jadeando, con las manos temblorosas. Vieron cómo conectaban electrodos, cómo administraban oxígeno, cómo el cuerpo del hombre respondía con un leve espasmo.

El latido...

Y entonces, un pitido. Un latido. Uno solo. Luego otro. Y otro.

Los sanitarios se miraron y asintieron. Había esperanza.

—Le habéis salvado la vida, sin vuestra reanimación cardiopulmonar no lo hubiéramos recuperado… —dijo el médico a los policías.

Serrano y Aguilar se quedaron quietos, como si no supieran qué hacer con la adrenalina que aún les recorría el pecho. Luego se miraron. No dijeron nada. No hacía falta. Se abrazaron con fuerza, un abrazo breve pero lleno de esa emoción que rara vez se permite en su oficio. Entre tanta miseria diaria, entre tanta chusma, de vez en cuando la vida les regalaba un instante así. Un instante que justificaba todo lo demás.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

La habitación del hospital estaba en penumbra cuando el hombre abrió los ojos. Primero vio el techo, borroso. Luego, poco a poco, las formas se hicieron nítidas: su mujer, con las manos temblorosas; sus dos hijas pequeñas, abrazadas a la cama, mirándolo como si temieran que desapareciera si parpadeaban.

Él intentó hablar, pero solo le salió un sollozo. Las niñas se echaron sobre él, la mujer le tomó la mano, y el hombre lloró. Lloró por el miedo, por el regreso, por la vida que aún tenía entre los dedos.

No sabía quiénes habían sido los que le devolvieron el latido. Pero en algún lugar de la ciudad, dos policías seguían patrullando, con el uniforme sudado y el alma un poco más llena.


Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo





REFERENCIAS
Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

18 junio 2026

Un bolerito cubano

En el tronco de un árbol una niña
grabó su nombre henchida de placer.
Y el árbol conmovido allá en su seno
a la niña una flor dejó caer.

Yo soy el árbol conmovido y triste,
tú eres la niña que mi tronco hirió.
Yo guardo siempre tu querido nombre,
¿y tú qué has hecho de mi pobre flor?

La letra de este bolero o trova cubana, refinada y de buen gusto, es breve como un suspiro, pero contiene una enorme sensibilidad literaria. Con apenas unas líneas, se convierte en una coronación poderosa sobre el amor, la memoria y la responsabilidad afectiva.

Es interpretado al piano en el vídeo que acompaña a estas líneas en la entrevista a Emilio Aragón desde el proyecto Aprendemos juntos, "una iniciativa de BBVA para dar voz a las mentes más brillantes, que con sus historias inspiradoras nos invitan a avanzar y construir un mundo mejor". Ante la pregunta de una espectadora, se sienta al piano y toca este bolerito cubano. No está simplemente ejecutando la pieza musical, está recordando... La música aparece siempre en Emilio Aragón como un puente entre generaciones, un idioma que no envejece. Su gesto es íntimo, como si abriera una ventana a su infancia.

Hay entrevistas que no informan: acompañan. La conversación de Emilio Aragón en Aprendemos juntos pertenece a esa categoría rara en la que un artista habla sin prisa, sin máscara y sin necesidad de demostrar nada. Lo que emerge no es un discurso, sino una mirada sobre la vida: la memoria como refugio, la creatividad como forma de estar en el mundo y la vulnerabilidad como un acto de valentía.

El autor de este bolero o trova, titulado "¿Y tú que has hecho?" es Eusebio Delfín Figueroa (1893–1965). Según él mismo escribió en 1958, "la inspiración surgió al ver un viejo árbol con un nombre grabado, me llevó a imaginar la historia que luego convertí en canción".



Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales. 
Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble |  Su estela en este ateneo


REFERENCIAS
Algunos datos han sido seleccionados de fuentes públicas sobre Eusebio Delfín (biografías musicales, archivos de la trova cubana y estudios sobre la canción tradicional).

Ilustración basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).

12 junio 2026

Miles de personas en Filipinas necesitan ayuda de emergencia y agua tras un terremoto

En Filipinas, las comunidades de todo Mindanao, luchan por recuperarse tras el potente terremoto de magnitud 7,8 que sacudió la costa de la provincia de Sarangani el 8 de junio, causando una destrucción generalizada, desplazando a miles de familias e interrumpiendo el acceso a los servicios esenciales.

El terremoto, uno de los más fuertes que han azotado la región en los últimos años, se sintió en varias regiones de Mindanao. En las zonas más afectadas de Sarangani, Cotabato del Sur, Sultán Kudarat, Davao Occidental y la ciudad de General Santos, las viviendas, las escuelas, las carreteras, los puentes y los sistemas de abastecimiento de agua sufrieron daños importantes. Más de 197.000 personas se han visto afectadas, mientras que más de 25.000 siguen desplazadas, ya que muchas familias buscan refugio en centros de evacuación, espacios abiertos y refugios temporales.

Para muchas comunidades, la crisis no terminó cuando el suelo dejó de temblar tras el terremoto. El Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología (PHIVOLCS) registra que se han registrado más de 2000 réplicas desde el terremoto principal, lo que ha obligado a las familias a permanecer al aire libre y ha aumentado el temor a regresar a sus hogares y edificios dañados. En varios municipios, los residentes siguen durmiendo en refugios improvisados o a lo largo de las carreteras, sin saber con certeza si sus hogares son seguros. Las réplicas también han agravado los daños en las infraestructuras, provocando deslizamientos de tierra y destruyendo carreteras, lo que ha dejado algunas zonas aisladas e inaccesibles para los equipos de primera intervención.

11 junio 2026

La vitalidad del libro en papel frente a las pantallas

Catedrático de Historia contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Pedro Rújula (Alcañiz, 1965) se ha especializado en los fenómenos políticos, sociales y culturales en los orígenes del mundo contemporáneo. Estos temas no solo han centrado sus investigaciones, sino que le han llevado a escribir libros como Contrarrevolución (1820-1840) o El Trienio liberal. Revolución e independencia, 1820-1823. También ha participado en primera persona en el mundo editorial y entre 2010 y 2025 fue director de la editorial Prensas de la Universidad de Zaragoza. En Manifiesto Zombi. El poder del libro (Editorial CSIC, 2026) combina ese interés por la historia y el mundo del libro. El texto reflexiona sobre si en ese futuro que algunos visualizan como digital y en la nube tiene cabida el libro en papel, e invoca a quienes el autor denomina ‘zombis’, es decir, las personas que desean seguir disfrutando de los beneficios y los placeres de la cultura del libro y están convencidos de que los libros impresos tienen futuro. Conversamos con él a propósito de esta nueva publicación, editada en acceso abierto por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
CSIC Cultura Científica


El Consejo Superior de Investigaciones Científicas, previo acuerdo y autorización, es una fuente directa de "El Ateneo de los Amigos de Larra". Desde el blog, damos a su información de utilidad pública la difusión que merece.

10 junio 2026

El límite de la sutura

La luz del amanecer entraba en la habitación con un tono grisáceo y pálido. Era una claridad sucia, filtrada por unas cortinas de terciopelo que habían visto pasar demasiadas transacciones sin nombre. Malena se encontraba sentada en el borde de la cama, de espaldas al hombre, sintiendo cómo el frío del aire acondicionado le erizaba el vello de la nuca. El silencio era un zumbido eléctrico, una presión en los oídos que la obligaba a concentrarse en el sonido de su propia respiración.

A sus pies, sus botas de cuero negro brillaban con un fulgor arrogante. Se las puso con una lentitud ceremonial. Con cada tirón de la cremallera sentía que se alejaba un poco más de lo que había pasado.

—¿Cuándo vuelvo a verte? —La voz del hombre, un tal Mauricio, cuyo apellido ella había olvidado en cuanto lo leyó en la reserva, sonó espesa, cargada de una gratitud que Malena encontraba repulsiva.

Ella no respondió de inmediato. Se puso de pie y buscó su sujetador entre las sábanas revueltas. El gesto de buscar su ropa entre los restos del naufragio sexual la hacía sentir como una arqueóloga de su propia desgracia.

—No lo sé. Tengo mucho lío esta semana —dijo finalmente. Su voz era un bisturí: aséptica, precisa, diseñada para no dejar margen a la réplica.

Mauricio se incorporó, dejando al descubierto un torso que empezaba a ceder a la gravedad. Era un hombre poderoso en su despacho, un tipo que firmaba contratos millonarios, pero allí, bajo la luz cruda de las siete de la mañana, no era más que un amasijo de inseguridades envuelto en sábanas de quinientos hilos. Se rascó la perilla grisácea y buscó su billetera en la mesilla de noche.