Traduce cualquier entrada a tu idioma
26 agosto 2026
Juan Carlos Ruiz: "Tamariz fue el mago que convirtió los naipes en pura emoción"
18 agosto 2026
Juan Tamariz... Magia desde el corazón
Juan Tamariz... Magia desde el corazón
Entre mi colección de barajas de cartas figura una dedicada a Juan Tamariz: Magia desde el corazón.
En el estuche y dorsos de los naipes destacan como elementos de diseño el color morado —el preferido por Tamariz—, un sombrero de copa, la música, arañas con sus telarañas, palos de la baraja suspendidos en el aire, el clásico violín y su firma en tipografía manuscrita.
Entre los naipes, destaca particularmente un as de picas personalizado con la silueta del propio Tamariz, así como una jota de corazones —su carta favorita— con su cara.
En su honor, en un día tan señalado como hoy, saco de la estantería esta baraja de edición limitads como agradecimiento por enseñarme a ver la magia con ojos de niño.
Ramón Alfil
Descripción ampliada de la baraja
Juan Carlos Ruiz y su hija Ainhoa, amigos y colaboradores de este blog, regentan el Museo del Naipe en Oropesa del Mar (Castellón). Nadie mejor que ellos para dar una descripción ampliada de esta baraja para coleccionistas. Y lo hacen desde su pagina web naipecoleccion.com.
REFERENCIAS
Fotos: Ramón Alfil.
Colaboración: Museo del Naipe y naipecoleccion.
10 agosto 2026
España flota a pesar de la política, no gracias a ella
Hay días en que uno mira el país y tiene la sensación de que navega por pura inercia, como esos barcos que avanzan aunque el capitán esté más pendiente de las gaviotas que del timón. España, sus comunidades autónomas y sus municipios parecen sostenerse gracias a una fuerza silenciosa, una especie de gravedad moral que evita que todo se venga abajo. Y esa fuerza, aunque nadie la mencione en los mítines ni en las tertulias, tiene nombre: los tanques de lastre.
En los barcos, los tanques de lastre no son un adorno ni un capricho técnico, son el peso que mantiene la estabilidad, el contrapeso que impide que una mala maniobra acabe en tragedia. No se ven, pero sin ellos cualquier oleaje tumbaría la nave.
En la política ocurre lo mismo. Mientras arriba se suceden los discursos vacíos y encendidos, la corrupción, el nepotismo convertido en rutina, la falta de talento y la inacción, abajo trabajan quienes sostienen la estructura. Técnicos, funcionarios de carrera, profesionales que conocen el oficio y que, sin hacer ruido, corrigen lo que otros estropean, equilibran lo que otros desequilibran y mantienen en pie lo que otros ponen en riesgo. Son los tanques de lastre de la democracia, el peso que impide que la incompetencia política acabe en naufragio. Son la resistencia natural contra la ineptitud y la improvisación. Son el recordatorio de que gobernar no es un acto de inspiración, sino de responsabilidad.
La sociedad se hunde cuando se vacían esos tanques, cuando los puestos se reparten por afinidad y no por mérito, cuando se promociona al servil y se margina al competente. El barco pierde estabilidad no porque falten recursos, sino porque falta peso profesional; falta ese lastre que evita que el país se incline hacia el lado de la propaganda barata, del ruido y del “y tú más”.
España flota, sí; pero flota a pesar de la política, no gracias a ella. Flota porque aún quedan técnicos que sostienen hospitales, juzgados, ayuntamientos, carreteras, escuelas, servicios sociales... Flota porque hay quien mantiene el equilibrio mientras arriba se discute quién tiene la culpa del oleaje.
La meritocracia no es una palabra bonita para discursos institucionales, es el mecanismo que mantiene el barco derecho. Cuando se desprecia o se sustituye por la fidelidad partidista, el barco empieza a escorarse. Y si se sigue vaciando el lastre, llegará un día en que ya no habrá forma de enderezarlo.
Quizá la metáfora de los tanques de lastre sirva para recordar algo sencillo: un país no se sostiene por quienes hablan más alto, sino por quienes trabajan mejor. Y si la política no recupera el respeto por el mérito, el conocimiento y la responsabilidad, el barco acabará boca abajo; no por una tormenta, sino por la ligereza de quienes creen que gobernar es solo cuestión de voluntad.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
27 julio 2026
El doblón del capitán Ahab
Ramón Alfil
Fragmento de El doblón del capitán Ahab,
del libro "4 Relatos", de Arturo Pérez-Reverte
Se hace tarde, se acaban la ginebra y el tabaco, la luz del quinqué está extinguiéndose y los mosquitos me acribillan vivo. Pero no quiero irme a dormir, caballeros, sin hablarles de la materia principal de la que para mí están hechas las aventuras y los sueños: el mar. No en vano, fíjense, llevo estos cuatro galones dorados en la bocamanga. Más que el aire —nunca me interesó mucho ese medio, aparte Cinco semanas en globo, De la tierra a la luna y alguna historia así, porque mis héroes siempre tuvieron los pies en la tierra o en la movediza cubierta de un barco—, el mar fue siempre desafío y camino, y desde su infancia, asomados a los puertos y a las orillas, los hombres aprendieron a soñar con las cosas remotas que albergan, sin saberlo, en su propio corazón. Hablo de mi propio caso, si me toleran otra referencia personal al respecto. A fin de cuentas, no es casual que la que tal vez es la mejor novela de aventuras empiece con un joven llamado Edmundo Dantés a bordo de un navío llamado Faraón. O que una de las obras cumbres de la literatura universal narre minuciosamente la caza de una ballena. O que la más hermosa historia escrita para jóvenes sea un viaje por mar a la isla de los piratas. Y en todas esas novelas vinculadas al mar, caballeros, más aún que en ningunas otras, se cumple inexorable el gran ritual de la literatura, de la aventura y de la vida: el viaje peligroso mediante el que, quien se atreve a emprenderlo, progresa en el conocimiento de sí mismo y del mundo en el que vive.
literaturaymar_adl
Imagen basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).
28 junio 2026
A la sombra de una morera

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
20 junio 2026
El latido que se hizo esperar

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
REFERENCIAS
18 junio 2026
Un bolerito cubano

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
REFERENCIAS
07 junio 2026
La botella de Pepsi en manos de Marcos de Quinto, presidente de Coca‑Cola: una lección magistral de marketing inverso

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
01 junio 2026
El retrato de su señor
Las cortinas del cuarto filtraban la luz con un tono dorado y antiguo. En esa penumbra pensaba que nadie la podía ver y su secreto estaría guardado.
Pasaba el plumero con sumo cuidado. Sus manos, acostumbradas al trabajo rudo y no a la ternura, rozaban con mucha delicadeza el marco, como si temiera profanar algo sagrado.
Cada día repetía el mismo ritual: acercarse, contemplar, anhelar… y marcharse antes de que alguien pufiera sorprenderla y descubrir lo que ni ella misma se atrevía a admitir: un amor silencioso, condenado a lo imposible y que solo encontraba refugio en la quietud del retrato de su señor.
Relato corto basado en una obra del pintor italiano Tito Conti (1842-1924)

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
12 mayo 2026
Un cielo empedrado

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
Oropesa del Mar (Castellón), entre la bahía de La Concha y el faro.
06 mayo 2026
El As de Picas: fiscalidad, estandarte del mazo y carta de la muerte
El As de Picas no es una carta más, representa la identidad, la garantía y el emblema de cualquier baraja inglesa; todo un estandarte que conlleva un peso histórico peculiar y un significado que encierra un misterio que la distingue de cualquier naipe.
La carta fiscal
En el siglo XVIII y XIX, los naipes eran un artículo de lujo y una fuente de ingresos muy jugosa para los gobiernos. En el Reino Unido (1711), se impuso una ley que obligaba a pagar un impuesto por cada baraja fabricada.
Para certificar que el fabricante había pagado, el gobierno imprimía ellos mismos el As de Picas con un diseño oficial y muy complejo que incluía el escudo real y el importe del impuesto.
Los fabricantes compraban estos ases al gobierno y los incluían en sus mazos. Sin ese as oficial, la baraja era ilegal.
15 marzo 2026
Elsa Gomis interpreta una sonata para piano del compositor italiano Muzio Clementi
04 marzo 2026
El llanto de un genio en tiempos caóticos
En cada época convulsa aparecen creadores que, lejos de adaptarse dócilmente al ruido del mundo, deciden caminar en sentido contrario. No por rebeldía gratuita, sino porque su sensibilidad les impide aceptar la superficialidad como norma. Un genio —en el sentido más humano y menos mitificado del término— es alguien que escucha más hondo, que percibe las grietas de su tiempo y las transforma en lenguaje. En una sociedad acelerada, impersonal y cada vez más desconectada de lo esencial, estos creadores parecen ir a contracorriente. Pero, en realidad, son ellos quienes mantienen vivo el pulso de lo auténtico.
Ernest Artal pertenece a esa estirpe. La obra de este compositor y director de orquesta, lejos de buscar artificios, se sostiene sobre una convicción profunda: la música es un acto de verdad emocional, un puente directo hacia aquello que no sabemos decir con palabras.
A mi modesto entender, no compone para impresionar, sino para conmover; no busca la complejidad, sino la claridad expresiva que permite al oyente la introspección en lo que escucha.
Incluso quienes no dominan el lenguaje musical perciben esa cualidad. La música de Artal no exige conocimientos previos: exige sensibilidad, y eso todos lo llevamos dentro. Sus piezas suelen abrir un espacio íntimo, es música que llega al fondo, aunque uno solo alcance la “primera fase” del conocimiento técnico. Porque lo esencial no está en la teoría, sino en la resonancia interior.
La pieza "El llanto", disponible en YouTube, es un ejemplo perfecto de esa poética. Interpretada por Marta Encarnación al violín y Luis Giner al piano, fue presentada en la Sala Alfonso el Magnánimo de Valencia en 2022.
Aunque hoy se presenta como obra independiente, Ernest Artal concibe "El llanto" como el segundo movimiento de un futuro concierto para violín y orquesta, cuyo primer y tercer movimiento ya imagina y proyecta. La semilla de esta música está en una poesía que él mismo escribió hace años, un texto donde expresaba su preocupación por un mundo que avanza por senderos cada vez más caóticos, impersonales y deshumanizados.
Esa visión se escucha en cada compás. "El llanto" no es un lamento derrotado, sino un llanto lúcido, un desahogo que reconoce la herida pero también la transforma. El violín se convierte en voz humana: frágil, quebrada a veces, pero profundamente honesta. El piano sostiene, acompaña, abraza. Hay momentos de desolación, sí, pero también destellos de esperanza, como si la música recordara que incluso en medio del caos persiste una chispa de belleza que merece ser salvada.

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
"El llanto", de Ernest Artal, un refugio en tiempos convulsos
03 marzo 2026
Nuestro mundo se da la vuelta como un calcetín
La televisión convierte el mundo
en un incendio permanente
Los medios, especialmente la televisión, parecen haber encontrado en el conflicto bélico de turno, la bronca diaria de los políticuchos y la corrupción un filón inagotable. La escaleta diaria se construye como si el país fuese un ring y la sociedad, un público hambriento de golpes. La violencia callejera, la delincuencia, los escándalos… todo ocupa un espacio desproporcionado, como si las buenas noticias hubieran sido desterradas por decreto. No es que no existan; es que no venden tanto. Y así, día tras día, el mensaje se repite: el mundo es un lugar peligroso, imprevisible, al borde del colapso.
La mente en guerra con el tiempo
Esa dieta informativa termina por pasarnos factura. La sensación de que el futuro es inestable, incierto y caótico se instala en el ánimo colectivo. Vivimos con el ceño fruncido, como si estuviéramos esperando el próximo sobresalto. La irritación se vuelve un estado natural, casi una postura defensiva ante un entorno que percibimos hostil. Y lo más preocupante es que esa percepción no siempre coincide con la realidad, sino con la versión amplificada que recibimos a diario.
El desgaste emocional de vivir en alerta
El miedo al futuro no es un concepto abstracto: desgasta, erosiona, agota. Nos roba la serenidad necesaria para disfrutar de lo cotidiano. La mente, en lugar de descansar, se adelanta compulsivamente a escenarios que quizá nunca ocurran. Se convierte en una máquina de anticipar desgracias, y en ese ejercicio constante el presente deja de ser habitable. No estamos donde estamos; estamos donde tememos que estaremos.
Y así, casi sin darnos cuenta, el miedo se normaliza. Se convierte en la atmósfera en la que respiramos. Algunos logran gestionarlo, comprenderlo, ponerlo en su sitio. Otros quedan atrapados en él, como si el mundo —este mundo que ha vivido épocas peores y mejores— se hubiera dado la vuelta como un calcetín. Pero quizá no sea el mundo el que ha cambiado tanto, sino la forma en que lo miramos, la intensidad con la que nos lo cuentan, la velocidad con la que lo consumimos.
En un tiempo en el que la información nos llega en avalanchas, la verdadera resistencia consiste en recuperar el derecho a la calma, a la pausa...

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
02 marzo 2026
Titanic, naipes que rememoran al coloso de la navegación transatlántica en su primer y último viaje
Entre mi colección de barajas de cartas cuento con una que pone de relieve la vida y la memoria del Titanic, aquel coloso de la navegación transatlántica que el 10 de abril de 1912 emprendió su primer y último viaje.
Este palacio flotante fue como un desafío del hombre y la industria al mar, pero en la tranquila noche del 14 de abril colisionó con un iceberg y el océano quiso responder al orgullo humano para demostrar que el invencible era él.
La baraja exhibe 54 cartas, más dos jokers y una carta auxiliar con una breve reseña histórica del trasatlántico y referencias de algunos pasajeros. Cabe destacar un conjunto de fantásticas ilustraciones, imágenes y carteles que reflejan su construcción, salones lujosos, los rostros de quienes viajaron y tripularon el barco y los fragmentos de un mundo que se creyó eterno. Cada carta es una ventana a aquel viaje interrumpido, un recordatorio de la belleza y la fragilidad que conviven en toda gran historia humana.
18 febrero 2026
El gato del puerto

Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
















