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28 septiembre 2024

Los más buscados de Irak, una baraja de cartas bélica muy peculiar


Tener una baraja de cartas en mis manos es como resucitar el noble arte de la ilustración que nació, prácticamente, con la imprenta y que hoy está casi en desuso; o también, en ocasiones, el goce de una serie se fotografías que si son añejas se disfrutan con regusto.
La baraja sobre la que he estado documentándome hoy no contiene ilustraciones y sus fotografías no van más allá de unas simples imágenes tipo fotomatón. Es fea, pero muy curiosa. Fue concebida con una intención claramente determinada por el Ejército de los Estados Unidos durante la guerra de Irak en el año 2003.
Cada naipe muestra una fotografía en la que aparece un personaje de los que eran más buscados del régimen de Sadam Huseín. Los militares americanos tenían, así, una captura del rostro enemigo; una posibilidad de comunicación camuflada ante posibles cruces o detecciones de transmisión, pues no es lo mismo que sonara el as de picas que Sadam Huseín, que era quien estaba asociado a ese número y palo. Y, de rebote, tenían una baraja de cartas con las que distraerse con algún juego en momentos de posible inactividad o descanso.
El valor de las cartas iba relacionado con la envergadura peligrosa e importancia o jerarquía de los personajes a batir. Sirva como ejemplo los ases de cada palo, adjudicados a los miembros más poderosos y activos de la familia Huseín.
Marc Garlasco era el jefe de la unidad Objetivos de Alto Valor del Pentágono en la guerra de Irak y ayudó a seleccionar los bombardeos. Según declaró en una entrevista que publicó el diario.es dijo: “Entonces empezamos la caza. Eso es lo que hacíamos: cazar seres humanos. Los 52 de la baraja de cartas”. Garlasco se refería a la baraja de cartas francesas distribuidas a la tropa a principios de abril de 2003 con las fotos y datos de los dirigentes iraquíes más buscados, a fin de que pudieran ser identificados y poder ser “asesinados, perseguidos o capturados”.
Ramón Alfil



18 marzo 2024

Juan Carlos Ruiz, locura por los naipes


El casco antiguo de Oropesa del Mar (Castellón) es como una máquina del tiempo que te sitúa en la antigüedad. Calles estrechas, empinadas y empedradas combinan con casas de piedra, forja y otros elementos que esparcen rincones llenos de solera y hechizo.
De pronto, me llamó la atención una casa esquinera en la que figuraba un rótulo cerámico que indicaba que me encontraba junto a un Museo del Naipe. Era lo que menos esperaba encontrar en un pueblo marinero.
Entré y quedé boquiabierto ante el espectáculo de aquel lugar lleno de seducción. Recorrió mi cuerpo un escalofrío porque explotó en mi aquella pasión que de joven tuve por los naipes y la cartomagia. Fue un flechazo y supe de inmediato que renacía en mi la adicción por las barajas de cartas.
Me saludó Juan Carlos Ruiz, el propietario de aquella macrogalería, un "loco" por los naipes, porque alguien que tiene una colección de más de 16.000 barajas creo que excede en demasía a lo presumible y, cariñosamente, se le puede catalogar de obsesivo por esta afición.
Juan Carlos fue mi conexión fugaz del día; mis lectores ya conocen que considero una conexión fugaz a aquella persona o ser vivo con la que comparto tan solo unos minutos o unas horas de mi existencia y que quizá no vuelva a ver.
La historia de Juan Carlos Ruiz es muy interesante, al final del artículo dejo una cadena de lecturas en las que se puede leer sobre su trayectoria profesional y de dónde le viene su entusiasmo por los naipes.
Es un hombre que habla despacio y con voz baja, emana paz y contagia con rapidez su atracción incontrolable por las cartas. 
El Museo del Naipe lleva 22 años abierto en Oropesa, es su vida, "abrimos al público un coqueto espacio donde enseñar al profano las maravillosas barajas que, a través de los años, han fabricado los artesanos naiperos de todo el mundo".
Juan Carlos coge cada baraja como si de una piedra preciosa o una joya se tratará, con delicadeza. Suavemente saca las cartas de su cajita de cartón y las enseña de manera metódica, sin prisa, con delicadeza y trascendencia, mientras cuenta la temática de la que trata con conocimiento de causa. 
He de reconocer que me cautivó. Y, como siempre digo en cada conexión fugaz, ¿volveré a ver a este "loco" de los naipes. No lo sé.
Ramón Alfil

Cadena de lecturas y espacios
Foto: Juan Carlos Ruiz