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Oropesa del Mar (Castellón), entre la bahía de La Concha y el faro.

Entre mi colección de barajas de cartas cuento con una que pone de relieve la vida y la memoria del Titanic, aquel coloso de la navegación transatlántica que el 10 de abril de 1912 emprendió su primer y último viaje.
Este palacio flotante fue como un desafío del hombre y la industria al mar, pero en la tranquila noche del 14 de abril colisionó con un iceberg y el océano quiso responder al orgullo humano para demostrar que el invencible era él.
La baraja exhibe 54 cartas, más dos jokers y una carta auxiliar con una breve reseña histórica del trasatlántico y referencias de algunos pasajeros. Cabe destacar un conjunto de fantásticas ilustraciones, imágenes y carteles que reflejan su construcción, salones lujosos, los rostros de quienes viajaron y tripularon el barco y los fragmentos de un mundo que se creyó eterno. Cada carta es una ventana a aquel viaje interrumpido, un recordatorio de la belleza y la fragilidad que conviven en toda gran historia humana.
Desde el 25 de febrero y hasta el 31 de marzo estará abierto el plazo de presentación de trabajos a la decimotercera edición del Premio internacional de ilustración científica y de la naturaleza Illustraciencia. En la convocatoria pueden participar personas mayores de 18 años de cualquier país con obras de técnica libre que hayan sido creadas a partir del 1 de enero de 2025.
Las propuestas deberán incluirse en alguna de las tres categorías del certamen: Ilustración naturalista, para ilustraciones que representen la naturaleza y sus elementos de manera detallada y fiel a la realidad; Ilustración científica, para trabajos que ayuden a comprender un tema científico con rigor; y una nueva modalidad dedicada a las ciencias marinas que lleva el nombre de la ilustradora científica y pionera de las ciencias del mar Luisa de la Vega.
Cada obra deberá ir acompañada de un breve texto divulgativo original que explique con rigurosidad la especie o elemento representado, su interés científico o artístico y alguna curiosidad científica o característica mostrada en la ilustración.
La 13ª edición del Premio Illustraciencia está convocada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a través de su Vicepresidencia Adjunta de Cultura Científica y Ciencia Ciudadana (VACC-CSIC), el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), y la Asociación Catalana de Comunicación Científica (ACCC).

Matías conocía cada centímetro del
puerto de Marinabrava, era su segunda casa, ese día se sentó en la parte
superior ensanchada de un noray, ese bolardo fijado a los muelles que sirve
para amarrar barcos, negro y algo oxidado por el tiempo. Con parsimonia, asentó
con sus huesudos dedos el tabaco que prendió en una pipa de madera vieja, ya
ennegrecida tras las caladas de muchos años; el humo dibujaba en el aire círculos
que iban deformándose mientras ascendían. Aquel noray era su particular patio
de butacas desde el que tantas veces había sido espectador de, para él, uno de
los mayores espectáculos que se pueden ver: el desatraque de un barco mercante.
Acompañado por una gaviota
desconfiada que lo miraba reojo, Matías observaba, a lo lejos, los pasos
meticulosamente coordinados entre el puesto de mando del barco mercante y dos
remolcadores: uno en proa y otro en popa. Los remolcadores, diminutos ante el
gigante de mar, parecían insectos trabajando contra una fuerza mayor, y, sin
embargo, cada movimiento era una coreografía exacta que iba tirando del buque,
de origen chipriota, hacia la parte central del puerto, todo de manera muy
lenta, laboriosa, perfectamente planificada. Para él, ese momento era pura
emoción ver la partida de ese mercante, esa pequeña ciudad flotante en la que
se cumplían leyes marinas y se
respetaban jerarquías.
En la proa llegó a vislumbrar a dos de los tripulantes que se abrazaron para desearse —pensó— suerte en la ruta de varios días
que los iba a llevar a un lejano puerto. Matías imaginó esa travesía a la que
se hubiera apuntado sin dudarlo para volver a sentir las horas de sol, el
vaivén del casco, el rumor del mar...
El deseo de navegar todavía latía
en su interior, pero la vida le dejó en la otra orilla. Y, aun así, en ese
instante, se conformó acomodado en el noray con ver salir aquel barco que conforme
avanzaba hacia la mar abierta iba perdiendo tamaña hasta parecer un barquito de
juguete. Matías, para sus adentros, pensó aquello que tantos marineros anhelan:
buen viento y buena mar.
Ramón Alfil
Foto: Ramón Alfil - literaturaymar_adl
Es un cofre lleno de oro que nos
hace sentir que ya vale la pena el día que uno va a pasar. Gracias.
Ramón Alfil
Mi porción de mar habitual
Mirando al mar... pic.twitter.com/iTgTw5EwKE
— El Ateneo de los Amigos de Larra (@amigosdelarra) July 2, 2021
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| Foto: Darksouls (libre de derechos) |