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20 febrero 2026

El estruendo del vacío

 

Ilustración: Bernardo Vidal

Theo apoya la frente contra el cristal frío de su estudio mientras observa cómo la calle se convierte en una masa de metal y caucho que avanza a tirones, una corriente donde las bocinas de los taxis perforan el aire viciado de humo y las risas de los adolescentes ascienden por la fachada para filtrarse por las rendijas de la ventana mal ajustada. Ante él descansa el lienzo en blanco, una superficie que la luz de los semáforos tiñe de un rojo intermitente y luego de un verde bilioso, mientras el vecino golpea un clavo en la pared contigua con un martillo de acero cuyo impacto rítmico le impide escuchar su propia respiración. Theo suelta el pincel con los dedos temblorosos, dominado por el deseo de una pausa absoluta que ocupe todo su espacio mental, una voluntad de hallar un interruptor capaz de desactivar, de una vez por todas, la frecuencia cardíaca de la ciudad.

Baja a la calle para comprar tabaco y el aire le devuelve una densidad de sudor rancio y escape de gasoil, una atmósfera donde los hombros de los transeúntes golpean los suyos en la acera estrecha sin que nadie pida perdón, mientras la mujer del quiosco habla por teléfono y le entrega el cambio con una desgana que se manifiesta en un zumbido nasal perceptible hasta en sus encías. Regresa a su portal, sube las escaleras impregnadas de un olor a col hervida que parece adherirse a las paredes y se encierra en su dormitorio, tumbándose en la cama con la almohada presionando sus oídos para registrar, como último estímulo, el estruendo de un avión que atraviesa el cielo nocturno y rasga la oscuridad con una violencia sónica definitiva.

07 marzo 2021

Cuando el fútbol era fútbol

Es la primera entrada en este blog en la que hablo de fútbol y no será la última. Algún lector se preguntará qué pinta el fútbol en un espacio en el que la cultura y el pensamiento son las razones de ser de este ateneo.
Sin querer llegar al extremismo del carismático Bill Shankly cuando dijo que "algunos creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte, pero están equivocados; es mucho más importante que eso", sí quisiera destacar que este deporte tiene un poso que lo diferencia de otro si se sabe profundizar en su conciencia que, por supuesto, va más allá de la bufanda y los gritos en la grada. Mi percepción del fútbol siempre fue la de un estudioso apasionado de esa conciencia y busqué las pepitas de oro entre un río revuelto que lo ha llevado al puro negocio y a respirar continuamente un aire selvático en el que se impone la tiranía de los más voraces.

Cuando el fútbol era fútbol

Esa pasión me llevó a vivir durante once años de manera profesional como agente de jugadores licenciado por la Real Federación Española de Fútbol hasta que sentí vergüenza muchas veces por ejercer esa profesión y tuve que pedir a la federación que retirara mi licencia. Hoy, soy feliz, vuelvo a disfrutar de este gran deporte porque vuelvo a indagar en busca de esa conciencia que unas líneas más arriba he mencionado. Eso sí, me he quedado anclado en otra época: cuando el fútbol era fútbol.

En qué ateneo que se precie de serlo
no se habla de fútbol

Explicado el componente íntimo justifico, en parte, por qué me gusta escribir sobre fútbol en este blog personal. No obstante, se completa el razonamiento porque, seamos sinceros, en qué ateneo que se precie de serlo no se habla de fútbol.
Ramón Alfil


Post scriptum | Decido etiquetar esta sección con el nombre de Clan de Fútbol, porque es apropiada sólo para un grupo reducido de personas que bien podrían formar una familia unida por el vínculo de amar al fútbol cuando era fútbol.

Sobre la imagen. Desconocemos el autor de la ilustración que encabeza esta entrada. Si alguien puede aportar datos sobre la autoría de la misma lo agradeceríamos.

05 enero 2021

El primer párrafo del Quijote

Hay palabras que no pueden pasar desapercibidas, frases que se quedan a vivir dentro de uno. A veces son líneas de un libro, el eco de una charla, una declaración que parte el mundo en dos o el estribillo de una canción que dice más de lo que creíamos que podía decir. Son fragmentos, astillas de un buen palo que deben quedar para siempre en la memoria colectiva.
Esta serie nace del deseo de rescatar esas piezas brillantes —míticas por lo que evocan, por lo que resumen, por cómo nombran lo inefable—. No importa si vienen de la literatura, del cine, de una entrevista o de una simple charla cotidiana. Si tienen poso, en esta etiqueta de "Fragmentos míticos" que inicio hoy tendrán su lugar.
Para estrenar la serie he elegido el primer párrafo del Quijote, toda una obra maestra de apertura literaria. No solo presenta a Don Quijote, inaugura una forma de narrar que cambiaría la literatura para siempre. Es, sin duda, un fragmento mítico por derecho propio.

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad".

La ilustración de esta entrada está libre de derechos