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27 julio 2026

El doblón del capitán Ahab

Hay páginas que parecen escritas con olor a mar. Este fragmento de El doblón del capitán Ahab que leo hoy pertenece a esa estirpe antigua de palabras que convocan el mar no como escenario, sino como destino. En él late la memoria de los mares, la sombra de los grandes relatos y ese rito inevitable del viaje que convierte cada aventura en una forma de introspección. Arturo Pérez-Reverte evoca aquí la tradición de los navegantes y de los lectores que, desde la infancia, aprendieron que el horizonte es también una pregunta. Por eso lo dejo en "Fragmentos para la eternidad": porque en estas líneas el mar vuelve a ser lo que siempre fue en la literatura, un espejo donde uno se reconoce y, al mismo tiempo, se pierde.

Ramón Alfil

Fragmento de El doblón del capitán Ahab,
del libro "4 Relatos", de Arturo Pérez-Reverte

Se hace tarde, se acaban la ginebra y el tabaco, la luz del quinqué está extinguiéndose y los mosquitos me acribillan vivo. Pero no quiero irme a dormir, caballeros, sin hablarles de la materia principal de la que para mí están hechas las aventuras y los sueños: el mar. No en vano, fíjense, llevo estos cuatro galones dorados en la bocamanga. Más que el aire —nunca me interesó mucho ese medio, aparte Cinco semanas en globo, De la tierra a la luna y alguna historia así, porque mis héroes siempre tuvieron los pies en la tierra o en la movediza cubierta de un barco—, el mar fue siempre desafío y camino, y desde su infancia, asomados a los puertos y a las orillas, los hombres aprendieron a soñar con las cosas remotas que albergan, sin saberlo, en su propio corazón. Hablo de mi propio caso, si me toleran otra referencia personal al respecto. A fin de cuentas, no es casual que la que tal vez es la mejor novela de aventuras empiece con un joven llamado Edmundo Dantés a bordo de un navío llamado Faraón. O que una de las obras cumbres de la literatura universal narre minuciosamente la caza de una ballena. O que la más hermosa historia escrita para jóvenes sea un viaje por mar a la isla de los piratas. Y en todas esas novelas vinculadas al mar, caballeros, más aún que en ningunas otras, se cumple inexorable el gran ritual de la literatura, de la aventura y de la vida: el viaje peligroso mediante el que, quien se atreve a emprenderlo, progresa en el conocimiento de sí mismo y del mundo en el que vive.

REFERENCIAS 
literaturaymar_adl
Imagen basada en el texto original y generada con asistencia de Copilot (IA).