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01 mayo 2026

Yemen cuenta con 2,5 millones de niños menores de cinco años con malnutrición aguda, una afección potencialmente mortal

En Yemen, la guerra, los desplazamientos forzados, la inflación y el desplome de los ingresos están sumiendo a miles de familias en una dramática inseguridad alimentaria. Mientras los precios se disparan y las oportunidades de trabajo escasean, los hogares ya no pueden permitirse satisfacer sus necesidades básicas.

En un país con unos 40 millones de habitantes, más de 18 millones de personas se enfrentan a una inseguridad alimentaria aguda —lo que supone casi la mitad de la población total estimada—, de las cuales 5,8 millones se encuentran en situación de emergencia, y 40.000 personas podrían caer en una inseguridad alimentaria catastrófica. El país cuenta ahora con 2,5 millones de niños menores de cinco años que sufren malnutrición aguda, una afección médica grave y potencialmente mortal. La malnutrición aguda debilita gravemente el sistema inmunitario y frena el desarrollo físico. Casi la mitad de los niños menores de cinco años en Yemen presentan retraso en el crecimiento.

En este contexto de emergencia, los equipos de Acción contra el Hambre observan un aumento alarmante de la desnutrición infantil, agravado por el cierre de más de 3 000 centros de nutrición en el norte de Yemen y por el agotamiento inminente de las reservas de suministros esenciales.

En la provincia de Hodeida, y especialmente en el distrito de Al Khawkhah, donde Acción contra el Hambre presta apoyo a varios centros de salud, la situación ha alcanzado un punto crítico. Aquí, la creciente afluencia de familias procedentes de zonas vecinas que carecen de servicios acentúa la presión sobre las estructuras sanitarias locales.

En el distrito de Al Khawkhah, situado cerca de la línea del frente, la situación nutricional es alarmante. Miles de familias desplazadas viven allí en condiciones precarias, expuestas a la inseguridad alimentaria y a la falta de acceso a la atención sanitaria.

En el centro de salud de AlMarashidah, situado en el distrito de AlKhawkhah, los equipos de Acción contra el Hambre atienden tanto a niños como a adultos. Además de administrar las vacunas esenciales y tratar las enfermedades más comunes —malaria, diarrea, anemia o tuberculosis—, también se encargan de la detección, el tratamiento y el seguimiento de los casos de desnutrición en niños menores de cinco años, al tiempo que acompañan a las madres en los aspectos nutricionales y psicosociales.

Ali, padre de familia desplazado 
en el campamento de Al Saad

El campamento de Al Saad, atendido por los servicios del centro de salud de Al Marashidah, acoge por sí solo a más de 400 familias desplazadas.

Entre ellas se encuentra Ali Ahmed, de 40 años, que vive con su mujer y sus siete hijos, con edades comprendidas entre los 12 años y tan solo 9 meses. Al igual que miles de familias yemeníes, Ali y su familia tuvieron que huir de su pueblo, amenazado por los combates, los ataques y el peligro constante de las minas antipersona.

Desde hace ya cinco años, sobreviven en condiciones de gran precariedad. Ali consigue de vez en cuando un día de trabajo en un restaurante o en el campo, por el equivalente a 5 000 riales yemeníes (2,7 €), una cantidad insuficiente para mantener a su familia. Desde el inicio de la guerra, el coste de los productos básicos se ha disparado: los alimentos esenciales, en particular la harina, que ahora se vende a unos 50 000 riales el saco (27 €), se han vuelto casi inaccesibles. «Un saco de harina cuesta más de lo que gano en varios días. Antes de la guerra, podíamos comprar de todo; ahora, casi nada», cuenta Ali.

Esta subida vertiginosa de los precios sumerge a los hogares en una inseguridad alimentaria crónica, en la que escasean las verduras y los alimentos nutritivos. A esta precariedad se suma un acceso muy difícil al agua: el manantial más cercano se encuentra lejos del campamento y, a falta de medios de transporte, las familias, como la de Ali, deben recorrer largas distancias a pie para traer agua en cantidades insuficientes. En este contexto, los casos de desnutrición se disparan. Y los hijos de Ali no se libran de ello.

En el campamento de Al Saad, los voluntarios comunitarios formados por Acción contra el Hambre realizan visitas semanales para detectar casos de niños afectados, distribuir raciones nutricionales, hacer un seguimiento de los casos de riesgo e informar a las familias. Gracias a su visita, la familia de Ali fue derivada al centro de Al Marashidah. «Los voluntarios vinieron a vernos nada más llegar. No sabíamos nada del centro de Al Marashidah, así que nos lo explicaron», explica Ali. Durante esa visita, los voluntarios detectaron un caso de desnutrición en uno de sus hijos y lo derivaron al centro para recibir atención vital. «En el centro nos recibieron, le tomaron las medidas y dijeron que debía ser hospitalizado… Estaba realmente muy débil», cuenta Ali. Inmediatamente, su hijo fue ingresado y recibió tratamiento nutricional, así como medicamentos que le permitieron estabilizarse.

Hoy en día, los voluntarios siguen haciendo un seguimiento de su caso en el campamento. «Un equipo, con voluntarios, viene hasta donde estamos para examinar a mi hijo, evaluar su estado, darle suplementos nutricionales y asegurarse de que reciba sus vacunas. Su situación era crítica. Hoy en día, su estado mejora, se encuentra mejor, aunque aún no se ha recuperado del todo», testifica.

A día de hoy, dos de los hijos de la familia siguen siendo atendidos por los voluntarios de Acción contra el Hambre.

Los voluntarios: protagonistas de primera 
línea de la respuesta humanitaria

Los voluntarios comunitarios desempeñan así un papel decisivo en la lucha contra la malnutrición. Permiten llegar a las familias aisladas, corregir las malas prácticas y facilitar la detección precoz.

Cada mes, en el distrito de Al Khawkhah, los voluntarios comunitarios formados por Acción contra el Hambre llegan a entre 800 y 1.000 familias. Un alcance inmenso en una zona donde las distancias son largas y los desplazamientos difíciles. Ahmed Youssef supervisa para Acción contra el Hambre a los voluntarios comunitarios en el centro de salud de Moshig, prestando apoyo él solo a más de diez aldeas. Lo repite sin rodeos: «sin sensibilización, sería una catástrofe: las enfermedades se propagarían, los casos graves aumentarían y morirían niños».

Esta sensibilización se apoya, en particular, en voluntarias denominadas «lead mothers» o madres de referencia. Procedentes de la comunidad, estas mujeres voluntarias, formadas por Acción contra el Hambre, contribuyen a transformar prácticas alimentarias profundamente arraigadas. Estas prácticas, como dar agua azucarada a los recién nacidos, introducir demasiado pronto galletas o alimentos procesados, o interrumpir prematuramente la lactancia materna exclusiva, pueden provocar malnutrición.

Mona Hussein, madre de referencia de Acción contra el Hambre, acompaña así a cerca de un centenar de familias. Gracias a su labor, las familias comprenden mejor los riesgos: «Las madres ahora saben reconocer los signos de la desnutrición. Antes no eran conscientes de la gravedad. Hoy en día, vienen a pedir consejo», cuenta Mona.

Durante estas sesiones, las madres comprenden la importancia de la lactancia materna exclusiva durante seis meses, cuándo y cómo introducir el agua, qué alimentos dar durante la diversificación, cómo detectar los primeros signos de desnutrición y cuándo acudir al médico.

Estas sesiones de sensibilización transforman los hábitos de muchas madres, entre ellas Yasmeen, de 23 años. Antes de conocer a Mona, seguía las prácticas transmitidas por las generaciones anteriores, sin valorar sus riesgos. «Hacíamos lo que nos habían enseñado nuestras abuelas. No sabíamos que eso podía enfermar a los niños», confiesa Yasmeen. Hoy en día, sus hijos están mejor y los casos de desnutrición han disminuido notablemente en su pueblo.

Aunque la continuidad de las pruebas de detección y las sesiones de sensibilización en las comunidades es vital, la situación observada en el campamento de Al Saad sigue siendo alarmante, tal y como atestigua Nadia Ali Suleiman, de 25 años. Como voluntaria comunitaria en el campamento, ella sola atiende a más de 50 niños (entre ellos los de la familia de Ali) y observa que, incluso tras un tratamiento exitoso, muchos niños vuelven a caer en la desnutrición. «Tras la recuperación, las familias no tienen medios para comprar comida. Los niños recaen. Es un ciclo sin fin», explica.

A esta precariedad estructural se suman, para los actores humanitarios, importantes limitaciones operativas. Las interrupciones y los retrasos en el suministro de alimentos terapéuticos listos para el consumo, indispensables para el tratamiento de la desnutrición aguda, junto con la irregularidad de la ayuda financiera humanitaria, alimentan de forma duradera altos niveles de inseguridad alimentaria aguda. El agotamiento inminente de las existencias de suministros esenciales amenaza así con comprometer la continuidad de las intervenciones vitales. Esta realidad pone de manifiesto la fragilidad del sistema: sin una cobertura sostenible de las necesidades básicas, la desnutrición persistirá.

Descripción 2

Acción contra el Hambre, previo acuerdo y autorización, es una fuente directa de "El Ateneo de los Amigos de Larra". Desde el blog, damos a su información de utilidad pública la difusión que merece.