Foto: Ramón Alfil
Un sol débil y atenuado por un cielo nuboso empezaba a ceder su puesto a la noche. Sus últimos guiños dejaban una estela blanquecina en el agua de aquel puerto tranquilo. La tarde estaba coloreada de ocres, algo habitual en los atardeceres de invierno.
Sentado en un pequeño espigón habilitado para la pesca recreativa con caña descansaba un gato negro patiblanco. Su presencia inmóvil estaba en armonía con la calma y el silencio del lugar, tan solo roto por el graznido de alguna gaviota y un ligero golpeteo del agua contra las rocas.
El gato tenía colmada sus necesidades porque acababa de comerse los restos de sardinas y boquerones que unos minutos antes habían servido de cebo a un pescador. Con la panza llena y el instinto satisfecho no tenía más compromiso que disfrutar del calorcito que aún despedía la piedra después de bastantes horas de sol.
El mar, algo revuelto a lo lejos, hacía las paces consigo mismo arropado por las escolleras del puerto. En el muelle frontal estaba atracado un barco mercante. Para el gato, aquella mole de hierro no era un centro de trabajo en el que sus tripulantes van acelerados y marcados por el característico torbellino comercial, un trabajo muy duro y el estrés que conlleva un mundo excitado. Para el gato, aquel monstruo cargado de contenedores era una sombra más en el paisaje. Su mundo no se medía en objetivos mercantiles, ni en lucros dinerarios o en la creación de necesidades superfluas, normalmente compulsivas, sino en la temperatura de la piedra bajo su cuerpo y en el grado de saciedad de su estómago. Aquel animal no necesitaba nada más, comprendía a su manera lo que significaba la palabra "suficiente".

Ramón Alfil
Estoy en el punto y coma de la vida, estoy en lo mejor de lo peor.
Como soy un error del sistema, no tengo redes sociales.
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Algunas de mis debilidades: escribir, leer, el maestro Larra, Beethoven, el mar, la cartomagia, este blog y muchas más...
Sus artículos en El Seis Doble | Su estela en este ateneo
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REFERENCIAS
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Foto: Ramón Alfil. Una tarde de invierno en el puerto de Gandia (Valencia).
