En el recién caducado año 2025 se han quitado la coleta dos puristas: Joaquín Sabina y Morante de la Puebla, cada uno en su ámbito artístico. Y digo "se han quitado" y no "se han cortado" porque deseo volver a ver al torero en los ruedos y al poeta cantautor, al menos, grabando un nuevo disco.
Madrid, su habitat natural; el Atleti, su manera de sufrir; el desamor; la bohemia; la nostalgia o alguna pincelada taurina, entre otras, han sido materias presentes en sus canciones. De esta última, cabe destacar la que para el inconformista músico es su mejor canción, "De Purísima y Oro".
Joaquín Sabina destaca este tema sobre cientos que compuso o cantó porque su carga emotiva hizo llorar, sentimiento que rara vez expresaron en público, a dos grandes letristas y amigos: Javier Krahe y Joan Manuel Serrat.
"De Purísima y Oro" conlleva belleza, melancolía y la amargura de una sociedad que vivía una época de posguerra plagada de dificultades, hambre y restricciones. Entre sus fragmentos saca a relucir a una figura simbólica de los 40, Manolete, más que como torero, como icono de las secuelas de una guerra "incivil".