23 enero 2026

El duque del jazz

Mi mesa, diminuta y cercana al escenario, estaba cubierta con un mantel y sobre ella una lámpara que emitía una luz tenue amarillenta, un vaso de whisky y un cenicero sucio. Me pregunté si alguna vez habría sido ocupada por algún gánster de Chicago.
En el ambiente de aquel club, cargado de humo, se percibía un murmullo de expectación porque tan sólo faltaban unos minutos para que saliera al escenario "El duque del jazz".
Iba a tener a escasos metros a Duke Ellington, con ese porte impecable que originaba por sí solo una imponentee admiración. Nervioso, dibuje en el aire unos círculos con el humo de mi cigarro y tomé mi primer trago de whisky para atenuar con su aroma el olor a perfume barato que venia desde la mesa contigua.
Apareció Duke con un traje gris claro, puso sus manos sobre el piano y se tuvo la sensación de que el tiempo se detenía en una atmósfera emocional que impresionaba. Con un simple gesto coordinó a los músicos de la banda. Sonó "Mood Indigo" y mi corazón se ralentizó, me sentía viajando en una nube, sensación que solo los que aman el jazz pueden comprender.
Ramón Alfil